Alianza Restauración+Liberación recetaría devaluación del 15%

Gerardo Corrales, uno de los liberacionistas incluidos por Fabricio Alvarado en lo que sería su equipo económico si ganara las elecciones, anunció una devaluación del colón de un 15% para garantizar, según dijo, mayor competitividad a las exportaciones nacionales y al turismo. El dólar se cotizaría aproximadamente a 655 colones.

Sus afirmaciones aparecieron en un video que el diario La Nación publicó en su versión digital el pasado 8 de marzo, por un aparente desliz, pues pocas horas después fue retirado del sitio con la mayor discreción. Sin embargo, el video ya circula en las redes sociales a las que no se les escapa nada.

Corrales, quien sería el presidente del Banco Central en caso de que Fabricio Alvarado ganara la segunda ronda de las elecciones, reconoció que unas 500.000 familias costarricenses que tienen deudas en dólares se verían perjudicadas por la medida, que no aplicaría de una sola vez sino en forma gradual, para que el golpe -suponemos- no se sienta tan feo.

No mencionó el economista el efecto que una devaluación de esas dimensiones tendría sobre los precios de los productos importados, incluidos los combustibles cuyo valor impacta también -y con fuerza- los precios del transporte y de los artículos producidos internamente. Tampoco se refirió al hecho de que esa escalada de precios afectaría ya no solo a quienes tienen deudas en dólares, sino a toda la población.

Pero la noticia sorprende, además, porque el argumento en favor de la devaluación no es convincente. En los últimos cuatro años el tipo de cambio se ha mantenido estable y tanto las exportaciones como el turismo han crecido en forma consistente y en porcentajes nada despreciables.

Según cifras del Ministerio de Comercio Exterior, el valor de las exportaciones de Costa Rica fue de 8.599 millones de dólares en 2013. Un año después subieron a 9.167 y en el 2016 llegaron a 9.932,7 millones. Hablamos de un crecimiento de 1.333,7 millones en un periodo de tres años, equivalentes a un 18%.

Se podría argumentar que el crecimiento pudo haber sido mayor. Probablemente, siempre puede ser mayor, pero para que ello ocurriera se habría requerido de muchos más ingredientes que una devaluación abrupta, la cual en última instancia habría significado un deterioro mayor del poder adquisitivo de los sectores de ingresos bajos y medios de la población.

En cuanto al turismo, los números son aún más elocuentes. En 2013 ingresaron al país 2.427.941 turistas y en los años siguientes la cifra fue creciendo de forma constante hasta llegar a 2.959.869 en 2017, de acuerdo con el Instituto Costarricense de Turismo (ICT). Es decir, un incremento de 531.928 visitas, equivalente a 22%.

De los anteriores datos, no se desprende que el comercio exterior del país se encuentre en una crisis como resultado de haber mantenido un tipo de cambio estable.De hecho, más parece una excusa para aplicar una política cambiaria que solo beneficiaría al sector financiero del país al cual (¡vaya coincidencia!) pertenece el señor Corrales y al que se encuentra muy ligado el resto del equipo de economistas del PLN al que Fabricio Alvarado entregaría el manejo de la economía.

Los costarricenses, que tendemos a olvidar con cierta facilidad, deberíamos recordar que en los últimos días del gobierno de Laura Chinchilla, entre febrero y mayo de 2014 (pasada la primera ronda de elecciones en que se hizo evidente la derrota del candidato oficialista), los economistas del PLN corrieron a hacer lo mismo, antes de que cambiara el gobierno. En esos días se produjo una devaluación aceleradísima que llevó el tipo de cambio de 520 colones por dólar a 561 (ver base de datos del BCCR).

No creo que lo hayan hecho por patriotismo. Unos pocos, que no fuimos ni usted ni yo, se echaron mucho dinero a sus ya atiborrados bolsillos a costa de los demás.

Una devaluación del 15% probablemente tendría un impacto mayor que la transformación del impuesto sobre las ventas en un IVA del 15%, sobre todo para las familias endeudadas en dólares. Lo más grave es que la decisión de devaluar y, consecuentemente, provocar una espiral inflacionaria, que esel peor de los impuestos, no requiere -como en el caso de los tributos- de una aprobación legislativa, basta con que la junta directiva del Banco Central, que encabezaría el señor Corrales (si ganara Fabricio Alvarado, insisto) tomara la decisión.

¡Una in-fusión bastante amarga de neoliberalismo con neopentecostalismo!