Ottón Solís, representantes de Costa Rica en el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE).
Ottón Solís, representantes de Costa Rica en el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE).


3. estuviese destinando ¢1.200.000.000.000 (1,2 billones) por año al pago de intereses y no a desarrollo,
4. se enfrentara a tasas de interés crecientes tanto por las condiciones de la economía mundial como por la percepción de riesgo-país resultante de la evolución del endeudamiento público,
5. la situación fiscal no obedeciera a un incremento en el gasto en obras (ej. carreteras, escuelas) sino en gastos corrientes (ej. salarios),
6. ya se hubiesen aprobado leyes para controlar el contrabando y el fraude fiscal de las grandes empresas y para limitar las pensiones de lujo,
7. el presidente hubiese ordenado límites en las remuneraciones, viajes, etc. de los altos jerarcas,
8. con el fin de reducir el déficit fiscal y limitar el crecimiento de la deuda pública se hubiesen escuchado y analizado por muchos años propuestas de solución de todos los sectores,
9. entre más años transcurrieran sin que se corrigiera el problema fiscal de ese hipotético país, mas duras para toda la población serían los soluciones requeridas,
10. si finalmente el presidente y una mayoría de diputados hubiesen acordado un proyecto de ley fiscal en el que el 80% de los nuevos ingresos fuesen a ser pagados por el 20% más rico de la población, y en el cual se limitaran algunos privilegios excesivos de los empleados públicos pero se garantizara que el poder adquisitivo de su remuneración (salario real) seguiría creciendo año con año, 
11. si el presidente y los diputados de ese supuesto país hubiesen sido electos democráticamente,
12. si una cantidad mínima de empleados públicos se levantaran en huelga y para hacerla visible obstaculizaran el flujo vehicular en algunos puntos estratégicos, como herramienta para obligar a que se retirara el proyecto de la Asamblea Legislativa;
13. si un 97.5 de los trabajadores del país (empleados, peones, empresarios, dueños de PYMES, etc) se mantuvieran en sus puestos, desempeñando sus responsabilidades; 
¿Qué consejo debería darse a las instancias democráticamente electas de ese supuesto país -el Presidente y los diputados- ante las intenciones de manifestantes que suman una pequeñísima minoría?
Ante ese cúmulo de circunstancias, el consejo a las autoridades de ese supuesto país seria que el proyecto de ley no se retirara, sino más bien que se votara cuanto antes.
¿Si efectivamente existiera un país con esa situación fiscal y de deuda, y no se aprobara el proyecto de ley, qué alternativas existirían?
Existirían dos alternativas adicionales para reducir el déficit fiscal:
2.Eliminar la construcción de obras por parte del gobierno, congelar los salarios nominales de sus empleados, despedir un buen número o una combinación de las tres. Si se escogiese este camino, en el corto plazo los primeros que sufrirían serían los empleados públicos; en el mediano plazo toda la población.
3.No hacer nada. En este caso las tasas de interés, el tipo de cambio, la inflación y el desempleo en ese supuesto país se elevarían sustancialmente. Si se escogiese este camino, en el corto y en el mediano plazo, sufriría toda la población de ese país.

Estoy seguro que si existiese un país con la situación fiscal y de deuda publica que tiene este país hipotético, preferirían la alternativa que ofrece el plan fiscal y jamás se inclinarían por las rutas 2 o 3.
Esto se puede afirmar bajo el supuesto de que el liderazgo político, social y sindical de ese país es racional y toma posiciones de acuerdo al bienestar de sus habitantes. Por el contrario, si en ese país existiesen muchas personas en posiciones de dirigencia que quisieran un caos, con el fin, por ejemplo, de crear condiciones para una revolución tipo Venezuela, o para justificar la privatización del Estado, podrían llegar a optar por una solución como la 3.
Pero el fracaso de modelos populistas, las consecuencias sociales del neoliberalismo privatizador y las dosis de racionalidad que tienen la mayoría de las personas, han causado que casi no existan países donde ese tipo de lógica logre imponerse.
Por lo anterior, esta narración es totalmente superflua. Han perdido el tiempo al leerla. Por una parte, no es literariamente placentera porque no soy escritor. Por la otra, la extensión de la misma para poner en el tapete las alternativas 2 y 3 la hacen innecesariamente larga, pues prácticamente no hay sociedades que ante la hipotética situación de ese supuesto país rechacen la alternativa ofrecida por el proyecto de ley de reforma fiscal.