Los nicargüenses contribuyen con un 12% del Producto Interno Bruto (PIB).
Los nicargüenses contribuyen con un 12% del Producto Interno Bruto (PIB).

Costa Rica, un país que tradicionalmente ha abierto las puertas a los perseguidos políticos, las víctimas de la violencia y de los desastres naturales, está sufriendo en estos días un ataque de xenofobia sin precedentes contra la migración nicaragüense.

En apariencia, la reacción se origina en un incremento del número de nicaragüenses que ingresan ordinariamente al país, como consecuencia de la crisis de represión desatada por el régimen de Daniel Ortega.

No obstante, las manifestaciones xenofóbicas han estado precedidas de una descomunal campaña de mentiras (o como se diría por ahí, fake news) difundidas por medio de las redes sociales.

Dichas mentiras se apoyan en estereotipos sobre la forma de ser de las personas nicaragüenses o en achacarles la culpa de problemas sociales o institucionales que tienen otros orígenes, ideas que del todo carecen de apoyo en los datos reales. 

Veamos algunos de los principales mitos sobre la migración nicaragüense en Costa Rica y contrastémosla con informes y estudios de entidades autorizadas ya altamente confiables.

Mito 1:

El número de migrantes nicaragüenses crece descontroladamente; pronto habrá más nicas que ticos en Costa Rica

Realidad:

Según el último censo del INEC, en 2011 vivían en Costa Rica 285.000 nicaragüenses, incluyendo indocumentados. La inmigración se estabilizó en los últimos años, aunque la Dirección General de Migración ha registrado un pequeño incremento en el flujo de ingresos a raíz de la crisis política en el vecino país. Se sabe además que existe una población estacionaria de 100.000 trabajadores que ingresan para trabajar en las cosechas agrícolas (café, naranja, caña) y que regresan a su país todos los años, una vez terminada la cosecha correspondiente.

Agregando a estos números una cifra muy poco conservadora de 100.000 subregistros, la población nicaragüense no supera las 500.000 personas, que representan exactamente el 10% de la población costarricense. Esta cifra se viene manejando desde hace por lo menos dos décadas, lo que viene a desmentir la idea de que hay una especie de invasión desde la frontera norte.

La mayoría de los migrantes nicaragüenses están entre los 20 y 40 años de edad. Vienen en busca de trabajo, aunque no todos lo encuentran. Su tasa de desempleo es similar a la de los ticos. Menos de la mitad están asegurados (lo cual es un problema, y se debe a que sus empleadores, costarricenses, no los aseguran).

Mito 2:

Los nicaragüenses son vagos o “nos vienen a quitar nuestros empleos”

Realidad:

Quien afirme que los nicaragüenses son vagos seguramente camina por la calle con los ojos cerrados. En Costa Rica, las personas nicaragüenses, de ambos sexos, trabajan en labores de construcción (36.000), Industria (23.000), agricultura (36.000), servicios (87.000) y servicio doméstico (34.000), según cifras oficiales.

El porcentaje de nicaragüenses desempleados es exactamente igual a la de los nacionales, pero los empleos que ellos toman son los más duros y mal remunerados.

Los migrantes nicas aportan un 12% al Producto Interno Bruto (PIB), es decir, en una proporción levemente mayor que los trabajadores nacionales. Además, los trabajos que los nicaragüenses realizan son escasamente demandados por la mano de obra local, por lo que no es válido argumentar que ellos “nos quitan los empleos”.

Mito 3

Los nicaragüenses son una amenaza a la seguridad pública

Realidad:

La idea de que los migrantes nicaragüenses son los responsables de la mayoría de los delitos que se cometen en el país y del ambiente de inseguridad generado por las bandas del narcotráfico, carece de fundamento.

De acuerdo con el informe Estado de la Justicia Nacional, el porcentaje de nicaragüenses presos por la comisión de un delito es incluso inferior al 10% que representan en el total de la población. El 86% de las personas detenidas por infracciones a la ley penal son costarricenses y el porcentaje restante corresponde a extranjeros de otras nacionalidades.

En cuanto a las bandas de narcotraficantes, responsables de muchos de los crímenes que alarman al país, en algunos casos cuentan con integrantes nicaragüenses pero ni son la mayoría ni suelen ser los cabecillas. En estas bandas es más frecuente e importante la presencia de costarricenses, colombianos, panameños, entre otros.

La idea de que los nicaragüenses son por “naturaleza” más violentos, es un prejuicio injustificado. Si bien es cierto que Nicaragua ha atravesado por varias guerras civiles en décadas recientes, las cifras de delincuencia en ese país son muy bajas. Incluso, Nicaragua no ha tenido el grave problema de las pandillas o maras que aquejan a otros países vecinos como Honduras, El Salvador y Guatemala.

Mito 4:

Los nicaragüenses abarrotan los servicios de salud

Realidad:

Como veíamos, los migrantes nicaragüenses constituyen una población muy joven (entre 20 y 40 años), que viene a Costa Rica en busca de trabajo. Los adultos mayores y los niños generalmente se quedan en su país y reciben ayuda económica de sus familiares migrantes. Por lo tanto, no es cierto que haya una gran demanda de dichos servicios.

Ciertamente, muchos nicaragüenses trabajadores no tienen seguro social, pero esa es una situación achacable únicamente a los patronos que evaden sus responsabilidades.

En todo caso, según cifras de la CCSS, solo el 3% de la demanda de atención en los servicios de emergencia de clínicas y hospitales corresponde a nicaragüenses no afiliados, en contraste con el 11% de costarricenses en la misma condición.