Una reflexión sobre la encrucijada de este 4 de febrero

Por ​Oscar Núñez Olivas, escritor. - El actual proceso electoral transcurre en una atmósfera extraña. A pocos días de las votaciones es imposible hacer un pronóstico aproximado de quién podría ser el ganador. Mucha gente luce desconcertada, no sabe por quién votar. Las incidencias políticas producen subidas y caídas de los candidatos en las encuestas, dentro de unos rangos raquíticos, pues ninguno alcanza el 20% de la intención de voto.

En esas condiciones, es importante serenarse, dejar de observar las encuestas como guías para tomar una decisión y analizar nuestro voto como propone Eduardo Ulibarri, siguiendo un método de razonamiento.

Yo he hecho mi reflexión y he decidido escribirla por si a alguien le interesan mis consideraciones y le son de alguna utilidad para tomar su propia decisión.

 

1. He pensado que no tiene sentido decidir el voto pensando en evitar que un candidato que me disgusta (de hecho, varios no son de mi agrado) pueda llegar a la segunda ronda. Eso sería jugar a las cábalas en un tema que merece la mayor seriedad. Creo que mi deber es votar por la opción que mejor satisface mis expectativas, a efecto de que sus posibilidades de triunfo aumenten.

2. En segundo término, pienso que es un error fraccionar el voto para presidente y diputados. Si queremos darle el poder a una persona para que cumpla con sus propuestas de campaña, es absurdo privarlo de una herramienta esencial, como es el apoyo legislativo. Si lo que nos preocupa es el control político, no hay duda de que en el Congreso siempre habrá varias representaciones minoritarias que harán esa labor eficientemente.

3. Para efectos de decidir mi voto, he descartado de plano a varios aspirantes. No quiero como presidente de mi país a un fundamentalista religioso ni a un demagogo populista. Los fundamentalistas religiosos con toda seguridad gobernarían anteponiendo intereses sectarios a otros de carácter general, que nos atañen a todos los ciudadanos. Los populistas arman sus plataformas políticas explotando el miedo y los prejuicios de la gente, son en el fondo autoritarios e inducen a los electores a cometer crasos errores. Por eso, he tachado de la lista a Fabricio Alvarado, Mario Redondo, Stephanie Campos y Juan Diego Castro.

4. No quiero que regrese al poder ninguna de las opciones del bipartidismo, las fuerzas que durante décadas se repartieron el país, privatizaron cuanto pudieron del patrimonio nacional e institucionalizaron la corrupción a gran escala. No quiero a Oscar Arias ni a Rafael Angel Calderón gobernando tras bambalinas. Por esa razón no votaría por Antonio Alvarez, Rodolfo Piza o Rodolfo Hernández.

5. Otto Guevara es impensable porque reúne en sí todas las feas calidades de los anteriores.

6. A estas alturas me van quedando pocas opciones: Carlos Alvarado del PAC, Edgardo Araya del Frente Amplio y Sergio Mena de Nueva Generación. De ellos tres me inclino por Carlos Alvarado, y paso a explicar mis razones.

Siendo Carlos Alvarado el candidato del PAC, es pertinente -y obligado si se quiere- hacer una evaluación del primer gobierno de este partido, a pocos meses de concluya su gestión.

El gobierno del presidente Luis Guillermo Solís tuvo errores, sin duda alguna, pero puestos en la balanza fueron abrumadoramente mayores los aciertos que los yerros. Esta realidad no ha brillado como pudo ser en parte porque los medios de comunicación no están interesados en informaciones positivas (venden poco), en parte porque el mismo gobierno ha sido deficiente en exhibir sus logros.

Sin pretender ser exhaustivo, ni mucho menos, me parece importante subrayar los siguientes aspectos positivos de la actual administración:

-Mantuvo una economía sana, con aceptables índices de crecimiento, baja inflación, tasas de interés y tipo cambiario estables. Las exportaciones y el turismo crecieron. El desempleo disminuyó moderadamente.

-Contuvo el crecimiento del déficit fiscal e incluso logró disminuirlo de un 6 a un 5% del PIB, aproximadamente, pese a que los partidos de oposición en el Congreso se negaron a aprobar cualquier reforma de tipo tributario que implicara aumento de impuestos. Lo logró a base de una política de contención del gasto y de mejoramiento de los mecanismos de recaudación de los tributos ya existentes. Fue un gran esfuerzo, aunque todos sabíamos que no bastaba para resolver el problema de manera estructural.

-Redujo la pobreza del 22,4% al 20%, gracias a una novedosa estrategia denominada “Puente al Desarrollo”. Este 2,4% representa en números absolutos cerca de 132.000 personas que mejoraron sus condiciones de vida.

-Llevó adelante varias importantes obras de infraestructura que llevaban décadas de retraso. Algunas otras quedarán avanzadas en sus etapas iniciales.

-En Educación, se puso en marcha una profunda reforma curricular cuya implementación está empezando y que busca llevar a Costa Rica, en unos años, a los niveles de los países más desarrollados del mundo. Además, en este periodo se hizo una inversión en infraestructura escolar de más de 181.000 millones de colones. Dato sorprendente: durante los cuatro años no hubo una sola huelga magisterial, después de la que dejó el gobierno de Laura Chinchilla como regalo de bienvenida a la ministra Sonia Marta Mora.

-Es de destacar, además, el clima de paz social que se ha vivido en el país en general durante estos cuatro años, producto de una política de apertura y diálogo con las organizaciones de la sociedad civil.

Del candidato en sí pienso que es una persona con buena preparación, equilibrado y con visión amplia. Su juventud es una ventaja: sería el primer presidente que no pertenece a la vieja generación surgida del bipartidismo.

Carlos Alvarado, como jerarca del IMAS, fue artífice de la estrategia que permitió la reducción de la pobreza. Ha demostrado capacidad de liderazgo, ejecutividad y transparencia.

Esas son en resumen mis consideraciones.