• Causan graves daños ambientales

Narcotraficantes se apoderan de últimas reservas de bosque en Centroamérica

  • Las mafias del narcotráfico se han venido apoderando de las áreas silvestres protegidas desde Panamá hasta México, causando daños ambientales y arrinconando a las poblaciones aborígenes, revelaron investigadores que participan en un foro regional que se inaugura este martes en San José.
Los bosques de Centroamérica ofrecen un corredor ideal para los narcotraficantes.

"En los últimos cinco años las bandas del crimen organizado han abierto nuevas rutas para el tráfico de drogas, en un corredor a lo largo del Parque Nacional de Darién, en Panamá, hasta la porosa frontera que separa a México de Texas", según un estudio elaborado por expertos del Programa Salvadoreño de Investigación sobre Desarrollo y Medio Ambiente (Prisma).

Este estudio y otros aportes sobre el tema serán conocidos a partir de este martes en el IV Congreso Iberoamericano de Areas Protegidas, en que participan académicos, funcionarios estatales, organismos no gubernamentales y representantes de pueblos indígenas y afrodescendientes.

Con esta apreciación coincide Kendra McSweeny, autora de un trabajo publicado por la revista Science.

“Las remotas y grandes extensiones de bosque en Centroamérica corren el riesgo de convertirse en un ‘salvaje oeste’ donde los narcotraficantes se abren camino y destruyen el medio ambiente que las comunidades indígenas han protegido y que les brindan sus medios de subsistencia", señala McSweeny.

Los narcos arrasan los bosques para construir sus pistas de aterrizaje, sembrar marihuana o desarrollar proyectos ganaderos y agrícolas que les dan cobertura y les permiten lavar el dinero proveniente de la droga, según esta investigadora.

Esto ocurre en las reservas de bosque más importantes de Centroamérica y México, muchas de las cuales se encuentran bajo regímenes de protección estatal.

Comunidades reaccionan

Sin embargo, los narcotraficantes están encontrando resistencia por parte de algunas comunidades indígenas que luchan por conservar la integridad de sus territorios.

En varios países, las comunidades han desarrollado sistemas de monitoreo y control que les permite detectar la presencia de extraños y reportarlo a las autoridades, revela el estudio de Prisma.

"Los narcotraficantes han entrado en la escena en un momento en que las comunidades indígenas ya tienen una experiencia en la defensa de sus bosques ante la amenaza de destrucción que representan obras a gran escala, como las represas hidroelécricas, la minería o la industria maderera”, señaló McSweeney.

En estos casos, se ha demostrado que se registran menores índices de deforestación.

Sin embargo, para que las comunidades se comprometan en este esfuerzo, es necesario que sus derechos sobre las tierras tengan un alto grado de reconocimiento, señalan los investigadores.

De lo contrario, no habrá el sentido de pertenencia, ni la integración social suficiente para motivar la organización para la defensa del territorio, concluye el estudio.