En los primeros siete meses de este año se realizaron 10.986 pruebas de alcohol, es decir, un promedio de 51 pruebas por día, que permitieron sacar de circulación a más de mil 150 conductores ebrios de las calles, lo que es probable que evitara más accidentes por esta causa.

A los 1.156 conductores con conducta penal que se registraron en siete meses, hay que sumar 186 sanciones administrativas por alcohol, con un monto de ¢306.448.70 y acumularon 6 puntos en su licencia.

El saldo lamentable señala que, en los siete meses transcurridos del año, murieron 17 personas en accidentes donde se presume que la embriaguez del conductor fue la que generó las fatalidades afirmó el Mario Calderón, director de la Policía de Tránsito.

Calderón se mostró dolido por esta cifra, aunque señaló como positivo que por cada persona que murió por posible ebriedad del conductor, la Policía de Tránsito sacó de las calles a 79 conductores incapacitados para manejar por los efectos del alcohol, cifra que sale al sumar los remitidos al Ministerio Público y los que recibieron sanción económica.

El director del tránsito señaló como posible causa del aumento de conductores ebrios, sorprendidos por encima de los límites de alcohol en sangre permitidos por Ley, otro hecho lamentable, como es que los adultos que salieron de vacaciones con sus hijos escolares y colegiales, se pasaron de tragos aprovechando los días libres.

Otra causa del número de casos de conductores ebrios, la atribuyó Calderón al hecho de que en julio se dieron muchas actividades futbolísticas como la Copa América y la Copa de Oro que pudieron estimular la visita a bares para ver los encuentros.

Unos 300 oficiales de tránsito participaron en todo el país en los operativos en rutas y controles en playas y zonas de recreo para sacar de circulación a conductores ebrios en julio.

Calderón envió un mensaje a los conductores, a los amigos y familiares de éstos respecto a la responsabilidad que deben tener al conducir.

“Los primeros que deben cuestionarse si pueden manejar son los propios conductores, pero también sus esposas o esposos, sus hijos, sus padres y sus amigos que los acompañan deben asumir esa responsabilidad afectiva y no subirse al vehículo con un conductor o conductora ebria y procurar que esa persona igualmente no conduzca. Podría ser la última vez que lo hagan”, señaló Calderón.