El detonante fue la intención del gobierno de Jovenel Moïse, el último viernes 6, de aumentar entre 40 y 50% el precio de los combustibles. Sobre todo el carbón y el kerosene, que son más utilizados por la población pobre para cocinar y alumbrar sus casas. El gas y hasta la electricidad son menos accesibles, en medio de la conocida situación de miseria en la que se debate la mayor parte del pueblo haitiano. Hasta el momento, tres personas han muerto a raíz de la represión gubernamental.

Didier Dominique, de Batay Ouvriyé, destaca el papel de la clase obrera en el estallido de este proceso: “de hecho fue la clase obrera del textil (SOTA-BO) que, antes que todos, con la más reciente lucha para el salario mínimo, ha empezado la protesta. Ella se convirtió en revuelta y, con lo de la gasolina, en sublevación seria”.

Otro informe, esta vez del periodista Henry Boisrolin, nos dice:

“Hace días se vive un estado insurreccional en casi todas las regiones del país. Las rutas están cortadas, hay incendios, barricadas y enfrentamientos violentos en diferentes lugares. Esta situación es resultado de una acumulación de conflictos, descontentos y enfrentamientos de toda clase que están desarrollándose desde hace años, frente a las políticas antipopulares y de saqueo que lleva adelante el gobierno títere del actual presidente ilegítimo Jovenel Moïse […] El hartazgo y clamor popular expresado en las barricadas y en las calles exige la renuncia del presidente, reclama la caída del gobierno”[1].

El aumento de los combustibles es parte de un compromiso con el FMI, firmado en febrero, que pretende imponer un paquete de medidas neoliberales contra el ya azotado pueblo haitiano.

La fuerza del levantamiento es tan grande, que Moïse fue obligado a retroceder y anular el decreto del aumento de los combustibles en la noche del sábado. El presidente, además, llamó a la “calma y a regresar a sus casas”. Pero esta medida desesperada no aplacó, ni mucho menos, las protestas, que se orientan más y más contra el gobierno como un todo. Las organizaciones sindicales y sociales llamaron a una huelga general para los días 9 y 10 de julio en rechazo a la suba de precios.

Saqueos en Haití

La inestabilidad motivó una alerta en la embajada de Estados Unidos a sus nacionales en la isla para que eviten salir a la calle. Algunas aerolíneas suspendieron sus vuelos. Hay señales de pánico entre la clase dominante. La familia del expresidente haitiano Michelle Martelly huyó rumbo a República Dominicana. Otras familias ricas, así como miembros del gabinete del gobierno del presidente Moïse, también pretenden escapar hacia el otro lado de la isla.

El pueblo haitiano, una vez más, muestra toda su rebeldía y disposición de lucha. Muestra el camino a la clase obrera y los demás explotados de Latinoamérica y el mundo. Es así que se enfrentan los planes del imperialismo que ejecutan los gobiernos títeres: con rebelión, en las calles, infundiendo el terror en las clases poseedoras y entreguistas.

El proceso de levantamiento popular en Haití merece toda la solidaridad activa y la atención de los revolucionarios y de todos los activistas sociales. Es un enfrentamiento directo con el imperialismo en el país más pobre de América, protagonista de la primera y única revolución negra victoriosa de la historia.

Desde la LIT-CI, expresamos nuestra solidaridad incondicional con el pueblo haitiano. Condenamos enérgicamente la represión del gobierno y de las tropas “de paz” de la ONU, que de manera vergonzosa cuentan con muchos soldados provenientes de países latinoamericanos, enviados en su momento por los llamados “gobiernos progresistas” –Lula, Evo, Tabaré Vázquez, los dos Kirchner, Lugo, Dilma– y mantenidos por los actuales gobiernos “de derecha”, todos igualmente serviles del imperialismo.

La lucha del pueblo haitiano es la lucha de toda la clase trabajadora latinoamericana y mundial. ¡Fuera Moïse! ¡Fuera las tropas de la ONU, la MINUJUSTH! ¡Viva el levantamiento del pueblo haitiano!