Conforme pasan los días, del fundamentalismo religioso y moralista, se va pasando al fundamentalismo del Mercado: el equipo económico que se insinúa no solo es neoliberal sino ultra neoliberal...economistas laicos no evangélicos que se ponen a disposición de un candidato para llevar adelante la privatización de todos los servicios del Estado.

Las cámaras empresariales frotándose las manos con un candidato evangélico que es un empresario del negocio de las almas, de almas pobres y desamparadas que creen realmente que les van a ayudar pero que ahora todo indica que hay algo más que una preocupación por la salvación de sus almas.

Que detrás de todo este moralismo se esconde el negocio en grande, y que, para hacerlo, se recurre a socios fundamentalistas del Mercado. De tal forma que la metáfora de las manos limpias es el anzuelo que lleva directamente a la metáfora de las manos llenas de unos pocos empresarios, con la novedad que entre estos figuran ahora los nuevos empresarios neoliberales de las almas, que han levantado un imperio económico en este mundo con la ideología  de la salvación en el otro mundo.

Lo que vamos viendo, por los ofrecimientos y también por las retractaciones, es que no es ni la ética ni la moral ni el verdadero evangelio sino el simple y vulgar poder económico, el deseo obsesivo y enfermizo por el Mercado, lo que realmente interesa.

Con otras palabras, lo que realmente interesa es la multiplicación de los panes con los dineros públicos, es decir, los dineros de todos los ciudadanos, que quedarán en manos, ahora sí no tan limpias, del nuevo empresariado de las almas, que aparece hoy bajo el nombre de teología de la prosperidad.

Terrible que se utilice a la gente y sus reales necesidades, materiales y espirituales, para levantar la plataforma del poder, y para hacerse con el patrimonio económico de un Estado.

Tan así que no hay propuestas concretas, solo promesas de un reino que vendrá y multiplicará los aportes de los que aporten algo a la causa de este nuevo restauracionismo.

De nuevo pido que las fuerzas sanas y honestas de todos los reinos nos ayuden. Nos ayuden a impedir que los logros de una sociedad como la nuestra se conviertan en cosa del pasado y que los falsos evangelismos acaben con las esperanzas de un mundo de bienestar e inclusión para todos".

(* historiador y exprofesor de la Universidad Nacional, UNA)