El fantasma de la ideología de género y los heraldos del Apocalipsis

Por Oscar Núñez Olivas. - “Ideología de género” es una expresión que se escucha por todo lado. Se ha puesto en boga, en medio de esta campaña electoral desaforada, para referirse a diferentes cosas. Para muchas personas, según he visto y escuchado, contiene una connotación maligna, pero estoy casi seguro de que tanto para ellas -como para la gran mayoría de la gente- sería difícil explicar qué se trata la ideología de género. Esto es así, en buena medida, porque la expresión misma carece de sentido.

Empecemos por un aspecto de semántica.

En una de sus acepciones, la más generalizada, la ideología es un sistema de pensamiento que intenta explicar el mundo social desde diferentes ángulos: economía, política, religión, Estado, organización humana. Desde ese punto de vista, el marxismo es una ideología. También lo son el nazismo, el anarquismo, la socialdemocracia, el neoliberalismo. No puedo llamar ideología a mis impresiones sobre la vida errante de los colibríes. Es decir, puedo si quiero, pero estoy seguro de que se reirían de mí.

Por tanto, resulta absurda una expresión tal como “ideología de género”, pues no existe -hasta donde sabemos- ningún sistema de pensamiento fundado en el hecho básico, de origen biológico, de que la población humana es clasificable según su pertenencia a uno de dos sexos: femenino o masculino.

De ahí que desde el punto de vista de los significados la expresión carece de sentido.

Desde luego, todo tiene una explicación racional. Quien haya acuñado la expresión “ideología de género” seguramente ha tenido la intención de sugerir que ciertas ideas, movimientos o tendencias que se manifiestan en la sociedad moderna están concatenados por una lógica común, o sea, que existe una ideología que las articula. Así también se induce a pensar en la existencia de una conspiración y se crea la sensación de que algo terrible nos amenaza.

Si seguimos con cuidado a los heraldos del Apocalipsis, nos daremos cuenta de que la supuesta ideología de género se reduce a unos cuantos postulados que las ciencias sociales han formulado en relación con el tema. El más importante es el que formula que las personas nacen con un sexo biológico, pero que la identidad de género se construye socialmente y que, además, no siempre coinciden el sexo biológico y la orientación sexual.

Para ser sinceros, no se requiere de mucha profundidad analítica para descubrir hechos que están a la vista de todo el mundo. Si bien las personas nacen con uno de dos sexos biológicos, la identidad de género es el conjunto de roles que la sociedad asigna a cada uno de ellos. “El hombre en la calle, la mujer en la casa; el hombre conquistador, la mujer recatada; el hombre en la política, la mujer en el salón de belleza; el hombre es la cabeza del hogar y la mujer está obligada a obedecer sus mandatos” son algunos entre infinidad de preceptos con que la sociedad patriarcal construye esa identidad.

En otras sociedades patriarcales, como algunas regidas por el islamismo, las mujeres deben ir cubiertas de pies a cabeza, están impedidas de participar en política y no pueden asistir a espectáculos deportivos en que los hombres muestren sus piernas, como el fútbol, porque podrían ser tentadas al pecado. Esos también son preceptos relativos a las identidades de hombres y mujeres, construidas socialmente.

La idea religiosa de que nacemos con una identidad de género ya establecida por Dios desconoce la historia y la evidencia empírica. Responde a una visión retrógrada y oscurantista según la cual el orden social es eterno e inmutable y cualquier intento por modificarlo es un pecado y una amenaza a la estabilidad.

Pero lo cierto es que el hecho de que las mujeres hayan ido ganando espacios de participación en los ámbitos de la economía, la política, el arte, el deporte, etc., es un triunfo de la civilización, lo mismo el que los hombres hayan ido asumiendo responsabilidades en el hogar, que reconozcan su propia sensibilidad y aprendan a ver a las mujeres como sus iguales y no como súbditas de sus pequeños reinos domiciliares.

Por otra parte, el que la orientación sexual no siempre corresponde al sexo biológico no es un invento de las ciencias sociales, es un hecho objetivo, observable en las comunidades humanas desde que se tiene registro. Siempre y en todas partes ha existido un porcentaje de población no-heterosexual más o menos significativo (se habla del 10 al 20%).

Los heraldos del Apocalipsis aseguran, también contra toda la evidencia empírica, que la homosexualidad, la bisexualidad o el travestismo son problemas de educación y que pueden ser corregidos mediante ciertos tratamientos. Quienes no se someten a ello merecen el repudio y el rechazo de los demás.

Pero lo que más incomoda a estos azuzadores no es la existencia de la homosexualidad en sí (de hecho, las comunidades religiosas cobijan secretamente a muchas más personas homosexuales de lo que se podría pensar), sino el que se pida respeto para las personas sexualmente diversas y se procure para ellas el reconocimiento de los mismos derechos civiles de los que disfrutan los heterosexuales. No les preocupa tanto el que dos hombres o dos mujeres vivan juntos, sino que esa unión se inscriba como “matrimonio” o “sociedad de convivencia” en un registro público para fines estrictamente civiles, algo que no tiene nada que ver con religión.

El fantasma de la ideología de género ha servido a los manipuladores de la conciencia pública para propalar especies que podrían considerarse ridículas y hasta risibles si no tuvieran el potencial de hacer daño.

Así, se dice que hay una conspiración de grupos feministas, de la diversidad sexual, de la defensa de los derechos humanos, de organismos especializados de las Naciones Unidas (ONU), de la OEA y de cortes de justicia internacionales para convertir a todos los niños y las niñas en gays y lesbianas; que la ideología de género ha penetrado los programas de educación sexual en las escuelas y colegios que promueve el incesto y el sexo con animales.

Se dice que la conspiración va dirigida a destruir la familia o que la ideología de género está confabulada con el comunismo, o sea, con un sistema político prácticamente desaparecido que se caracterizó por su implacable homofobia, entre otra sandeces. Cualquier cosa, lo importante es asustar.

Lo terrorífico es que toda esta campaña de miedo irracional esté siendo dirigida a personas poco informadas o ingenuas, como parte de la estrategia de un grupo de mercaderes de la religión para hacerse del poder político. Pero esta ya es la segunda parte de la historia.