Por Fabiola Pomareda García - “El tiempo de los cantos había terminado y el 'ungido' toma el púlpito. La ansiedad espiritual del público se eleva. El mensaje no se deja esperar, el apóstol dice: 'El Señor me ha hablado, y quiere un templo más grande para adorarle, donde su pueblo pueda caber'. El sermón se basó básicamente en pasajes del Antiguo Testamento, con la idea de que Dios quiere morar entre su pueblo, y por tanto requiere de un lugar digno.

La inversión es millonaria, pero es «la casa de Dios», y una campaña de ofrendas y diezmos se genera para pagar los gastos millonarios que esto exige. Entre los ancianos de la iglesia se encuentran hombres de negocios, arquitectos, ingenieros, dueños de constructoras, en fin, todos sirven al propósito: construir el templo más grande de Costa Rica”.

Este es un fragmento del libro “Riquezas, templos, apóstoles y superapóstoles”, del teólogo y misionero con la Iglesia Metodista Unida Osías Segura.

En él se aborda esta forma de operar de las iglesias evangélicas, pentecostales y no pentecostales, donde se pide a la gente más y más dinero a cambio de promesas de prosperidad, por parte de líderes que se enriquecen desmesuradamente.

 

Megaiglesias, fe y mercadeo

En entrevista con Informa-Tico, Osías Segura relató que las megaiglesias nacieron en Estados Unidos a fines de los 60s y básicamente buscaban atender a un público que no se sentía satisfecho con la iglesia tradicional.

“Querían responder a lo que la gente deseaba. ¿Qué es lo que quieren? Les damos música, luces, espectáculo, buen sonido, un pastor y un líder accesible, y ese tipo de cosas”, contó.

En Costa Rica empezaron a surgir en los 90s. Según el investigador, se entiende por megaiglesia toda congregación con una asistencia semanal mayor a 1000 personas. Existen iglesias neopentecostales y no pentecostales.

Un ejemplo es la Iglesia Vida Abundante, con su sede central en Coronado y que también tiene centros en Heredia, Alajuela y Liberia. De acuerdo con Segura, la de Coronado tiene un promedio de asistencia semanal de 5000 personas. “Tiene un mensaje de psicología positiva, enfatiza mucho en el aspecto de la familia, en mejorar y enderezar la vida personal, los cinco pasos para buscar un mejor empleo y usan la biblia para dar estos mensajes, principalmente para gente de clase media”.

 Otros ejemplos son el Centro Evangelístico de Zapote; Oasis de Esperanza, camino a Santo Domingo de Heredia; y el Centro Mundial de Adoración, de Ronny Chaves, en Tibás.

“Estas son las pentecostales, que es un pentecostalismo más modernizado, más actual. Ahí se habla en lenguas, hay profetas, hay apóstoles, profetizan y a cambio de una ofrenda se puede recibir más dinero. Hay muchas más, pero estas son las que marcan la pauta en este asunto político”, dijo Segura.

Sharo Rosales, consultora sobre temas de género y comunicación, agregó que también hay iglesias que funcionan de manera virtual y es difícil imaginar el alcance que tienen. “Hay gente que no necesita ir a la iglesia de manera presencial, sino que se conecta a través de su canal o del Facebook Live y que saben a cuál cuenta pueden depositar, y ese es el vínculo que tienen”.

No obstante, si bien las megaiglesias pentecostales pueden ser las más visibles, no necesariamente congregan a la mayoría de los fieles ni son las disparadoras del fenómeno.

Como bien señala el sociólogo y antropólogo argentino Pablo Semán, en las últimas décadas se multiplicaron las pequeñas iglesias pentecostales y la mayor parte de los convertidos al pentecostalismo se agrupan en pequeñas iglesias autónomas en sus barrios, tras un paso por iglesias más grandes o más institucionalizadas.

En su artículo “¿Quiénes son? ¿Por qué crecen? ¿En qué creen? Pentecostalismo y política en América Latina”, el especialista en culturas populares y religión argumenta que “el crecimiento pentecostal se alimenta de las ventajas organizativas y discursivas de los evangélicos y de los déficits católicos. En cada barriada nueva donde la Iglesia católica se plantea llegar, ya hay una o varias iglesias evangélicas. Este proceso, además, se da desde el campo hacia la ciudad y desde la periferia hacia el centro”.

 

¿Cómo funcionan las finanzas de estas iglesias y quién las controla?

Tanto Osías Segura como Sharo Rosales coincidieron en que hay grupos religiosos usando la religión y la fe como una forma de obtener poder económico.

“Por ejemplo, algunas veces hacen cultos y traen un invitado. Esta persona le dice a la gente que si se compromete a dar 100 dólares o 500 dólares, Dios le va a dar más, que va a prosperar en su negocio. Básicamente Dios se convierte en una maquinita tragamonedas, le echas por un lado y por el otro te va a prosperar. Entonces la gente da. Hay gente que ha dado las llaves de su carro, o se quitan los anillos, las joyas. A los cuatro meses hay un tiempo que le llaman Tiempo de Redención, después del cual usted puede comprar de vuelta el anillo o la cadena que había echado, a cambio de cierto dinero”, explicó Segura.

“Luego también dan dinero y ahí es mucho, mucho dinero en efectivo que entra. Estoy hablando de montos muy por encima de lo que usualmente echarían en la ofrenda o de diezmo. Entra mucho dinero semanalmente”, resaltó el misionero. Rosales destacó que muchas  iglesias evangélicas son negocios familiares, ya sea de una o varias familias, y a esto lo llaman “Familia Pastoral”. Todos o casi todos los miembros son empleados y tienen un salario.

“Por lo general y a pesar de estar inscritas como asociaciones sin fines de lucro, las iglesias no cumplen con los estatutos de las asociaciones, no hay paridad de hombres y mujeres, nunca tiene reuniones de asociados, y los asociados son los miembros de la familia y otras personas incondicionales del pastor. Los miembros de la iglesia son muchos y tienen responsabilidades en diferentes servicios a la iglesia; pero no están asociados, ni tienen poder para decidir”, explicó la investigadora.

“La Familia Pastoral incluye dueños y empleados asalariados. A veces aparecen las mismas personas en diferentes asociaciones de diferentes iglesias. Cierra la iglesia y se reparten los bienes entre ellos”, añadió.

“La mayor parte del dinero se recibe en efectivo en forma de diezmos, ofrendas y ofrendas especiales. Las ofrendas especiales tienen fines específicos. Por ejemplo, se recaudan fondos para construir una escuelita dominical. Una vez que la gente ha adquirido compromisos financieros, de dar un monto mensual o anual, lo que construyen es una escuela privada. Pero esas entradas no se presentan como entradas de la iglesia porque son un negocio completamente aparte”.

“Se usa dinero para comprar equipo tecnológico; para adquirir propiedades para acampar y realizar retiros y comprar carros 'al servicio de la iglesia'. Los fondos de la iglesia se pueden usar para comprar al pastor casa, carro u otros objetos de uso personal. Hay beneficios como salarios en especie, viajes al exterior, viajes para predicar en iglesias del extranjero, capacitaciones apostólicas. El razonamiento es que ellos fundaron la iglesia y la iglesia es su negocio personal”, declaró Rosales.

“Es demasiado el dinero que se recibe en un fin de semana y a este dinero en efectivo es difícil seguirle el rastro”, afirmó.

Hay iglesias que proclaman que los libros contables están abiertos a quién quiera verlos, aclaró Rosales, pero nunca los enseñan o tienen balances maquillados o muy generales. “Las personas que contratan no tienen seguro, los pagos están muy por debajo de lo estipulado por las leyes y piden a las personas horas de voluntariado en nombre del 'Ministerio o el servicio a Dios'”, criticó.

La iglesia como un negocio personal

 

Algo poco transparente sobre la estructura legal de estas megaiglesias es que supuestamente son asociaciones sin fines de lucro; pero no se comportan así. Los dueños de la asociación son una pequeña junta directiva y a los asistentes no les piden membresía, explicó Segura.

Otras iglesias están registradas legalmente como asociación, por lo que tienen una asamblea regular y exigen una membresía a las personas a cambio de que se comprometan a mantener el Ministerio. Sin embargo, estas megaiglesias operan de otra forma, contaron Segura y Rosales.

“Una de las grandes preocupaciones que tengo es que si un día hay que cerrar una iglesia de éstas, con semejantes bienes, quienes se distribuyen los bienes son la familia pastoral y algunas personas cercanas, que son los dueños de la asociación. Todas las demás, esas 1.000, 2.000 o 6.000 personas que asisten semanalmente no recibirían un sólo centavo, porque las iglesias no les exigen una membresía”, concluyó Segura.

“Estas iglesias pentecostales fueron parte de la Asociación Asambleas de Dios, una denominación evangélica pentecostal, pero con el paso de los años, los pastores con sus familias empezaron a fundar sus propias iglesias”, contó el teólogo.

“Yo me acuerdo que siendo muy joven iba con mi mamá a apoyar la Iglesia de Raúl Vargas y se reunían en un galerón, allá en Moravia. Empezaron pequeñitos y después fueron haciéndose más grandes y a inicios de los 90s se separan de la denominación Asambleas de Dios y empiezan su propia iglesia aparte. Ese es un ejemplo de un pastor que junto con otro plantan su negocio; la familia también participa en eso y se convierte como en su negocio personal, es como si abrieras tu propia pulpería”, dijo Segura.