Las demandas de transparencia y las promesas de ir al fondo de los hechos sin importar las consecuencias, se hicieron humo de paja tras ventilarse que no sólo Víctor Hugo Morales (antes del PAC) tenía nexos con el empresario importador de cemento Juan Carlos Bolaños, sino también -y en apariencia mucho más estrechos- otros diputados y dirigentes de los partidos de oposición.

La maniobra fue además escandalosa porque la diputada Maureen Clarke, del PLN, destapó que ella estaba dispuesta a votar a favor de la moción para que sus colegas declararan, pero que había tenido que renunciar al grupo parlamentario bajo presión de sus compañeros de bancada, que le exigían votar negativamente.

Su lugar lo ocupó la liberacionista Aracelli Segura que puso el cuarto voto para lograr que, en condición de empate, la moción fuera rechazada.

Clarke explicó que, uno a uno, sus compañeros de bancada le reprocharon su falta de solidaridad y le dijeron que votar a favor del interrogatorio sería una traición al diputado Rolando González (PLN), de quien se afirma que tuvo tres reuniones con Juan Carlos Bolaños, dos de ellas para tratar sobre las reformas al reglamento que obstaculizaba la importación de cemento.

Pero no solo los diputados del PLN votaron en contra (Aracelli Segura y Julio Rojas), sino también los representantes del PUSC, William Alvarado, y José Alberto Alfaro del Movimiento Libertario.

A favor de la indagatoria estuvieron los diputados Ottón Solís y Nidia Jiménez (PAC), Patricia Mora del Frente Amplio y Ronny Monge del PLN, cuyo voto afirmativo no modificaba en nada el resultado.

Ante estos hechos, la gran pregunta es cuál era el verdadero objetivo de la investigación, porque es evidente que la búsqueda de la verdad, la develación de los hechos, estaba lejos del interés de estos diputados al iniciar las pesquisas.

Al presidente Luis Guillermo Solís, los diputados lo zarandearon durante más de tres horas, tratando de encontrar una sola conducta antiética de su parte en el caso del cemento chino. Lo único que lograron “demostrar” fue que el presidente es amigo personal de muchos años de Víctor Hugo Zapata, Melvin Jiménez y Mariano Figueres, algo que sabíamos desde siempre, pero ningún hecho que pusiera en duda su integridad.

Maureen Clarke, por cierto, fue de las diputadas más inquisitorias durante el interrogatorio al presidente Solís.  Con gesto adusto de paladín de la justicia, más que preguntas le dirigió imputaciones y suspicacias, pero a la hora llegada no fue capaz de enfrentar la presión de su partido y prefirió retirarse de la comisión que votar de conformidad con su conciencia.

Así están las cosas. Los partidos políticos de oposición nos prometieron una monumental levantada de chingos, en beneficio de la transparencia y la sana administración de la banca estatal, y nos recetaron un circo político-electoral. Muy pronto veremos cómo se levantan las carpas, los malabaristas se dispersan y los payasos se despojan de la peluca azul y la sonrisa, hasta nuevo aviso.