Aunque suena difícil creerlo, el señor presidente dijo que con los cambios se procura que los costarricenses ingieran alimentos más saludables, excusa risible de Alvarado para defender una decisión que no se sostiene ni con palillos chinos reforzados con cemento importado.

Esta decisión se suma a otras del gobierno PLUSC-PAC de ensañarse sin contemplaciones con la clase trabajadora del país, sobre todo la del sector público, a la que responsabilizan del vaciamiento de las arcas del Estado con argumentos amañados de salarios y pensiones de lujo, la evasión fiscal de la señora peluquera del barrio, del pulpero de la esquina o de la madre cabeza de familia que improvisó una ventanita para la venta de tacos y gallos de salchichón.

La realidad es que las promesas de campaña de Carlos Alvarado y su equipo de lujo, incluido un vicepresidente, “dizque” líder sindicalista, y otras luminarias con conciencia social, en su afán de ganar la última elección presidencial empeñaron a la clase trabajadora a los sectores políticos de la más recalcitrante derecha y a las cámaras empresariales; a cambio de no tocar ni uno solo de los privilegios que disfrutan las contrapartes en este pacto partidario-empresarial.

No hay que tener un posgrado en una universidad británica para saber que el vaciamiento de las arcas estatales es responsabilidad de la clase política que durante décadas se ha recetado privilegios; así como de las grandes empresas que sostenidamente han eludido y evadido sus responsabilidades tributarias, en contubernio con altos funcionarios ministeriales que condonan deudas escandalosamente millonarias de consorcios mediáticos, agrícolas, industriales y comerciales del país, a cambio de recibir migajas.

Tampoco es necesario tener una especialización en desarrollo humano para saber que en la medida que un pueblo cuyo gobierno no apueste por la equidad en la distribución de la riqueza estará caminando a la confrontación social. Aunque siempre queda como recurso para contrarrestarla impulsar proyectos de ley para criminalizar la protesta y la huelga, únicos medios a los que han arrinconando a la clase trabajadora ante los gobiernos sordos y ciegos de las últimas décadas.

Carlos Alvarado y su pacto con el PLUSC, estos últimos los verdaderos gobernantes de turno, deben catalogarse sin titubear como una vil traición a los principios por los que una multitud de votantes dieron su adhesión al Partido Acción Ciudadana y a su fundador Ottón Solís Fallas, que vestido con ropajes de partido progresista y de cara a la ciudadanía, se lanzó a la lucha política para hacer las cosas diferentes, de propugnar un cambio. La realidad ha desnudado al PAC de esos ropajes, que claramente eran prestados y cada día apesta más a la derecha económica que aguardaba silenciosa mientras lograba asestar los golpes a los bolsillos de la clase trabajadora, mientras ellos siguen engrosando sus cuentas “off shore” y continúan impunemente y con argucias legales presentando sus declaraciones del Impuesto de la Renta en cero o con pérdidas.

En este concierto de mentiras, también da vergüenza escuchar al Superintendente de Pensiones haciendo eco de los “privilegios” de trabajadores que con honestidad se ganaron el derecho a tener una pensión digna, cuando Alvarado y la clase política que le habla al oído, saben quiénes son los verdaderos privilegiados de este país, ellos saben quiénes están en ese mínimo porcentaje de sus amigos que obtienen pensiones de lujo por las que nunca cotizaron y que están desangrando los fondos de pensiones.

Y más vergüenza debería darle a esos políticos hablar de justicia social cuando son ellos y sus vasallas camarillas las que se embolsan salarios que serían la envidia de cualquier presidente de alguna república latinoamericana, africana e incluso altos funcionarios del gobierno estadounidense. Pero, insistimos -y es ironía- todos éstos no son los responsables de la crisis fiscal, sino la costurera, la peluquera, el agricultor y hasta las microempresarias artesanas.

Mientras llegue el “verdadero” cambio, para paliar el saqueo de los bolsillos de los trabajadores habrá que comer menos brócoli, que ahora pasó a la categoría de insalubre, echarle menos apio a la sopa y tomarse un batido de fresa cuando sobre la plata.

(* Periodista y activista de Derechos Humanos. periodista.eduardomuñoz@gmail.com)