Cuando el papa Francisco y el patriarca de la Iglesia rusa ortodoxa Kirill se vieron cara a cara, Cuba se anotó una victoria diplomática sin par: haber conseguido ser la sede del primer encuentro en mil años de los líderes de ambas religiones cristianas y de una posible reconciliación simbólica entre Oriente y Occidente.

La sede de la cita será el propio aeropuerto José Martí de esta capital, donde se preparó especialmente un salón de protocolo para la reunión.

No se espera que el pontífice Francisco salga de la terminal aérea, ahora fuertemente custodiada por la policía y en la que se dispuso el traslado de los vuelos hacia otros aeropuertos.

El Papa, quien ya visitó Cuba hace solo cinco meses, en septiembre pasado y tuvo un papel de facilitador en el deshielo entre la isla y Washington en diciembre de 2014, estará solo unas horas en la capital caribeña antes de seguir hacia México.

Kirill, arribó a la isla en la víspera, para una visita oficial a la isla que también lo llevará hacia varios países de Sudamérica. Durante el arribo del Patriarca Kirill el jueves, y fuera de todo uso, el propio presidente Raúl Castro fue a recibirlo.