La economía argentina retrocede un 4,2% interanual en el segundo trimestre

Buenos Aires. El Gobierno de Mauricio Macri no ha logrado romper el ritmo de cortos ciclos económicos en el que se instaló en los últimos años del kirchnerismo, con crecimiento en los años impares y retroceso en los pares. Después de un 2016 en números rojos, el PIB argentino creció un 2,9% en 2017 y empezó 2018 aún mejor: con un avance del 3,9%. Pero la tendencia se invirtió a partir de abril y se mantiene en descenso. 

El presidente argentino Mauricio Macri sostuvo que a pesar de la crisis económica, el país va por buen rumbo.

El instituto oficial de estadísticas (Indec) informó hoy de una caída de la actividad económica del 4,2% en el segundo semestre. La peor sequía en 50 años y el inicio de la brusca devaluación del peso influyeron en el declive económico entre abril y junio. Pero la tormenta no ha remitido: el Gobierno estima que la economía retrocederá un 2,4% en todo 2018.

En el segundo trimestre, el sector más perjudicado fue Agricultura, ganadería, caza y silvicultura, con un severo retroceso del 31,6% interanual, seguido de la pesca (-13,7%) y Transporte, almacenamiento y comunicaciones (-3,8%). En el lado contrario, los principales avances se registraron en los rubros de intermediación financiera (+8,7%), construcción (+5,5%) y explotación de minas y canteras (+4,5%).

La sequía de la última cosecha de soja y maíz provocó pérdidas superiores a los 5.000 millones de dólares en el siempre determinante campo argentino, la principal fuente de divisas del país sudamericano.

A ese golpe económico se le sumó un factor externo que dejó al desnudo la vulnerabilidad de la economía local: la subida de tasas de interés en Estados Unidos, que restaron atractivo a las economías emergentes. Todas las monedas se resintieron —aunque ninguna tanto como la argentina— y el Gobierno tuvo que recurrir a un rescate de 50.000 millones de dólares del Fondo Monetario Internacional condicionado a una significativa reducción del déficit fiscal.

Sin embargo, el agravamiento de la crisis ha obligado al Gobierno de Macri a negociar en Washington una aceleración en el ritmo de desembolso de los fondos a cambio de equilibrar el fiscal primario del año que viene.

A la caída del 2,4% prevista por el Gobierno para el ejercicio en curso se suma una proyección también negativa para 2019 (-0,5%). En el proyecto presupuestario para el año que viene, las autoridades argentinas atribuyen el nuevo retroceso a la agudización de la disputa comercial entre Estados Unidos y China, a la "crisis de confianza" sufrida por Turquía, que contagió a otros países emergentes —entre ellos, a la propia Argentina—, a la "incertidumbre política de Brasil y a la causa judicial de los cuadernos de la corrupción, [que] agravó el problema de financiamiento para los proyectos de infraestructura".

En su última intervención pública, en la inauguración de una obra en Salta (norte), Macri volvió a defender este miércoles la gestión de la crisis por parte de su Gobierno y aseguró que Argentina está "en el camino correcto", aunque toma nota de las dificultades que atraviesa el país debido a "cosas heredadas, cosas internas y también lo que pasa en el mundo". El presidente de la segunda economía sudamericana tiene por delante el desafío de negociar con la oposición el presupuesto de 2019, que prevé una gran reducción del gasto público en año electoral, para calmar a los mercados y reducir la incertidumbre actual.

En lo que va de 2018 la moneda nacional, el peso, se ha devaluado más de un 50%; el banco central ha fijado una tasa de interés récord al 60%; el mercado estima una inflación cercana al 40% y está previsto que la deuda pública ascienda al 87% del PIB a cierre del año, frente al menos de 52% que preveía el FMI hace menos de un año.