• Candidato presidencial del PAC

Carlos Alvarado: quiero acelerar el cambio

De ser electo presidente, asumirá el compromiso de acelerar los cambios iniciados por el actual gobierno y lo hará enfocándose en desatar los grandes nudos que traban el desarrollo del país, tales como la deficiente educación pública, el caos en la movilidad urbana y la alta concentración territorial del desarrollo, entre otros, afirma el candidato presidencial del Partido Acción Ciudadana (PAC), Carlos Alvarado.

Carlos Alvarado, candidato presidencial del PAC.

“Creo que desde la política pública se puede acelerar el tránsito hacia el desarrollo y estoy clarísimo de que Costa Rica tiene las condiciones para hacerlo”, asegura Alvarado en una entrevista con Informa-tico.com.

El ex presidente ejecutivo del Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS), bajo cuya dirección (2014-2016) se alcanzó una significativa reducción de la pobreza y la pobreza extrema, afirma que el país no debe regresar al gobierno de un partido tradicional (Liberación Nacional o Unidad Socialcristiana) pues no hay indicios de que estas agrupaciones estén en capacidad de hacer algo distinto a lo que hicieron en el pasado.

Para Alvarado, de 37 años, el gobierno del presidente Luis Guillermo Solís -del que también fue ministro de Trabajo- ha impulsado importantes cambios que deben consolidarse y en muchos casos acelerarse en un próximo gobierno, porque ya existe suficiente experiencia. Y asegura que “estoy dispuesto a ponerme las botas para lograrlo”.

El candidato del partido de gobierno estudió periodismo en la Universidad de Costa Rica donde posteriormente obtuvo una maestría en Ciencias Políticas. También cuenta con un posgrado del prestigioso Instituto de Estudios para el Desarrollo de la Universidad de Sussex, Inglaterra.

Ha trabajado en medios de comunicación, entre ellos el semanario Universidad y Repretel, en el Fondo Nacional de Financiamiento Forestal (Fonafifo) y fue asesor durante dos periodos en la Asamblea Legislativa.

Durante la campaña del ahora presidente Luis Guillermo Solís fue su asesor en comunicación y posteriormente ocupó los cargos ya mencionados en su gobierno.

Más allá de la política, sus grandes pasiones han sido la literatura y la música.

“Para mí la literatura tiene algo que no tiene ningún otro arte que es la comunicación íntima entre dos mentes, las del escritor y la del lector. Es una comunicación que trasciende el tiempo y el espacio. Hoy podemos leer a Aristóteles, a Balzac y escuchar que nos hablan al oído”.

Es autor de dos novelas publicadas entre 2006 y 2015; “La historia de Cornelius Brown”, y “Las Posesiones”, así como de una memoria sobre su experiencia como estudiante en Inglaterra.

La música es algo más emocional. Canta y toca la guitarra y desde los 16 años hasta que emprendió sus estudios en el exterior formó parte de alguna banda, la última de las cuales fue Dramátika, un grupo de rock progresivo.

“Fue algo que también ayudó a formarme. No hay nada más democrático o anárquico que un grupo de rock de jóvenes, donde nadie manda a nadie. El acuerdo, el liderazgo y el talento tienen que mezclarse mucho.  Eso me ayudó a aprender cómo compaginar con gente distinta para obtener objetivos comunes”, nos comenta.

Hoy sus grandes pasiones son la política y su hijo de cuatro años, al que dedica todo su tiempo libre.

La siguiente es la entrevista completa.

 

Informa-tico: ¿En forma suscita, para qué quiere ser presidente?

Carlos Alvarado: Para mejorar la educación pública sustantivamente, como forma de impulsar el talento humano del país, que es su principal recurso.

Quiero mejorar el transporte público, la movilidad urbana y, de paso, sacar el combustible fósil de nuestra ecuación.

Quiero dar solución a problemas que venimos arrastrando desde hace décadas: déficit fiscal, la mala estructuración del empleo público y por lo tanto su ineficiencia.

Quiero también generar crecimiento distribuido territorialmente, de manera que se genere empleo en el campo y se reduzca la desigualdad.

Son esas cosas las que harían la diferencia en el desarrollo del país, y para las que quiero gobernar.

 

I: Pero usted sabe que esas cuatro o cinco cosas que acaba de mencionar son los problemas más complejos, donde hay más controversia y resistencia al cambio. ¿Qué estrategia piensa desarrollar para superar esas resistencias y complejidades?

C.A.: Bueno, uno no gobierna para hacer lo fácil y pocas cosas son fáciles y sencillas. Los que mencioné son temas claves, los nudos centrales de nuestro proceso de desarrollo y hay que entrarles de lleno. Yo a lo que aspiro es a trabajar de manera muy enfocada. Un presidente solo tiene cuatro años, que es muy poco tiempo. Tiene que enfocarse en qué es lo que, desde la administración, va a transformar estructuralmente y dónde va a invertir su capital político.

Esos temas que mencioné son para los que yo me pondría las botas, porque estoy convencido que hacen la diferencia, sobre todo en cuanto al bienestar de la población. Enfoque, seguimiento y mucho diálogo pero también toma de decisiones y ejecución. Es decir, creo en el diálogo pero con resultados.

 

I: Reformas fiscales se vienen intentado desde el gobierno de Abel Pacheco. Cuatro intentos seguidos y no se ha podido. Hay una resistencia muy fuerte de sectores con poder. Entonces, con ponerse las botas no bastaría para hacer una reforma fiscal.  ¿Qué condiciones políticas se requeriría para hacerlo?

La principal condición es el respaldo popular. Con un mandato fuerte un presidente puede empezar su gestión buscando hacer esos cambios. Si no se logra hacer en esta administración, esa será la primera tarea que tendrá que hacer el próximo gobierno. No importa si en la campaña se habla con la verdad o se evade el tema, la decisiones en materia fiscal serán ineludibles.

A diferencia de los cuatro gobiernos anteriores, ya estamos llegando a un punto en que la amenaza económica que representa el déficit podría materializarse y eso nadie lo quiere. Hay que compartir con la ciudanía esta preocupación. El déficit es como una enfermedad silenciosa, como la presión alta, cuando ya se manifiesta puede ser muy tarde.

Este es un tiempo complejo y hay que resolver varias cosas difíciles: el déficit fiscal es una de ellas, pero también está  la eficiencia del sector público, los diferentes regímenes de pensiones y su sostenibilidad en el tiempo, la adecuada tutela de nuestros mares, el cambio climático. En fin, hay muchas cosas urgentes e importantes que abordar.

 

I: La última encuesta de la Universidad de Costa Rica refleja que de los costarricenses dispuestos a votar el próximo 4 de febrero, el 42% son indecisos y, dentro de ese grupo, la mayoría son jóvenes. ¿Qué les ofrece su candidatura a esos jóvenes?

C.A.: Les ofrezco un estilo de hacer las cosas, un estilo ejecutivo y práctico, que es lo que hice cuando estuve en el IMAS y en el Ministerio de Trabajo. Lo que yo ambiciono es acelerar el proceso de cambio que inauguró el país con la administración del presidente Solís, al punto de hacernos líderes de América Latina en materia tecnológica, educativa, desarrollo económico, transporte. Para eso es para lo que pido respaldo a los jóvenes.

 

I: Pero los jóvenes tienen sus problemas particulares, tales como la escasez de oportunidades de empleo y estudio.

En ese sentido, el tema de la educación es esencial y por eso yo le doy tanto énfasis. El desempleo está asociado a que las personas no tienen los niveles educativos necesarios para encontrar un puesto de trabajo o desarrollar un emprendimiento de valor agregado.

En Educación tenemos uno de los cuellos de botella fundamentales, por eso es tan crítico arreglarlo.

Por otra parte, los jóvenes que viven en el área rural no tienen las mismas oportunidades que los que viven en las ciudades. Muchos de ellos tienen que desplazarse a San José o en zonas aledañas para estudiar o conseguir un trabajo. Por eso quiero impulsar la desconcentración territorial del desarrollo.

También creo en un estilo de gobierno que sea representativo de las personas jóvenes, no solo por la edad de quienes gobiernen sino -y sobre todo- por los temas que aborde. Nosotros, siendo la generación que más tiempo vamos a seguir estando en el país, tenemos una responsabilidad con el medio ambiente, para tener un mejor entorno, pero también para ser responsables con las generaciones que vienen.

De ahí la importancia de que cambiemos la movilidad con combustibles fósiles por movilidad eléctrica, a fin de disminuir nuestras emisiones.  Eso va a abaratar muchos costos en el país y va a reducir la contaminación.

Aspiramos a que nuestro país sea pionero, como lo hicimos en el pasado,  aboliendo la pena de muerte, siendo de las primeras ciudades con energía eléctrica, aboliendo el ejército o con la seguridad social y la educación. Seguir esa ruta que es la que nos ha caracterizado, ahora con nuevos retos.

 

I: La popularidad del gobierno y de su presidente, ha subido aceleradamente. En eso las encuestas han sido consistentes, no es una, sino muchas. Sin embargo, todavía hay gente que piensa que no ha habido el cambio sustancial que se ofreció, que ha sido un poco tímido. ¿Si fuera presidente, qué haría diferente de lo que ha hecho el presidente Solís?

C.A.: Formaría un equipo de trabajo más consistente. Cuando Solís llegó a ser presidente se sumaron factores que no son achacables a él. El partido venía de un proceso de renovación de su liderazgo, luego de que en 2010 Ottón anunció que no aspiraría más a la Presidencia. De ahí al 2014, la discusión del PAC fue cómo renovar el liderazgo, pero dejó pendiente la construcción de un grupo de acompañamiento para un eventual gobierno.

Así que el gobierno se conformó con personas muy buenas pero también con retazos. Eso fue producto de un proceso muy particular: en enero de 2014 el PAC no tenía todavía dos dígitos en la intención de voto, pero ya en febrero había ganado la elección. Hubo que ir a una segunda ronda y ya en un mes hubo que formar un gabinete. 

A mí me tocará por definición hacer un mejor gobierno, no puedo hacer el mismo que Luis Guillermo Solís, porque parto de otra línea, que es la experiencia generada de haber sido gobierno. ¿Y cómo se mejora? Haciendo un equipo de trabajo mucho más amalgamado, más macizo.

Y en algo en que también habrá que diferenciarse es en la velocidad, tenemos que acelerar el cambio, la forma en que se dan los procesos.

 

I: ¿Está el PAC más unido hoy que lo que estaba hace cuatro años?

Sí, está más amalgamado y más maduro que nunca. Está más fuerte, no necesariamente más unido que en el 2006 o en el 2010, pero sí más unido que en el 2014. Y más maduro que nunca y más fuerte que nunca. Y esa madurez es la que nos debe hacer entender que podemos coexistir bajo una misma casa personas a las que mayoritariamente nos unen visiones de desarrollo, de ética y de derechos humanos, aunque tengamos algunas diferencias en otros temas.

 

I: ¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar al lado de Luis Guillermo Solís? ¿Cómo ha contribuido esa experiencia a modelarlo como político?

C.A.: La experiencia de trabajar con Luis Guillermo fue muy satisfactoria y, de mucha confianza. Luis Guillermo siempre me permitió hacer, me dio mi espacio y yo hice. Tanto como coordinador de comunicación de la campaña como después, desde el IMAS y desde el Ministerio de Trabajo. Siempre lo tuve al tanto de lo que quería hacer, pero tuve mucho margen de acción.

El, en efecto, es uno de mis maestros en la política. La gente de la que más he aprendido en la política han sido Luis Guillermo; Ottón Solís, con quien trabajé en dos campañas;  Margarita Penón y Rodrigo Carazo, que eran diputados cuando trabajé en la Asamblea; Alberto Salom y Víctor Morales Mora, mi jefe de campaña. De todos he tratado de sacar algo bueno.

 

I: ¿Cuál es la enseñanza más importante que le dio Luis Guillermo Solís?

C.A.: Humildad, paciencia y perseverancia. Esas son algunas de sus virtudes. El presidente no la ha tenido fácil, le ha tocado lidiar con muchísimos intereses, presiones, pero él siempre actúa en función de lo que es mejor para los costarricenses. Y para ello se requiere mucha resiliencia, para finalmente hacer lo correcto.

 

I: De su paso por los puestos de más responsabilidad que ha tenido (presidencia IMAS, Ministerio de Trabajo), ¿cuál ha sido el mejor y el peor momento?

C.A.: El mejor momento fue cuando confirmamos una reducción de la pobreza, reflejada por los números (del INEC). Y más que por el número porque en efecto estábamos llegando bien, afectando positivamente a mucha gente. Habíamos trabajo bien y muy duro y al fin eso se vio reflejado en las estadísticas. Eso fue de lo más bonito porque dijimos: se pudo y le servimos a la gente.

Otro buen momento fue cuando negociamos la fórmula salarial del sector privado, en octubre de 2016. Fue muy satisfactorio porque fue un acuerdo entre sindicatos y empresarios. No tuvo tanta difusión, pero para mí fue una evidencia clarísima de que el diálogo social y el acuerdo es posible, de manera que muchos temas que están entrabados los podemos resolver.

Creo que los momentos más difíciles han sido cuando hay que enfrentarse a los mandos medios de la burocracia, porque uno sabe que va a un sinfín de recursos, querellas y pelea interna. Los empleados públicos mayoritariamente son buenos, la gente quiere inspiración, propósito, pero también hay gente que no quiere y se para en la escoba, no de una gestión sino del desarrollo del país.

Hay que enfrentar a la gente así, pero eso conlleva un costo muy alto: conflicto interno, recursos, judicialización de las cosas y, cuando se da ese paso necesario para mejorar, se produce un desgaste importante.

 

I: ¿Cómo se cambia una cultura de pereza, del esfuerzo menor, a veces de aprovechamiento personal que nosotros sabemos que ha imperado en la administración pública durante mucho tiempo?

Con varios elementos: con claridad, hay que trazar muy claramente cuál es la ruta de una gestión, decir hacia dónde va, por qué se va hacia allá. La claridad hace que todos sepan para dónde va el barco y si uno explica por qué va a hacía allá, mucha gente se matricula también con el propósito. Entonces el funcionario ya no es un problema más sino parte del engranaje de algo que va a tener un efecto positivo.

También hay que inspirar a la gente, convencerla de que sí se puede. La burocracia tiende a ser monótona, repetitiva, predecible, y eso destroza la convicción de muchas personas a través del tiempo. Hay que tratar de recobrar la inspiración.

Y el ejemplo: hay que predicar con ética, con excelencia. Si quienes están en la jerarquía son éticos, austeros y hacen su trabajo de la mejor manera, con mucho respeto y firmeza, eso se traslada al resto de la institución. Hay que contaminar esa actitud a la gente.

Eso me funcionó cuando estuve en el Ministerio de Trabajo y en el IMAS. Y no lo digo retóricamente, ahí están los resultados. Igual, no es producto de una sola persona. A la larga, los cambios sustantivos lo logran grupos de personas, pero el liderazgo lo que tiene que hacer es encaminar, mostrar la ruta, meter energía y dar seguimiento.

 

I: ¿Se siente preparado para  hacer todo eso desde la responsabilidad que implica la Presidencia?

C.A.: Sí.

 

I: Por ahí se dice que le falta edad y experiencia política.

Cuando yo me criaba se decía que ninguna persona que no fuera del sexo masculino, que no fuera católica y que no perteneciera a cierta clase social, podía ser presidente. Yo creo que las capacidades no la dan simplemente los años, ni los títulos, lo dan los resultados, las ganas y el empeño.

Nosotros hemos tenido presidentes mayores, a quienes nunca les preguntamos si tenían la experiencia y la capacidad, se daba por un hecho, pero los resultados no fueron tan buenos.

Entonces yo creo que lo que vale aquí son los resultados. Y también creo mucho en la importancia de trabajar en equipo, y no lo digo porque lo crea simplemente sino porque lo practico. Yo siempre busco complementar las debilidades de otros y que otros complementen las mías.

Cuando uno entiende que es un ser humano individual, único y finito, entiende que tiene que complementarse con muchas otras personas. Entonces no solo es un acto que lo hace a uno reconocerse en su humilde condición sino que lo obliga a mejorarse y a mejorarse en la relación con los otros.