Periodistas rodean un auto al llegar a la corte de Westminster en Londres, adonde fue trasladado Julian Assange, el 11 de abril de 2019

Delgado y demacrado, con larga barba blanca y el cabello recogido en una cola, el australiano, de 47 años, fue sacado a rastras por la mañana de la legación diplomática por seis agentes de paisano que lo introdujeron en un furgón policial.

La policía de Londres "fue invitada a la embajada por el embajador" ecuatoriano, Jaime Marchán, afirmó Scotland Yard.

La plataforma WikiLeaks, famosa desde que en 2010 difundió cientos de miles de documentos secretos del ejército y la diplomacia de Estados Unidos, llevaba días advirtiendo de que su fundador iba a ser expulsado, ante los aparentes desmentidos del gobierno de Quito.

Pero el jueves, todo se precipitó.

Tras su detención, el Departamento de Justicia estadounidense anunció que pidió su extradición para juzgarlo por "conspiración para cometer intrusión informática" por haber ayudado a la exanalista de inteligencia Chelsea Manning a obtener una contraseña con que acceder a miles de documentos de defensa confidenciales, y luego divulgarlos.

Pese a que Assange y sus defensores temen que pueda ser condenado a la pena de muerte en Estados Unidos por traición o divulgación de secretos, Washington aseguró que solo enfrenta hasta cinco años de cárcel.

Esta noticia llegaba a Londres al mismo tiempo que Assange, vestido con camisa y chaqueta oscura, comparecía ante un tribunal con actitud provocadora.

Hizo un gesto a la prensa con el pulgar hacia arriba y se puso a leer el libro "La historia del Estado de Seguridad Nacional" del estadounidense Gore Vidal, antes del inicio de una audiencia en la cual fue declarado culpable de uno de los cargos: haber violado su libertad condicional británica en 2012.

El australiano rechazó ser entregado a la justicia estadounidense y permanecerá detenido en Londres hasta una próxima vista, prevista el 2 de mayo.

Su equipo legal "impugnará y luchará" contra la extradición a Estados Unidos, dijo después a los periodistas su abogada británica, Jennifer Robison, expresando preocupación por su frágil estado de salud. Mientras el redactor jefe de WikiLeaks, Kristinn Hrafnsson, aseguraba que Assange solo es culpable de "conspiración para cometer periodismo".

- Huésped incómodo para Ecuador-

Las autoridades británicas lo requerían desde hace años por violación de su libertad condicional cuando el 19 de junio 2012 entró en la legación ecuatoriana para escapar a una extradición a Suecia por acusaciones de presuntos delitos sexuales que acabaron siendo archivadas.

Pero en cuanto llegó a la comisaría, el peor temor de Assange se hizo realidad: allí fue detenido una segunda vez "en nombre de las autoridades estadounidenses", que habían mantenido silenciados hasta ahora los cargos contra él.

Ya en 2012, el experto informático afirmó que las acusaciones presentadas en Suecia no eran más que un plan de Estados Unidos para lograr extraditarlo y juzgarlo por la publicación de los documentos, que pusieron a Washington en un fuerte compromiso.

El entonces presidente de Ecuador, Rafael Correa (2007-2017) aceptó este argumento y tras dos meses de encierro en la embajada le otorgó el asilo diplomático en agosto de 2012.

"Ojalá me equivoque, pero es casi seguro que lo extraditan a Estados Unidos" donde "no tiene la más mínima posibilidad de tener un juicio justo", dijo Correa el jueves a la AFP en Bélgica, donde vive desde 2017.

El actual presidente ecuatoriano Lenín Moreno, exaliado de Correa que se giró contra él, ha revisado prácticamente todas las políticas de su antecesor, incluida la de abierta crítica a Washington.

"Ecuador decidió soberanamente retirar el asilo diplomático a Julian Assange por violar reiteradamente convenciones internacionales y protocolo de convivencia", afirmó el jueves Moreno, asegurando haber solicitado "a Gran Bretaña la garantía de que el señor Assange no sería entregado en extradición a ningún país en el que pueda sufrir torturas o pena de muerte".

"El gobierno británico lo ha confirmado por escrito, en cumplimiento de sus propias normas", dijo, al tiempo que lo despojaba de la nacionalidad ecuatoriana que le concedió en 2018.

Sus relaciones con Assange, al que acusa de injerirse en los asuntos internos de Ecuador y de otros países desde la legación, eran cada vez más tensas, desde que en octubre la embajada le había impuesto un protocolo de conducta que limitaba su acceso a internet e imponía un estricto control a sus visitas.

Es un atentado a sus "derechos fundamentales" y una censura a "su libertad de opinión, expresión y asociación", decían sus abogados, denunciando incluso espionaje de sus contactos personales con miles de fotografías y vídeos.

Total irrespeto, respondía Ecuador. Según dos cartas difundidas por WikiLeaks a la prensa, el embajador había advertido a Assange de su comportamiento el 4 y el 20 de febrero por impedir el funcionamiento de las cámaras de seguridad con un potente foco de luz y una radio a todo volumen.

Pero lo que podría haberle costado el asilo es la sospecha de Quito de que WikiLeaks pirateó las comunicaciones de Moreno y las de su familia para filtrar fotos, videos y conversaciones privadas, que dieron munición a sus opositores entre acusaciones de corrupción que Moreno niega.