“Macron, marioneta de los patrones”, se podía leer en una pancarta enarbolada por una de las miles de personas que comenzaron a desfilar al mediodía local en la capital francesa y en las principales ciudades del país, en medio de una nube de banderas sindicales y globos multicolores.

Las manifestaciones reunieron 132.000 personas en toda Francia, según el ministerio del Interior, frente a 223.000 en la primera gran jornada del 12 de septiembre.

No obstante, el secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT), Philippe Martínez, líder de la protesta, consideró que la de ayer a la que asistieron 500.000 manifestantes fue de un nivel “equivalente” a la del día 12.

En declaraciones a la prensa, el sindicalista aseguró que iba buscar la “unidad” con los secretarios generales de las otras dos grandes centrales –Confederación Francesa Democrática de Trabajadores (CFDT) y Fuerza Obrera (FO)– que no quisieron participar ni en la convocatoria del día 12 ni en la de ayer, para organizar una jornada de acción interprofesional de todas las confederaciones” contra la ley de la reforma laboral.

“Estamos decididos, estas ordenanzas no deben pasar. Es un verdadero drama para los jóvenes del país”, declaró ayer Philippe Martinez, líder del sindicato CGT.

Tras la acción de los sindicatos llegará el turno de la acción política, con otra manifestación convocada el sábado por la izquierda radical.

Por su parte, el líder de la izquierda radical francesa, Jean-Luc Mélenchon, advirtió que lo que se ha visto en la calle “es sólo el comienzo”, en referencia a los paros que habrá la semana próxima en algunos sectores como el transporte.

Mélenchon, quien se presenta como el jefe de la oposición a Macron, participó de la marcha en París, a su vez que convocó otra manifestación contra la reforma laboral el próximo sábado. “La democracia es a la vez la calle y las elecciones”, afirmó el líder de la Francia Insumisa, que considera la reforma como un “golpe de Estado social”. y con la resistencia popular pretende obligar al gobierno a dar marcha atrás con la reforma porque “no se puede imponer a la fuerza a un pueblo que no la quiere”.

La reforma laboral impulsada por Macron incluye medidas para limitar el  máximo de compensaciones para los trabajadores en caso de conflicto laboral, o la posibilidad de llegar a acuerdos laborales en las empresas de menos de 50 empleados sin necesidad de que haya representantes sindicales.

El objetivo del gobierno es dar más flexibilidad a las empresas y alentarlas a contratar más para luchar contra el desempleo, que afecta al 9,5 por ciento de la población activa en Francia, más que la media europea de 7,8 por ciento. La reforma será presentada hoy en consejo de ministros para una aplicación casi inmediata.

Para Philippe Braud, profesor de Ciencias Políticas, el ejecutivo tiene la ventaja en el pulso con los sindicatos. “Hay una forma de resignación frente a reformas. Los franceses las aceptan, aunque sin entusiasmo”, estimó.

Además, el frente sindical está dividido. Aunque todos los sindicatos estiman que la reforma debilitará los derechos de los trabajadores -una visión que comparte la mayoría de los franceses según los sondeos- varios desistieron a salir a las calles.

Esta reforma será una prueba de fuego para el mandatario liberal, quien se encuentra en plena caída de su popularidad tras su asunción en mayo pasado. Las próximas semanas se anuncian difíciles para Macron, con varias manifestaciones previstas en contra de los recortes que ha anunciado. El lunes, los transportistas prometen una “movilización masiva” que podría paralizar parcialmente a Francia.

El 28 de septiembre será el turno de los jubilados, quienes se manifiestan contra una subida de impuestos que los perjudica principalmente, y el 10 de octubre saldrán a las calles los funcionarios públicos para manifestar contra la supresión de puestos y la caída del poder adquisitivo.