Por la paz…es que voto

Por Mario Céspedes. Como saben decidí dar mi voto a Carlos Alvarado. Desde mi visión-país, sus propuestas son las que más se acercan a esto. Existe en la ciudadanía una gran desconfianza, apatía e incertidumbre. Las razones, son tema de otra discusión. La cosa es que hay mucha gente indecisa. Poniéndome en el lugar de esas personas, pensé que, ante la parafernalia carnavalesca, ¿cuál podría ser la principal razón que me lleve a votar, pero sobre todo, hacerlo por Carlos. 

A los ojos de la gente indecisa hay una gran cantidad de temas a partir de los cuáles tienen que tomar partido: fertilización in vitro, matrimonio igualitario, impuestos, educación para la sexualidad, empleo público, reforma educativa, evasión, eficiencia del Estado, que si apoyar o no la Alianza del Pacífico, por citar algunos. No es poca cosa. Tener claridad sobre cada uno de ellos excede en mucho la decisión puntual de esta elección. En cualquier gobierno que se elija estos temas estarán sobre la mesa, el asunto es ¿cómo entrarles?

En ese marco, ¿qué es lo que queda? El “tin marin”…? Para no dejar la decisión al azar, creo que hay un “tema” que significa mucho para la sociedad costarricense. Y es la paz social. Yo escogería aquél candidato que tenga las cualidades, la experiencia, la disposición y el equipo humano que garantice la paz para nuestras familias y comunidades. Las opciones como la de Desanti o Piza, reeditarían escenarios de confrontación que hoy consideramos ya superados. Solo recordar el Combo del ICE o las marchas contra la corrupción en los gobiernos del PUSC. En las dos administraciones de Arias y Chinchilla fue evidente el aumento de la conflictividad social. Solo como ejemplo en el último año en la administración Chinchilla se produjeron o cerca de 800 conflictos sociales. La zozobra vivida en esos años habría que imaginársela “a la 2” tratando de impulsar la agenda que antes citaba. Cuando pienso en Juan Diego o Fabricio siendo Gobierno, no me da esperanza. Si con Desanti y Piza ya nos lo imaginamos, con esos, la perspectiva de la paz social, en el mejor de los casos, sería postergada, llevándonos a escenarios de enfrentamiento social en la calle y lo peor, entre familias y círculos de amigos. La gran mayoría no desea esto.

Si hay algo que reconocerle al Gobierno del PAC y sus liderazgos, es la contribución que hicieron para disminuir la conflictividad social y colocar el diálogo como una máxima en tiempos de dispersión partidaria y social y la multiplicación de intereses, muchas veces contradictorios. La administración Solís cerraría su último año con un bajo número de conflictos, alrededor de 80, el 10% de la administración Chinchilla en su último año. ¿Quiere decir esto que todo fue apacible en el gobierno PAC? Por supuesto que no. Todo lo contrario. Pero justamente ahí está su virtud, contribuyó a la paz social a pesar de las tensiones que se produjeron.

Siendo indeciso, consideraría la paz social como una aspiración central para estos tiempos. Paz para trabajar, para estudiar, paz para cumplir con los planes familiares, paz para recrearse, para salir con gente querida sin temor, paz para pensar en compartir la vida con otro u otra, paz para vivir. Paz para discutir los temas nacionales que llevarán a este país a la segunda década del siglo XXI. Paz para discutir las guías sexuales, para hablar sobre el matrimonio igualitario, paz para hablar de impuestos, de evasión, paz para hablar de empleo, de eficiencia, de producción, de cultura y arte, paz para escuchar al otro u otra.

La paz. Por la paz es que decidiría mi voto por Carlos Alvarado, representante de una nueva generación que pide a gritos que “demos campo, que ahí vienen ellos”.