El padre Miguel Picado Gatjens nos presenta al teólogo Juan Stam, un hombre de pensamiento libre. (Foto: archivo)
El padre Miguel Picado Gatjens nos presenta al teólogo Juan Stam, un hombre de pensamiento libre. (Foto: archivo)

No se le siente enmarcado en ideas preconcebidas. Observa, reflexiona, habla, escribe. Su amplio campo de observación abarca asuntos como los partidos evangélicos en nuestro país (siendo evangélico los mira con desconfianza); el Estado confesional (opina que no por eso Costa Rica es más cristiana sino tal vez menos cristiana  y no le interesa que los privilegios católicos se calquen para los evangélicos); la interpretación de algún pasaje bíblico (que lee en las lenguas originales); la historia de las iglesias (le duelen las divisiones doctrinales entre los cristianos, pero no aspira a la uniformidad sino a la unidad en la diversidad) y muchos temas más.

Stam se encuentra en las antípodas de un ecumenismo facilón y barato. Es un verdadero especialista en el Apocalipsis. No es de los pastores que exigen el diezmo a cambio de bienes materiales, bajo la amenaza solapada o explícita de maldiciones en esta vida y la siguiente.

Los anteriores son unos pocos elementos ilustrativos de su talante, de su manera de continuar siendo fiel a sí mismo. Por algo colocó la siguiente frase al comienzo de su sitio de Internet:

Oración keniana
"De la cobardía que no se atreve a enfrentar nuevas verdades,
De la pereza que se conforma con medias verdades,
De la arrogancia que cree que conoce toda la verdad,
Buen Señor, líbranos".

Porque lo distintivo Stam radica en su insaciable búsqueda de la verdad. Posee una personalidad tan rica que se hace difícil comprenderla. Muy doctor en teología por la Universidad de Basilea y discípulo de Karl Barth, uno de los principales teólogos del siglo XX, usaba una motocicleta para trasladarse por nuestro San José de calles con huecos y lluvias impredecibles. Atiende pastoralmente comunidades cristianas en Cuba, adonde viaja con frecuencia, y no faltaron cretinos que lo supusieron comunista.

Tal vez Stam sea un racionalista corregido por una fe profunda, pero nunca ingenua. Se esfuerza por estar al día con los últimos autores de la filosofía. Lo siento consciente de las perplejidades de la fe cristiana.

Profesor por muchos años de teología sistemática en el Seminario Bíblico Latinoamericano, ahora universidad, y en otros centros de estudios teológicos, en las lecciones que le escuché procedía con intención propositiva más que persuasiva; gustaba excitar el pensamiento antes que sembrar sus opiniones.

Nunca lo he sentido interesado en el crecimiento numérico de los evangélicos. Para mí que lo ve con desconfianza: mucha hojarasca y poco fruto para el Reino.

A los 90 años sigue escribiendo, con los ojos ya cansados. Tanto esfuerzo se comprende tal vez por lo que dice Pablo: “Pobre de mí si no anuncio el evangelio” (1 Cor. 9,16). Digo “tal vez” porque con más probabilidad lo hace por puro gusto. En la Iglesia Católica se tiene como norma enviar a evangelizar a otros países solo a los mejores creyentes. Si esa norma opera en la iglesia originaria de Juan Stam, fue un acierto completo.