• Artículo de Opinión

En respuesta a Celso Gamboa

Por Marco Vinicio Redondo (diputado) *. Como se ha hecho público, yo fui uno de los 43 diputad@s que votamos por Celso Gamboa en febrero de 2016, lo que no nos hace corruptos, máxime que en ese momento el exdirector de la DIS, exministro de seguridad y en ese momento fiscal adjunto, gozaba del beneplácito popular al punto que tan solo un año antes, la UCCAEP lo reconoció como el “funcionario público más destacado” del año 2014. 

Marco Vinicio Redondo, diputado del Partido Acción Ciudadana (PAC).

La escogencia la hicieron considerando la opinión de 500 empresarios de los diferentes sectores. En un artículo de El Mundo.cr del 25 de febrero del 2015 en alusión a este reconocimiento se dijo: “En esta ocasión, se trató de una persona con amplio conocimiento de la función pública, a la que este país deberá agradecerle siempre su particular empeño en la tarea asignada; porque su trayectoria, su labor incansable, y su valentía han puesto en alto el nombre de nuestro país”, agregó (Víctor) Ruiz.

Si hoy quienes votamos por Celso somos mal calificados por lo que luego hiciera, entonces ¿también deberíamos de hacer lo mismo con los miembros de UCCAEP y tantos otros que valoraban su actuación?

Cabe la pregunta: ¿Cuál fue la valoración para votar por Celso Gamboa?, pues he de decir que la imagen que tenía de él gracias al contacto que habíamos tenido por su posición como Ministro de Seguridad y el que yo perteneciera a la Comisión de Seguridad y Narcotráfico, era de una persona joven, con energía, excelente manejo de las relaciones personales, conocimiento de la materia penal por su trabajo en la fiscalía, la DIS y el Ministerio de Seguridad, persona ejecutiva a la hora de atender asuntos que requerían de acción inmediata, que había tenido roce internacional en materia penal, que lo pude constatar por medio de la Comisión de Ministros de Justicia de Iberoamérica (COMJIB) cuando estuvimos trabajando una propuesta de nuevo Código Penal.  Todo eso parecía dar un buen augurio para inyectar al Poder Judicial sangre nueva cargada de energía positiva.

Con el pasar del tiempo y con tristeza, he de reconocer que llegué a la conclusión que nos habíamos equivocado. Todas la cualidades antes apuntadas, ligadas con una carrera de ascenso acelerado, se convirtieron en un binomio que desató, muy posiblemente, una sed de poder que se volvió incontrolable. Esas buenas relaciones y el conocimiento del sistema, se transformaron en una maquinaria de influencias para lograr más y más poder, hasta llegar a todo lo que hoy conocemos. Con sus reacciones queda claro que fue muy hábil en crear empatía con quienes en el futuro pudiesen ser piezas clave en sus desenfrenadas aspiraciones, garantizándose mantener comunicación afable que le permitiera comprometer y no me extraña que hasta extorsionar cuando fuese necesario.

¿Cometimos el error? Sí. ¿Nos quedamos impasibles? No.

El martes anterior quedó demostrado que no estuvimos dispuestos a seguir siendo parte de la construcción de la telaraña que Celso estaba tejiendo desde el Poder Judicial. Tomamos la decisión histórica de votar para que se le destituyera y dejara de seguir utilizando su posición para aumentar las redes de influencia que ponen en riesgo nuestro sistema democrático.

Lo peor que pudimos haber hecho, hubiese sido no enfrentar el error y por temor a la iracunda reacción de Celso, haber agachado las orejas o haber enterrado la cabeza como símbolo de nuestra cobardía y la incapacidad de aceptar el equivoco. No me importa lo que diga o haga Celso, lo que me importa es lo que yo puedo hacer y en este caso, lo relevante es que contribuí para que su destitución fuera un hecho en beneficio de la limpieza con que se debe de actuar en el Poder Judicial y el Poder Legislativo.

Personas como Celso, que existen muchos en política, saben que las personas públicamente expuestas son temerosas a lo que pueda llegar a la opinión pública, puesto que las descontextualizaciones son muy fáciles de lograr y se convierten en irreversibles, perjudicando la imagen de las víctimas de estas estrategias. Esta perversión hace que logren controlar la voluntad de quienes llegaron a ser objetivos para la red de control con la que fuerzan influencias. Juegan con ese silencio y sumisión llegando a crear una nueva forma de esclavitud. Si por alguna razón alguien se les sale del saco, usan la información de las personas para tratar de manipular la opinión pública y presentarlo como un escarmiento que le permita aumentar el temor al resto de las personas enclaustradas en su red.

Un ejemplo del modo de operar con el amedrentamiento, fue su respuesta luego de mi participación en el plenario y que culminó con su destitución. Sin importarle que pone en evidencia que es él quien trata de comprometer a quienes le conocemos, lo publica con el único fin de sacar de contexto la comunicación y afectarme. Nunca dijo que su solicitud la hace cuando yo era jefe de fracción y me pide que converse con ella, eso es lo que significaba el hacer el lobby que el alega, sin embargo, nunca dice que la fracción no lo atendió y que nunca me reuní con él para atender el asunto, ni que fuera yo quien me comunicara para informarle del proceso.

Cuando tomé la decisión de denunciar la inmoral solicitud que me hiciera en víspera de la votación de su destitución, lo hice consiente de que toda acción tiene su reacción y no podía creer que no fuera capaz de buscar la manera de afectarme por todos los medios. Así como pudo hacer valoraciones con otros comprañer@s. Si guardaba silencio, no solo me mortificaría por siempre, sino que sería culpable de institucionalizar una práctica que debemos erradicar de nuestra sociedad.

Don Celso, no importa cuanto quiera ensuciar mi imagen, que si alcanzara su objetivo, no afectará mi visión sobre mi obligación personal y ciudadana. Con solo haber logrado que no pueda continuar destruyendo nuestro sistema democrático y a la institucionalidad, me sentiré satisfecho y convencido que con eso he dado mi aporte a la patria.

Ah, muy necesario, ojalá que con todo esto, se acabe la pasarela que se da en la Asamblea Legislativa de candidatos y candidatas a las magistraturas que, dicho sea de paso, nunca quise atender.