“El despertar de las hormigas” de la directora Antonella Sudasassi ganó como mejor largometraje costarricense (Foto: Centro de Cine)

Hay trabajos cinematográficos que proponen un cambio en la forma de narrar y por ende, una nueva forma de leer la maravillosa cadena de imágenes que es el cine.

En muchos de esos casos, las reacciones del colectivo espectador, responden a una suerte de experimento que pone a prueba nuestra capacidad para dejarnos llevar por las cuerdas narrativas y visuales.

Hace algún tiempo, la actriz y directora de teatro, Roxana Ávila (teatro Abya Yala) decía que la estructura del teatro ha sido definida, tradicionalmente, por dos fuerzas antagónicas que se enfrentan y ese conflicto genera la esencia de pieza... pero ¿qué tal si ese enfrentamiento -a menudo violento- no es el móvil de la historia? ¿Puede la observación y la reflexión enfrentarnos a nuestros propios contextos y generar así, un cambio como individuos y cómo sociedades?

El despertar de las hormigas de Antonella Sudasassi, nos muestras una historia que tiene como centro a una mujer-esposa y madre- cuya vida, en un ambiente rural, se vuelve su mayor amenaza, su mayor castigo.

Condicionada a complacer a su esposo y a la familia de este, Isabel (Isa) soporta, con dificultad, la cotidianidad entre la casa, el cuido de su familia y el trabajo de costura que la ayuda a ganar un poco de independencia económica, de manera clandestina.

Isa encarna los constructos patriarcales como la limpieza, la cocina y el cuido del resto de personas; la protagonista carga con una rutina agobiante de constante trabajo; una carga mental que nuestras sociedades machistas les imponen a las mujeres para que, siempre, estén atentas a otras necesidades. Aunado a esta circunstancia de formato esclavista, el peso mayor que cae sobre esta joven mujer es la exigencia de un nuevo periodo de maternidad.

Isa, mujer de cuerpo firme y larga cabellera negra, es presionada por Alcides -su esposo- y la familia de este, para tener un hijo más. En este contexto, la película, plantea un tema que trasciende la ficción: los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

Algunas escenas nos recuerdan casos de mujeres que son sistemáticamente violadas por sus esposos; casos de parejas donde el placer sexual femenino es anulado por las necesidades de los hombres; casos de mujeres para quien la planificación de natalidad es una actitud clandestina, un secreto, un error.

El despertar de las hormigas nos presenta una perspectiva sobre lo que significa ser mujer en sociedades patriarcales, nos recuerda que hay machismo en todo lado y nos propone una reflexión honesta sobre los vacíos que tenemos en la valoración, plena y sana, de la figura de la mujer cómo ser humano.