El texto completo del discurso del Rector Henning Jensen, rector de la Universidad de Costa Rica a continuación:

“Tengan todas y todos un muy buen día. Con satisfacción y alegría concluye el 2015, y con él culmina el año de conmemoración del 75º aniversario de la Benemérita Universidad de Costa Rica.

Quienes hemos laborado por varios años en esta institución, hemos conmemorado otros aniversarios especiales, pero sin duda alcanzar las siete décadas y media es un hito para la Universidad y para quienes hemos tenido la oportunidad de celebrarlo.

Ha sido un año de intensa actividad institucional, en donde los que conformamos la comunidad universitaria nos hemos visto representados por una Universidad de grandes acciones y grandes logros.

Desde cada rincón de nuestros campus, en los distintos cantones del país, ha habido fervor por mostrar los avances en el área académica, en los proyectos de investigación y en los programas de acción social, como una manera de mostrar esas grandes acciones que han robustecido a nuestra institución.

Desde su fundación, la Universidad de Costa Rica ha sido un actor esencial en el desarrollo de la vida nacional, y 75 años de intensa vida académica y vínculo social de la Universidad de Costa Rica no pasan en vano: nuestras investigaciones, nuestras luchas y nuestras voces han incidido en decisiones políticas, económicas, sociales, culturales y artísticas.

La UCR ha sido y es una referencia para analizar la actualidad desde las perspectivas de la justicia social, la equidad, el desarrollo integral, las humanidades y las ciencias, así como los derechos humanos y la libertad. Y en la celebración de los 75 años de nuestra institución, reivindicamos esta posición privilegiada en nuestra sociedad, potenciando la devolución de este prestigio mediante nuestra mejor herramienta: el conocimiento.

Hace 75 años nacimos como una universidad autónoma, con una ambiciosa visión con respecto a lo que debía ser una institución de educación superior pública estatal. A pesar de los cambios necesarios para adaptarse a las aspiraciones nacionales, los principios y metas con las que fue fundada la Universidad de Costa Rica siguen vigentes el día de hoy. Seguimos convencidos de que el conocimiento es el motor de una nación, y que desde la academia podemos contribuir con la construcción de las bases que rigen el desarrollo de nuestro país.

A finales del siglo XIX, la Universidad de Santo Tomás, antecesora directa de nuestra institución, le dio una estructura jurídica, administrativa e ideológica a nuestro país. De ella heredamos nuestro escudo institucional, y precisamente la inscripción que nos orienta en busca de la luz1. Con el cierre de esta universidad, no se abandonó el proyecto educativo de la floreciente nación; Costa Rica era un país oligárquico y liberal, enfocado en la enseñanza primaria, pero la educación superior del país fue adoptada por escuelas profesionales y facultades que funcionaron bajo la dirección de los colegios profesionales respectivos, debido a la ausencia de una entidad superior que las agrupara.

Al asumir la presidencia el doctor Rafael Ángel Calderón Guardia, en 1940, ofreció la secretaría de educación pública al Lic. Luis Demetrio Tinoco Castro, quien puso una condición expresa para su nombramiento. Cito sus palabras, recuperadas de una grabación sonora: “que yo aceptaría el cargo con gran satisfacción y sintiéndome muy honrado, si estaba el Presidente de acuerdo con que se creara la Universidad de Costa Rica”.

Es así como el 26 de agosto de 1940, el presidente de la República firmó la ley orgánica de la Universidad de Costa Rica. Aquellos primeros años empezaron con un fuerte movimiento por posicionar el lugar que tanto había costado darle a una universidad. Poco después de haber sido fundada, en 1946, se celebró el I Congreso Universitario, donde líderes universitarios promovieron una importante discusión sobre el camino a seguir.

Académicos como Fernando Baudrit Solera, Carlos Monge Alfaro, Rodrigo Facio, Abelardo Bonilla y Enrique Macaya pensaron que el naciente centro de enseñanza no era una verdadera universidad, pues las escuelas seguían aisladas, funcionando como un archipiélago, y urgía articularlas.

La gran propuesta que resultó de estas discusiones fue la creación de una facultad que unificara la visión y la formación humanística de la universidad. Así, con una facultad de Humanidades, se pretendía consagrar el principio de anteponer la cultura a la especialización.

Muchos de los intelectuales que promovieron las reformas de esa coyuntura y participaron en la Asamblea Nacional Constituyente -que fue instaurada en diciembre de 1948 e inició funciones en enero de 1949-, eran parte de la Universidad de Costa Rica, entre ellos algunos de nuestros rectores: José Joaquín Jiménez Núñez, Fernando Baudrit Solera, Rodrigo Facio Brenes y Fabio Baudrit Moreno.

Esta nueva Constitución fortaleció en gran medida a nuestra universidad. Las tres garantías ahí consignadas –la autonomía universitaria, la libertad de cátedra y el financiamiento por parte del Estado-, son hoy la base de nuestro trabajo, y son las premisas con las que la Universidad ha seguido avante durante más de siete décadas.

Durante los años 50, los procesos de reforma universitaria heredaron una universidad cualitativa, humanista y crítica. En la década de los 60, el país aceleró su proceso de desarrollo; y por muchos años la universidad creció en alianza cercana con la acción pública del Estado, formando los cuadros profesionales necesarios para atender el crecimiento de nuevas instituciones públicas, como el ICE, la CCSS y la Banca Estatal; el desarrollo de las estructuras productivas locales, y la ejecución de políticas de bienestar social.

Los primeros centros de investigación vieron la luz en aquella década, siendo creados como medios de transferencia tecnológica para el beneficio de la sociedad.

Los años setenta trajeron el III Congreso Universitario, en el que se recalcó la idea matriz de la apertura de la Universidad a la sociedad, y como gran logro se impulsó –con más fuerza- la regionalización para expandir el quehacer universitario en cada rincón del país. La siguiente década trajo un mayor acercamiento entre la investigación universitaria y el sector productivo, como una respuesta a los problemas del desarrollo nacional.

Los años noventa brillaron por darnos conexión digital con el mundo; en 1990 fuimos parte de Bitnet, la primera red académica que se estableció a escala mundial, y en 1993, la Universidad de Costa Rica se convirtió en la primera institución de Centroamérica y el Caribe en integrarse a Internet. Esa misma década, las jornadas de investigación, la semana de la vinculación, y la ExpoUCR se convirtieron en actividades que, por excelencia, fortalecen la relación de la academia con la sociedad.

El nuevo siglo recibió a una universidad combatiente, comprometida con los asuntos fundamentales del acontecer nacional. Al convocar permanentemente al análisis, el debate, la reflexión y la participación colectiva, la Universidad de Costa Rica promueve la generación de propuestas y políticas orientadas a resolver nuestros retos en las dimensiones política, económica, sociocultural e institucional.

Con la participación de organizaciones públicas y privadas, entidades políticas, y personas de gran trayectoria académica, podemos decir que la UCR es uno de los principales referentes en el escenario nacional, en donde nuestra autonomía y trayectoria nos brindan el pilar de la excelencia de nuestros profesionales.

En los últimos diez años, la Universidad ha vigilado esta posición, procurando ir siempre en busca del bien común y las transformaciones necesarias para que nuestra sociedad alcance su pleno desarrollo, en defensa de sus derechos y de los sistemas que permiten cumplir con su función social.

El acceso a la educación superior, el cierre de las brechas tecnológicas y la libertad de expresión son nuestras luchas actuales, todas enmarcadas en la exploración constante de maneras novedosas, innovadoras, eficaces y éticas de hacer nuestro trabajo.

Las áreas del conocimiento representadas en nuestras escuelas y facultades, así como los centros e institutos de investigación, y los múltiples proyectos de extensión y de acción social con los que contamos, se orientan a buscar una Costa Rica más próspera, en donde la desigualdad que la caracteriza pueda, finalmente, ser suprimida, dando lugar a una nación verdaderamente democrática, con oportunidades para todos y todas, diversa y respetuosa de esa diversidad.

Hoy, la Universidad de Costa Rica se ubica dentro de las 30 mejores universidades de Latinoamérica, y nos enorgullece que su nombre y el de miembros de nuestra comunidad resalten en múltiples actividades académicas alrededor del mundo.

Así es como el Ser UCR se impregna en cada miembro de nuestra comunidad universitaria; ya sea en los estudiantes o los funcionarios, incluso en nuestros egresados y excolaboradores, todos llevamos la esencia de la Universidad que nos dio abrigo y nos hizo profesionales. Todos tenemos parte de esta ‘Universidad de la luz’, cuando cada día luchamos por estos valores, con una visión humanista, independientemente de nuestra formación o ámbito de acción.

Nos reconocemos con el girasol, con el sol a medio salir, con las tertulias en los campus, con los discursos y debates que pueden tener lugar en un aula, en un jardín o en un podio. Nos identificamos con la diversidad de personas que caminan por los pasillos de nuestra Universidad. Nos referimos con orgullo a los colores blanco y celeste de nuestra bandera, y nos compenetramos con las palabras de nuestra Marcha Universitaria, que nos recuerda que “solo encontramos progreso en el arte, la ciencia y el bien”.

La fuente Cupido y el Cisne.

Pero imponente es uno de los símbolos emblemáticos de nuestra institución, que alude a la memoria histórica de la Universidad de Costa Rica, pues ha estado con ella desde sus inicios. Su esbelta figura viajó a Costa Rica en el siglo XIX, desde el antiguo continente, con un niño sobre sus alas; ambos se posaron en el Parque Central de la época para culminar los trabajos de la primera cañería capitalina, pero encontraron su hogar definitivo en nuestra Universidad, donde aún hoy se les ve borbotando en el agua que surge de ellos.

Es la fuente Cupido y el Cisne, ubicada actualmente en la Sede Rodrigo Facio. Esta fuente fue traída al país en el siglo XIX, y formó parte del primer sistema de agua potable de San José, construido durante la segunda administración del doctor José María Castro Madriz (1866-1868), para contrarrestar la propagación del cólera como producto de la Guerra de 1856 contra los filibusteros. El ingeniero mexicano Ángel Miguel Velásquez fue comisionado por la Municipalidad de San José para viajar a Inglaterra y comprar una fuente ornamental para la Plaza Principal, el hoy Parque Central. Velásquez adquirió una de las seis fuentes Cupido y el Cisne que existen en el mundo, copia genuina de la célebre fuente de Coalbrookdale & Co., diseñada por el escultor John Bell.

En 1944 la fuente fue removida del Parque Central y colocada al frente del Paraninfo de la novel Universidad de Costa Rica, en el Barrio González Lahmman, donde permaneció hasta la construcción de los edificios de los Tribunales de Justicia. Posteriormente fue trasladada a la Ciudad Universitaria en San Pedro de Montes de Oca a inicios de los años setenta e instaurada en el patio interior de la Facultad de Agronomía, donde permaneció varios años bajo resguardo.

Previa restauración y arreglos para su funcionamiento, se trasladó a su lugar definitivo, frente a la Biblioteca Carlos Monge Alfaro, en febrero de 1992. Ante la importancia histórica de esta fuente, y la identificación de decenas de generaciones de estudiantes y funcionarios con este emblema, en el año 2013 restauramos la fuente Cupido y el Cisne, y otorgarle así su original resplandor. No en vano, la fuente había sido declarada patrimonio histórico y artístico nacional por su valor estético, histórico, científico, simbólico y de antigüedad, en 1987. Esta reciente restauración nos asegura que Cupido siga abrazando al Cisne; que continúe embelleciendo el campus, y que su agua circule, transparente y cristalina, como metáfora de la generación de conocimiento en la universidad.

La Medalla conmemorativa

Hoy hacemos uno de los máximos honores para la conmemoración de este hito y plasmamos la fuente Cupido y el Cisne en la medalla conmemorativa del 75º aniversario de la Universidad de Costa Rica. Presentamos a la sociedad un símbolo de la perdurabilidad de la misión que mueve a miles de estudiantes y funcionarios día a día; contribuir con las transformaciones que la sociedad necesita para el logro del bien común.

La medalla conmemorativa que hoy presentamos, y que entregamos a distinguidos miembros de la comunidad universitaria, resguarda el orgullo de Ser UCR, y el honor de formar parte de una institución que, durante 75 años, ha sido fundamental para el camino hacia el desarrollo integral de la sociedad costarricense. Abriga el atributo de la estatalidad, que es una conquista y una aspiración del pueblo costarricense, y que es fundamento de la movilidad social. Protege la autonomía, sobre la cual la universidad sienta las bases de la libertad de expresión y la libertad de cátedra, con la mira de mantenerse sobre el camino del valor del conocimiento y la formación.

Estoy seguro de que el doctor José María Castro Madriz se sentiría orgulloso de este momento y más aún si supiera que el diseño de este símbolo fue realizado por un miembro de nuestra comunidad, el doctor José María Castro Madriz, aquí presente.

Con ustedes la Medalla Conmemorativa del Septuagésimo quinto aniversario de la UCR.

Miércoles 9 de diciembre, 10:00 a.m. Auditorio Ciudad de la Investigación”.


  1. "Lucem Aspicio", lema de la UCR significa "mirar la luz" remite al espíritu universitario de buscar la verdad incansablemente).