• El territorio de Talamanca nunca pudo ser conquistado

Conmemoran 308 años de la muerte de Pabru Presbere en el territorio indígena de Cabagra

Por Fabiola Pomareda García*. La sangre del Rey de las Lapas, del guerrero más temido de Talamanca, Pabru Presbere, es la sangre que no muere. Así rememoraron esta historia el pasado 3 de julio en Cabagra, en la Zona Sur del país.  

El 4 de julio de 1710 en Cartago se ejecutó la sentencia de muerte en contra de Pablo Presbere, conocido como “Rey Lapa”, uno de los líderes del levantamiento indígena en contra del maltrato y dominio de la Corona Española.

Este 2018, en la víspera del 4 de julio, hubo una gran reunión de habitantes de diversos territorios indígenas, para la inauguración del u-sure o casa cósmica, en el territorio de Iriria Bribri Sa Ka, mejor conocido como Cabagra. Unas 350 personas asistieron a la ceremonia de inauguración de este segundo U-sure, ya que el primero fue quemado por mano criminal el 23 de febrero de 2016.

Dentro del espacio del Consejo de Mayores Iriria Jtecho Wakpa, se aglomeraron mayores, mujeres, hombres, niñas, niños.

Ahí escucharon al awá o médico tradicional Justo Abelino Torres Layán.

“No es que estamos celebrando la muerte de nuestro gran líder; se trata de conmemorar. Es tenerlo vivo en nuestro corazón, es recordar a esa persona digna de admirar y de ser inmortalizado como el mismo tiempo”, dijo Torres.

Durante la ceremonia dentro del usure, que duró casi tres horas, Torres leyó este escrito al que tituló “Amarga colonización”.

“Cuántos 'ays' adoloridos no pondrían los prisioneros en la sangre de mi sangre, en las plumas de los vientos, para enviarles de ese modo su postrera despedida a la patria abandonada. Para clamar a la señora libertad en su suspiro y su agonía encadenados, hombres y mujeres, con los niños en sus pechos flagelados, cual si fuesen pecadores.

Comienza como un susurro del viento una falsa promesa. La brisa más ligera que baila y acaricia sus cabellos tan dócilmente, exiliados en su propia casa. ¡Oh amarga colonización!, cruel y sangrienta, que mataste y decapitaste a niños, la esperanza de nuestro futuro, a mujeres que son para nosotros las portadoras de vida, a ancianos, testigos fieles del milenario tiempo, grandes sabios que cantaban al son de la vida  en las noches de luna llena, grandes doctores indígenas, que por su naturaleza inspiraban la devoción única a su dios.

Basados en el dolor y las lágrimas, el destierro geográfico, entronizado en la casa del extraño, que mata a sangre fría por placer y su gloria terrenal.

Cómo olvidar los hijos predilectos, la preciosa sangre que tiñó los ríos y la tierra, para ver por sus derechos, para ver hoy a sus hijos libres. Gracias Juan Serraba, Francisco Kagri, Diego Hebeno Garabito, Juan Albazaera, Antonio Saldaña y todos los mártires perdidos en la página del tiempo. Pero la sangre del guerrero, el Rey de las Lapas, el guerrero más temido de Talamanca es la sangre que no muere, y que día a día surge del olvido fantasmal, tomando fuerza, invocando a los espíritus de los elementos, pero sobre todo los espíritus de la esencia guerrera para luchar, para seguir luchando por la vida y sus derechos, que fueron casi acallados por la amarga colonización”.

El levantamiento

Talamanca es uno de los pocos pueblos que no pudo ser conquistado por los europeos. Fueron incontables las sublevaciones contra el conquistador, por el espíritu guerrero y libertario de sus habitantes.

Un breve recuento. En 1620 y por su afán de conquista, los españoles ahorcaron en Cartago a los caciques Talamancas (Juan Serraba, Francisco Kagri, Diego Hebeno y Juan Ibquezara). En 1662, el “blu” o principal jefe político y militar, Kabsi, destruyó la recién fundada ciudad de San Bartolomé de Duqueiba, en las márgenes del río Telire. En 1689 la Corona volvió a intentar la conquista de los talamanqueños por medio de los Frailes Recoletos.

Para esa época el “blu” era Pablo Presbere, quien interceptó una carta de los religiosos, dirigida a Guatemala. Así se enteraron de la orden de que querían sacar a los indígenas hacia Boruca, Chirripó y Teotique. Este plan de política de desarraigo provocó la insurrección.

El 28 de setiembre de 1709 y bajo el liderazgo de Presbere, guerreros de Talamanca asaltaron y ajusticiaron a los frailes Pablo de Rebullida y Antonio de Andrade, a 10 soldados y a una mujer. Quemaron 14 templos católicos, y obligaron a huir a los religiosos y soldados.

El Gobernador de Cartago envió a un grupo de 80 soldados para que capturara a Presbere. La superioridad de las armas de fuego de los españoles permitió su captura, junto con algunos de sus jefes militares y 700 indígenas (hombres, mujeres y niños).

Durante el juicio, Presbere se negó a delatar a los otros líderes de la rebelión a pesar de la tortura.

El asesinato de Presbere

Ahora quiero compartirles un fragmento de la novela de la escritora Tatiana Lobo, “Asalto al paraíso”.

“El 4 de julio la plaza estaba atiborrada de gente. La ejecución se haría aprovechando el poste de los azotes de la plaza real y no extramuros de la ciudad, para abreviar el trabajo. De todas maneras , la parte de la sentencia que decía que el reo había de ser paseado por las calles antes del ajusticiamiento, se cumplió: lo hicieron dar una gran vuelta por las calles, montado al revés en una mula.

El pregonero Diego Malaventura, caminando delante del sentenciado, esperó a que el gentío moderara sus impulsos para lanzar su pregón:

-¡Justicia contra Pablo Presbere, cacique de Suinse, indio de la Talamanca, asesino de fray Pablo de Rebullida, fray Antonio de Zamora, diez soldados, una mujer y un niño, apóstata de la Fe Católica, traidor a ambas Majestades, público levantador de hombres, cabeza de insurrección!

Amarraron al indio a la estaca. No le pusieron una venda en los ojos. Pedro esperaba el momento en que las rodillas del hombre flaquearan, pero nada sucedió; estaba tranquilo. Angulo se acercó con un crucifijo para que el reo lo besara, pero éste abrió la boca y mordió la mano del cura, quien la retiró gritando latines que el gentío tomó como una provocación para lanzar afrentas al cuerpo del sentenciado. Indiferente Presbere soportó las injurias de la turba enardecida.

José Mier de Ceballos bajó la espada, y los tiros, como un solo disparo, dieron en el blanco. Mier Ceballos se enjugó el sudor y se acercó a ver el cuerpo acribillado, ahora doblado sobre las rodillas, con la cabeza inclinada. Un fuerte mulato de la carnicería, el verdugo, se acercó, desató el cadáver, y lo arrastró hasta colocarle la cabeza sobre un grueso leño; con un machete curvo la cortó con precisión y la ensartó en una pica que luego clavó en el centro de la plaza. El cuerpo sin su cabeza fue retirado, y no faltó quien había visto salir humo negro de su pecho en el momento mismo de la ejecución, dando por cosa indiscutible que aquello por fuerza tenía que haber sido satanás llevándose el alma del apóstata.

Ya se retiraba Pedro cuando vio a Juan de las Alas parado frente al atrio mirando con atención a las guacamayas del campanario.

-Pedro – dijo Juan de las Alas- ¿te has dado cuenta de que las lapas han volado hacia el oeste? Es porque acompañan al sol. El sol lleva el alma de Presbere prendida de sus rayos, hacia el mundo más abajo donde lo espera la inmortalidad”.

(* Voces Nuestras / pomaredafabiola@gmail.com)