São Paulo / Brasilia. Jair Bolsonaro, el presidente electo, aún convaleciente de un atentado que sufrió en campaña, estuvo en silencio y recluido en su casa de Río de Janeiro mientras su equipo anunciaba que las reformas económicas son la prioridad –empezando por las pensiones y las privatizaciones-- y que sus primeros viajes serán a Chile, Estados Unidos e Israel. Bolsonaro adelgazará el gabinete menos de lo inicialmente anunciado pero sí mantiene los planes de nombrar ministros a varios generales retirados, incluido su vicepresidente.

Comienza la transición hacia un gobierno liderado por un nostálgico de la dictadura tras cuatro gobiernos progresistas del Partido de los Trabajadores y uno de centroderecha.

Ganó con holgura por un 55% contra el 44% del petista Fernando Haddad, con promesas de mano dura contra el crimen y de reformas para liberalizar la esclerótica economía. El presidente Donald Trump habló con ultraderechista tras la victoria. “Acordamos que vamos a colaborar en comercio, (asuntos) militares, ¡y todo lo demás!”, tuiteó el mandatario estadounidense. Hace dos años Bolsonaro felicitó en un tuit al magnate tras su inesperada victoria con un profético “en 2018 Brasil seguirá el mismo camino”.

Bolsonaro pretende marcar las diferencias desde la propia formación de gobierno

Aunque anunció que reduciría los ministerios a la mitad, las presiones recibidas en las últimas semanas le han llevado a matizar los planes. Los 29 actuales se quedarán en unos 18, y no en los 15 que pretendía. Lo más probable es que Medio Ambiente no se fusione con Agricultura, algo que no convencía a los ambientalistas ni al sector agroganadero, ni Industria y Comercio, a Hacienda.

La Bolsa recibió al presidente que tomará posesión en enero con un alza del 2,7% para luego reducir ese ímpetu. En plena noche electoral, Paulo Guedes, que será el zar económico del gobierno Bolsonaro, confirmó que su foco es la reducción del déficit primario, con la vista puesta en privatizaciones, que pretende acelerar, y la reforma de las pensiones, prevista para 2019.

“El primer gran tema serán las pensiones”, declaró otro futuro ministro, Onix Lorenzoni. Esta última es una misión que los gobernantes brasileños saben hace tiempo que es ineludible pero que hasta ahora ha sido imposible llevar a cabo. “Vamos a tener que reducir los privilegios”, advirtió Guedes. “El segundo será el control de gastos públicos, los intereses de la deuda", añadió Lorenzoni lanzando música a los oídos del mercado financiero.

Existe un voto de confianza claro de los inversores a corto plazo sobre la calidad de Guedes, explica Pablo Spyer, de la correduría Mirae, que trabajó con Guedes y avala su fama de genio. “Pero ahora es la hora de la verdad. "Después de una elección agresiva, se ven factores externos, como el alza de interés en Estados Unidos, la crisis fiscal italiana, la guerra comercial entre Estados Unidos y China”, dice este analista.

El equipo que ha elaborado la estrategia de los seis primeros meses de gestión prevé que los militares encabecen de tres a cinco ministerios en el Gobierno liderado por este capitán del Ejército, en la reserva desde los ochenta. Decenas de otros militares de rangos inferiores también se preparan para tomar posesión en la administración.

Si estos planes se confirman, será la primera vez desde el fin de la dictadura (1964-1985) que tantos militares tengan voz de mando en la cúpula. El vicepresidente de Bolsonaro, Hamilton Mourão, era general de cuatro estrellas hasta febrero. Y Augusto Heleno, que comandó a los cascos azules de la ONU en Haití en 2004, será ministro de Defensa; el segundo militar en el puesto tras el actual desde el regreso de la democracia.