Del 8 al 12 de agosto realizaron varios conversatorios en la Universidad de Costa Rica, en San José. También expusieron pinturas que realizaron de sus comunidades y una manta de 12 metros de largo, en la que contaron con imágenes parte de su recorrido en estos 10 años.

Uno de los conversatorios fue sobre feminismos y vida cotidiana en la red. Ese día las mujeres explicaron que lo principal en la lucha es el cambio de mentalidad. ¿Por qué? Porque vienen de lugares de machismo, donde durante años se ha hecho lo que los hombres quieren. Muchas de ellas han tenido un cambio que significa que ya no se dejan ultrajar y se defienden de las agresiones.

Han ido aprendiendo a expresarse dando razones y con conocimiento sobre sus derechos como mujeres. Su autoestima ha crecido. Han vencido los temores. Han resistido.

Doña Cecilia Nuñez González, integrante de la Red, nació en Río Blanco de Jicaral, en la provincia de Puntarenas; pero ahora vive en Pococí.

En su parcela tiene sembrado mango, naranja, yuca, ñame, maíz y plátano. También tiene vacas, gallinas y pollos. Ella contó que la toma de control incluye desde decidir lo que quieren vestir las mujeres, hasta lo que quieren sembrar en sus parcelas y cómo lo quieren sembrar. En su parcela no usan agroquímicos desde hace 18 años. Chapean con cuchillo o motoguadaña.

“Nosotras ya podemos decidir lo que queremos sembrar; por ejemplo, que no queremos usar químicos porque sabemos que los químicos van dañando la tierra. Los mismos sobros de la tierra nos sirven para hacer los abonos. Esa es una forma de pensar de nosotras las mujeres del campo. Ya una vez que llegué a la Red me convencí de la realidad de que no debíamos matar la tierra de esa manera. La tierra es nuestra madre; la que nos da el sustento cada día”, dijo.

Doña Cecilia se separó de su pareja y tuvo que hacer frente al manejo de su parcela. En ese primer momento la ayudó uno de sus hijos; pero ahora ella está al frente sola. Dice que en parte fue valiente para asumir esa tarea porque su papá la ponía de pequeña a chapear y limpiar el campo.

“Sí, la verdad que de pronto me tocó esa decisión de separarme de mi esposo; entonces ya en la separación de bienes me correspondió la parcela. Entonces yo dije: 'No, ¿por qué me va a dar miedo hacerle frente? Las mujeres podemos' y la tomé con mucha valentía y con el empuje de los talleres y encuentros que hemos tenido con la Red me he capacitado de muchas formas”, afirmó.

“También es como una herencia de mi padre porque desde niñas nosotras éramos, digamos, las peones de mi papá. Nosotras venimos de una familia muy machista. Mi papá decía que la mujer era para que estuviera en la casa o en el campo y sólo los hombres podían ir a estudiar. Entonces a nosotras nos llevaba al campo a trabajar. Así que yo dije: '¿Por qué le voy a tener miedo a trabajar?' No me dio miedo”, agregó.

La activista e investigadora feminista Ana Carcedo también participó en el conversatorio. Parte de su reflexión fue que la Red de Mujeres Rurales propone una visión de feminismo más colectiva y menos individualista.

Para Carcedo, sólo desde una lógica de una red que se define como feminista pueden estar sentadas en la mesa una mujer migrante, una mujer indìgena gnobe, una mujer campesina y una mujer de la ciudad y poder dialogar sobre cómo construyen su propio concepto de feminismo.

Cuando se les preguntó a las mujeres integrantes de la Red cómo se ven de aquí a diez años, ellas dijeron: “Mucho mejor de lo que estamos”. Y doña Cecilia agregó que dentro de 10 años se imagina más hermosa, más sana y más liberada con estas luchas.

La agroecología es una lucha política

En la Red, el tema de la agroecología es visto desde lo político, por proponer la toma de decisiones sobre la producción agrícola y el manejo de los recursos naturales. Otro de los conversatorios fue sobre agroecología en la red y en ese, conocimos a doña Grisel Vargas.

Ella nació en Upala; pero de pequeña la llevaron a vivir a Ometepe, Nicaragua. Hace 30 años volvió a Upala, con su hija y ahora vive en el asentamiento Las Américas, desde donde se ve el Lago de Nicaragua. Ella practica la agroecología y es una de las mujeres que organiza una feria de productos agrícolas orgánicos en el Parque de Upala. Recuerda esa primera época en Upala y sus imágenes de la zona evocan la gran riqueza de flora y fauna de hace 50 años.

“Yo, te digo, vine de Nicaragua, digamos a los 27 años. Pero yo nací en Upala; pero de seis, siete años mis padres me llevaron a Nicaragua. Entonces en el tiempo en que yo me fui, eso era montaña. Habían montañas grandes con todo tipo de pájaros y animales. Siempre me acuerdo de mi mamá, que ella decía que agarraban unas pajaritas que les llamaban chorchas. Eso ya no existe y mi mamá decía que mantenían esas chorchas en la casa y ella les daba de comer y todo. Iban y volvían. Eso no se ve ahora ya”, contó.

Doña Grisel es una de muchas mujeres costarricenses y latinoamericanas que conservan los recursos naturales luchando por la soberanía alimentaria y la incorporación de la agroecología en sus vidas.

Para ella agroecología es la agricultura basada en métodos naturales y ancestrales. Implica por un lado renovar la tierra y quitar todo lo que ha venido dañándola y por otro lado, producir y consumir lo que nuestro cuerpo necesta para estar sano.

En diciembre del año pasado el Instituto de Desarrollo Rural (INDER) le dio una parcela de cuatro hectáreas de extensión, por la que doña Grisel luchó durante años. Su parcela queda a un kilómetro de Upala y la mujer viaja en bus a trabajarla, hasta que se pueda construir una casita allá. Antes de recbir la parcela, ella ya había sembrado arbolitos en maceteras y en bolsas y los tenía adelantados. Apenas le dieron la parcela empezó a transplantarlos.

“Los arbolitos están pequeños. Pero lo primero que sembré fue guava, guanábana, limón, naranja, marañón, mango, manzana de agua, tamarindo, aguacate, uva silvestre, granadilla, maracuyá, castaña, coco. Tengo camote, maiz, frijoles, jamaica, gandul, tengo plátano, guineo, papaya; lo tengo en un almácigo que ahorita voy a transplantar eso. Tengo el área de plantas medicinales, que tambián las estoy empezando a cultivar, como la hierbabuena, el tilo, romero, salvia, citronela, zacate de limón, cúrcuma, cuculmeca, ayote, canela y otros”, enumeró.

Como parte de la Red, doña Grisel ha asistido a talleres en los que ha aprendido a medir el pH de la tierra y a fabricar abonos orgánicos entre muchas otras cosas. Las mujeres indígenas son un ejemplo para doña Grisel, sobre todo por sus prácticas ancestrales en la agricultura, algunas de las cuales mencionó.

“A renovar la tierra porque antes no le echaban nada a la tierra, sembraban y chapeaban. La misma hojita va formando una capita en la tierra. En vez de recogerla y quemarla, si es posible le regás agua con melaza y los microorganismos hacen que eso se desbarate más rápido. Entonces la tierra se va renovando. Otra es con todos los desechos que uno recoge, como pelar verdura, plátano, todos los desechos irlos echando en una parte que tengás adecuado para eso, vas echándole y le echás melaza, siempre va la melaza ahí y lo estás revolviendo y tenés una tierra negrita; que eso te levanta la planta”.

Doña Grisel y varias otras mujeres que integran la red conciben la agroecología como esta mezcla de saberes técnicos; pero también saberes populares y ancestrales. Están haciendo agroecología de formas creativas.

Para Henry Picado, de la Red de Coordinación en Biodiversidad, históricamente el Estado, la academia, y algunas ONGs ven a la agroecología como el patito feo. Sin embargo, ahora estas mismas instancias la han puesto de moda con el fin de seguir acaparando las estrategias de sobrevivencia de campesinos y campesinas.

Según Picado, el capitalismo ha engullido parte de la agroecología para tratar de vender paquetes tecnológicos que supuestamente harán exitosos a las y los productores agrícolas. No obstante, Picado enfatizó en que el concepto de agroecología sin organización comunitaria no es verdadero. Y ese es uno de los pilares de la Red de Mujeres Rurales.

Por su parte, Silvia Astorga, de la Red de Mujeres Rurales, señaló que el tema de la agroecología es también político, de toma de decisiones sobre el manejo de los recursos porque las mujeres deciden lo que comen y lo que siembran. Además, al sembrar y producir plantas medicinales también están decidiendo sobre su salud.

(*pomaredafabiola@gmail.com) (Enlace a orignal: http://bit.ly/2b7dxBw)