• Nuevos hechos rememoran la historia de esta adolescente

Las incógnitas del asesinato de Viviana Gallardo, una página opaca de la historia de Costa Rica

Por Leire Ventas. Viviana tenía apenas 18 años cuando el cabo José Manuel Bolaños la mató en la celda de la Primera Comisaría de San José en la que estaba detenida. "Lo hecho, hecho está". Dicho eso, el cabo José Manuel Bolaños Quesada, de 23 años, le dio la ametralladora M-76 a un compañero y se entregó.  

Acababa de matar a Viviana Gallardo, de apenas 18, en su celda de la Primera Comisaría de la capital costarricense, San José, donde permanecía recluida acusada de "terrorismo".

Había aprovechado que sustituía al centinela para acercarse a la policía encargada de servir el café y el pan del desayuno a las detenidas, y preguntarle si aquella joven era realmente Gallardo. Ante la confirmación, apartó a la agente, asomó su arma por las rejas y la acribilló.

Allí quedó la joven, yaciendo en el frío suelo, ante la horrorizada mirada de sus compañeras de calabozo, Alejandra Bonilla y Magali Salazar.

Eran las 5:20 de la mañana del 1 de julio de 1981 y se acababa de escribir la que se convertiría en una de las páginas más oscuras de la historia política de Costa Rica, un país que en aquel momento ya resaltaba por pacífico en un vecindario en guerra.

En esas opacas circunstancias terminó sus días una mujer a la que, quienes la conocieron, recuerdan por su "superlativa" inteligencia y su sed de justicia social.

Según su madre, Vilma Camacho, esas características se le manifestaron a muy temprana edad. "Cuando empezó en la escuela la tuvimos que llevar al psicólogo, porque no se adaptaba. Y fue él quien me dijo que, aunque la niña tenía 5 años, su edad mental era de 9", le cuenta a BBC Mundo.

"Tenía unas salidas increíbles", rememora. "Una vez, de regreso del colegio, me preguntó: '¿Dios es un mono? Es que la maestra dice que descendemos de los monos y el padre (cura) nos explica que fuimos hechos a semejanza del Señor. Entonces, Dios tuvo que ser un mono", cuenta divertida.

Vilma Camacho, madre de Viviana Gallardo, dice que tiene "un baúl entero" de textos que su hija escribió cuando apenas tenía 7 años y en los que se explayaba sobre la explotación laboral. "Me sorprendían mucho los análisis sociales que hacía, muy elevados para su edad".

"Tenía una hipersensibilidad para la justicia social y, además de esa conciencia, tenía un gran conocimiento político", le relata a BBC Mundo Jacques Sagot, quien fue compañero suyo en el Liceo Franco Costarricense y durante año y medio de universidad.

"Estaba preocupada por el conflicto árabe-israelí, por la revolución cubana, por la dictadura chilena, por la inequidad social, por las grandes encíclicas papales. Era una gran lectora y una argumentadora brillante".

Sus amigos recuerdan a Viviana Gallardo como una persona muy inteligente y muy preocupada por la justicia social. Julia Ardón, quien cursó Humanidades con Gallardo en la Universidad de Costa Rica, también destaca su capacidad para defender argumentos.

"Entre los movimientos de izquierda de la época existía un espacio para discutir desde el respeto y Viviana siempre se mostraba enojada con el grupo al que yo pertenecía", hace memoria.

"Nos llamaba cobardes y decía que era tiempo para emprender acciones, justificándolo con un análisis de la situación geopolítica", ilustra. "Así que nos preguntábamos: ¿En qué andará esta mujer?".

Misterio y ficción

Aun así, ninguno de ellos pudo prever su destino fatal. Su asesinato, enmarcado en una cadena de acontecimientos violentos que se venían desarrollando desde inicios de 1981 y que acapararon los titulares de los medios, impactó profundamente a la sociedad de la época.

Y 30 años después sigue asomándose esporádicamente en artículos de prensa y manifestaciones culturales de diverso tipo.

Los más recientes han sido "Sinonimia", una exposición curada por el artista costarricense Emanuel Rodríguez, y la novela "La casa de Moravia", del escritor salvadoreño Miguel Huezo Mixco.

Pero lo ocurrido en la celda de la Primera Comisaría así como lo que condujo a aquella situación, siguen rodeados de incógnitas.

Los expertos consultados por BBC Mundo coinciden en que se construyó todo un discurso en torno al caso.

Un Datsun amarillo. Todo comenzó el 12 de junio de 1981 con un Datsun 102 amarillo aparcado en las afueras de San José, cerca de la Clínica Católica de Guadalupe.

En el interior se encontraban cuatro jóvenes, entre ellos Gallardo y su pareja Carlos Gerardo Enríquez Solano, miembros todos ellos del grupo al que las autoridades y la prensa bautizarían después como La Familia.

Estaban preparados para llevar a cabo la cuarta acción de la organización: el asalto a una licorería.

Hasta entonces, habían volado un furgón con miembros del Cuerpo de Marines al servicio de la embajada de Estados Unidos, dejando varios heridos, y colocado un artefacto explosivo en el consulado de Honduras en San José, provocando daños materiales.

Ambas, la Operación Águila y la Operación Vieja, se ejecutaron el 17 de marzo de 1981. Y el 20 de abril había sido frustrada otra acción, la Operación Mole, y resultó detenido el comando que pretendía destruir el busto del trigésimo quinto presidente de EE.UU., John F. Kennedy, ubicado en el Parque San Pedro de la capital.

Esa era la vía que había elegido la organización para tratar de instaurar una revolución socialista en el país: la armada.

"Contagio"

"La aparición de este grupo en Costa Rica no puede entenderse sin observar lo que ocurría en ese tiempo en Centroamérica", le dice Eduardo Rey Tristán, profesor de Historia de América de la Universidad de Santiago de Compostela (España), a BBC Mundo.

El experto, autor de "Guerrilla o terrorismo. El debate en torno a la caracterización de algunas organizaciones revolucionarias a partir del caso de La Familia", se refiere a la convulsión política y social en la que estaba inmersa la región.

“La realidad de Costa Rica era diferente, pero aquel contexto (de la región) hizo que se activaran en nuestro país ciertas inquietudes e ideas revolucionarias", dijo Sergio Ardón, fundador del Movimiento Revolucionario del Pueblo.

En Nicaragua había triunfado la revolución sandinista en 1979, Guatemala estaba sumida en la guerra civil, que se intensificó cuando a inicios de 1980 el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) llevó a cabo una serie de atentados contra el gobierno.

Y El Salvador tenía su propio conflicto armado, y desde el 10 de octubre de 1980 las organizaciones político-militares de izquierda luchaban englobadas en el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Quienes formaron el grupo al que pertenecía Gallardo se entrenaron los las FPL en El Salvador.

"La realidad de Costa Rica era diferente, pero aquel contexto hizo que se activaran en nuestro país ciertas inquietudes e ideas revolucionarias y de transformación profunda. De aquello nacieron varias organizaciones y una de ellas fue el Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP)", le dice a BBC Mundo quien fuera su máximo dirigente, Sergio Erick Ardón Ramírez.

Fue justamente en el MRP donde conoció a algunos de los que después conformarían el grupo bautizado como La Familia.

"Ellos rompieron con nosotros pensando que no estábamos cumpliendo con nuestro papel en todo su rigor y que había que dar otro paso", recuerda Ardón.

"Así que viajaron a El Salvador y se vincularon a las Fuerzas Populares de Liberación "Farabundo Martí" (FPL, una de las organizaciones guerrilleras)", relata.

Regresaron y en octubre de 1978 fundaron la nueva organización marxista-leninista, cuya estrategia sería la "guerra popular prolongada" y sus objetivos fundamentales, según los estatutos, la "destrucción del estado burgués" y la "expulsión del imperialismo" de Costa Rica, la instauración de la dictadura del proletariado y la construcción del socialismo y el comunismo.

Además, desde el principio se definió como un ente político-militar, en contraste a otros movimientos de izquierda del país.

"Su objetivo era crear situaciones que desembocaran en la represión de las autoridades y eso obligara a otras organizaciones a radicalizarse. Ese era el esquema", explica Ardón.

Pero no funcionó.

"En Costa Rica fue el único grupo que optó por la acción armada. Y eso fue difícil de entender en una sociedad no acostumbrada a la violencia y atemorizada de que pudiera pasar allí lo que estaba ocurriendo en la región", pone en contexto Rey Tristán.

El golpe mortal

Los expertos consultados por BBC Mundo concuerdan en que esa era la percepción —"alentada por las autoridades y difundida desde los medios"— cuando aquel 12 de junio de 1981 la policía frustró la cuarta y última acción armada de "La Familia".

Como había ocurrido con el anterior operativo, unos policías que patrullaban la zona consideraron sospechoso aquel Datsun amarillo aparcado con cuatro jóvenes dentro.

Existen versiones contradictorias de lo que siguió. Sea como sea, la cuestión acabó con cinco muertos: los policías Luis Anchía Álvarez, Rafael Godímez Mora y Luis Martínez Hall, el taxista Miguel Aguilar Porras y el militante Carlos Enríquez Solano, pareja de Gallardo, quien resultó detenida. Dos de sus compañeros huyeron.

A los tres meses de la operación frustrada, el grupo conocido como La Familia estaba desarticulado.

Los agentes del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) pronto detuvieron a otros cuatro jóvenes a los que acusaron de haber disparado a los policías fallecidos aquella noche.

Y para finales de junio de 1981 habían identificado 15 células del grupo, con cuatro o cinco miembros cada una. Tres meses más tarde estaría desarticulado y varios de los militantes encarcelados.

"Lo que hicimos fue tocarle los huevos al águila. Tomamos acciones que generaron una gran persecución, que al final no pudimos contener. En ese tiempo hubiera dicho que fue una falta de visión política. Ahora puedo decir que estas acciones fueron una torpeza".

Así lo reconocería Miguel Regueyra, uno de los fundadores del grupo, en una entrevista ofrecida al periodista David Bolaños en 2011.

Regueyra fue condenado a 18 años de prisión por su participación en "La Familia", tras ser hallado culpable de asociación ilícita, allanamiento de propiedad, robo agravado, falsificación de documento y resistencia agravada.

"Ahí me van a matar"

Gallardo fue detenida y mantenida bajo arresto con los mismos argumentos, además de señalada de "terrorismo".

"La tuvieron 15 días en la sede del OIJ y la pude visitar a diario gracias a la ayuda del director del Instituto Latinoamericano de las Naciones Unidas para la Prevención del Delito y el Tratamiento del Delincuente (Ilanud), Elías Carranza", recuerda su madre, Vilma Camacho.

Vilma Camacho (derecha) cuenta cómo su hija Viviana Gallardo (izquierda) le dijo: "Mamá, aquí me van a matar".

"Un día me advirtieron que en adelante tendría que visitarla en la Primera Comisaría. Fue cuando ella me dijo: 'Mami, ahí me van a matar'. Y luego cambió de tema: 'No me hagas caso, son ideas mías'", recuerda.

"Pero a las 5:30 de la mañana siguiente la asesinaron". Y el porqué quedó en el aire para siempre.

¿Venganza o complot?

"Se me nubló la vista, se me metió el diablo". Esa fue la primera razón aducida por el cabo Bolaños para haber acribillado en su celda a Gallardo.

La dio durante los interrogatorios posteriores al crimen, en los que aseguró haber actuado "ofuscado y cegado", por sus dos compañeros que murieron en el tiroteo con los miembros de "La Familia".

"Únicamente pensé en matarla cuando la vi", zanjó. Y así se lo repitió también a la prensa. El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) también insistió en la venganza como móvil.

Aunque la policía que había acompañado al baño a la joven aquella fatídica madrugada recordó cómo otros agentes la habían insultado y tras el crimen felicitaron al cabo, dejando la puerta abierta a una posible conspiración.

Después, la propia esposa del cabo, Juana Maritza Arce, interrumpió al juez que estaba a punto de dictar sentencia contra Bolaños para gritar que quería "decir la verdad sobre todo lo ocurrido en la Primera Comisaría".

Los guardias la sacaron inmediatamente de la sala, pero los periodistas que la esperaban fuera relataron en sus crónicas que la mujer les habló de amenazas sufridas por su marido y de cómo se lamentaba de que no hubiera dicho la verdad por estar "defendiendo a esos perros".

Así lo recoge el director del Centro de Investigaciones Históricas de América Central de la Universidad de Costa Rica, David Díaz Arias, en su artículo académico "El crimen de Viviana Gallardo".

El cabo Bolaños primero dijo que había matado a Gallardo por venganza, pero pronto cambió su versión, asegurando que fue amenazado para que lo hiciera.

Sin embargo, el Tribunal Superior Primero Penal condenó a Bolaños como autor único del crimen a 24 años de prisión, que después se redujeron a 18.

Luego se le permitió visitar a sus hijos los fines de semana y el 30 de septiembre de 1987 obtuvo el beneficio de la libertad condicional.

Para entonces su versión ya era otra. La había empezado a cambiar a los pocos meses de ser condenado.

De hecho, el diario costarricense La Prensa Libre publicó una carta con fecha del 21 de enero de 1982, firmada por él y dirigida a Gloria Navas, de la Oficina de Defensores Públicos.

En ella, Bolaños contaba cómo la madrugada del 1 de julio había sido amenazado por dos superiores, quienes le advirtieron que si no acababa con Gallardo matarían a sus familiares.

Y esa versión la sostuvo en varias conversaciones con periodistas, en las que amplió el relato diciendo que la policía que sirvió el desayuno era también parte del plan, que debían simular que Gallardo se estaba dando a la fuga y que él actuaba para impedirlo.

En una entrevista ofrecida en 1985 al periodista y escritor Carlos Cortés para el medio La República, llegó a describirse a sí mismo como "preso político".

"Crimen de Estado"

"A Viviana la sirvieron en bandeja. Estaba todo orquestado", le dice a BBC Mundo su madre, Vilma Camacho. Ella misma le pidió al presidente y a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el órgano judicial de la Organización de Estados Americanos (OEA), que esclareciera lo ocurrido.

Pero en septiembre de 1983 la Corte decidió cerrar el caso, después de que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, ente al que había encargado la investigación, determinara que el gobierno de Costa Rica había actuado "de conformidad con las disposiciones legales vigentes, sancionando con todo el rigor de la ley al responsable de los actos".

Y nadie nunca trató de reabrirlo.

Sin embargo, la resolución no acalló las voces de aquellos que siguen señalando a las más altas autoridades de la época como responsables.

"El asesinato de Viviana fue una zarzuela, un montaje, algo concertado que involucró a altas instancias de la autoridad", le dice a BBC Mundo el pianista y escritor costarricense Jacques Sagot, quien fuera amigo de infancia y juventud de Gallardo. "Fue un asesinato de Estado", sentencia.

Eso mismo denunciaba una placa que fue colocada anónimamente el 7 de junio pasado en el Parque John F. Kennedy, en San Pedro, un distrito del cantón Montes de Oca, y retirada de inmediato por los empleados municipales.

"Parque Viviana Gallardo. Asesinada impunemente por el Estado de Costa Rica el 1 de julio de 1981, desarmada, de espaldas, en una celda de la Primera Comisaría de San José", se leía en el monolito, con el que se pretendía rebautizar el lugar.

"Lo del crimen de Estado carece de todo fundamento", lo rechazó Elizabet Odio Benito, quien fuera ministra de Justicia en aquella época.

"Nadie, absolutamente nadie, en el gobierno de entonces participó en ninguna forma en planear ni ejecutar el crimen contra Viviana, salvo el policía autor del crimen", dijo en el programa Desayunos, de Radio Universidad, el 13 de junio de 2017, cuando la entrevistaron sobre la placa.

"Trauma" y "tabú"

También hay quienes dan al suceso otra dimensión.

Para el fundador del Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP), Sergio Erick Ardón, el fin de la joven en aquella celda fue "tanto una represalia como una advertencia, algo que no se acostumbraba en Costa Rica" y que tenía como objetivo que no se replicara en el país la actividad insurgente de las naciones vecinas.

"Viviana fue, en realidad, nuestra víctima centroamericana", dice su hija Julia Ardón, quien fue compañera de universidad y amiga de Gallardo.

"Fue un acto tan bárbaro, tan vergonzoso, que para justificarlo fue necesaria aquella construcción mitológica de que era un monstruo, alguien muy peligroso", asegura.

Desde entonces, ha habido varios intentos de romper con esa imagen. Con esa intención, el 29 de julio de 2011 Sagot publicó en La Nación una columna titulada "Viviana fue mi amiga".

"La suya es la historia de una niña que cometió una imprudencia y que cayó en una trampa", le insiste ahora a BBC Mundo.

"Pero esa descripción contrasta dramáticamente con la que hicieron de ella sus compañeras de militancia, quienes la definían como una mujer aguerrida", advierte Díaz Arias, el director del Centro de Investigaciones Históricas de América Central de la Universidad de Costa Rica.

Por ello, insiste en que existe hoy una "guerra de la memoria" sobre el suceso. "La muerte de Gallardo provoca disputas sobre cómo debe recordarse. Es una guerra de la memoria", dice Díaz Arias.

Y sobre esa lucha por establecer el relato oficial de la historia reflexiona también el escritor salvadoreño Miguel Huezo Mixco, quien dedica una buena parte de su novela "La casa de Moravia" al asesinato de Gallardo.

"Mi intención con el libro era precisamente señalar un tema que me tiene inquieto: que la memoria es usada con frecuencia con fines aviesos, para ahondar en las diferencias y aumentar la sed de venganza", le dice a BBC Mundo.

Algo que, dice, bien se puede aplicar al caso de la activista costarricense.

Para Rey Tristán, su recuerdo es un "trauma" para Costa Rica. Y Ardón prefiere hablar de un "tabú" nacional.  "Uno de los muchos sobre los que descansa la historia de Costa Rica".