No hay tal divorcio, porque nunca estuvimos casados, dice Avendaño.
No hay tal divorcio, porque nunca estuvimos casados, dice Avendaño.

Lo visible ahora: varios presuntos proveedores y colaboradores de dicha campaña han presentado facturas que suman más de 300 millones de colones, a los que el directorio de la agrupación les ha negado el pago, alegando que nunca se firmaron contratos de conformidad con las normas del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE).

Uno de ellos es el jefe de campaña, Juan Carlos Campos, quien demanda el pago de 174 millones de colones por “asesoría estratégica y logística, producción de eventos, desarrollo de contenidos, estrategia de comunicación y uso de imagen”.

La empresa Crescendo Mercadeo y Publicidad, del cantante Luis Alonso Naranjo, primo de Fabricio Alvarado, demanda el pago de ¢115,5 millones por la producción de videos y fotografías, la composición de la canción de campaña, la realización de Facebook lives y el manejo de la agenda del candidato, entre otros rubros.

Finalmente, la empresa Opol Política C y C reclama 18 millones de colones por la realización de encuestas de intención de voto, que solo pasadas las elecciones se hizo público que habían sido contratadas por el PRN o, al menos, por el equipo de campaña de Alvarado.

El presidente del PRN y jefe de su fracción legislativa, Carlos Avendaño, asegura que no se pagará ni un centavo de esas facturas porque las contrataciones se hicieron de manera irregular, utilizando una estructura paralela al partido, por lo cual afirma que pondrá una denuncia ante el TSE a efecto de que se sienten responsabilidades por la eventual comisión de delitos electorales.

Hasta aquí, de manera sucinta, los hechos ventilados en varios medios de prensa. Pero detrás de lo que no son más que vestigios del naufragio hay una historia truculenta que no ha sido contada y que explicaría en gran parte lo que está sucediendo. La información ha sido facilitada a Informa-tico.com por personas que, pese a que estuvieron de lleno en la campaña de Fabricio Alvarado, no tienen compromiso partidario ni interés de polemizar con ninguna de las partes, por lo cual pidieron el anonimato. Pese a provenir de diferentes fuentes, los datos aportados son plenamente coincidentes.

 

1.  Esta mula es mi macho. Lo primero que se debe entender es que el Partido Restauración Nacional tiene un liderazgo único con nombres y apellidos. Se llama Carlos Avendaño. El es quien diseñó la estrategia de usar el potencial de un sector de las iglesias evangélicas para la formación de un partido político, fue el fundador de dicho partido y controla prácticamente todos sus organismos, desde la base hasta la dirigencia.

El PRN no es, afirman los entendidos, un partido político en sentido estricto, con estructuras democráticas bien asentadas, tendencias y cuotas de poder repartidas y todo lo que ya sabemos, sino un movimiento de base religiosa que funciona bajo una lógica de verticalidad implacable.

2. Un candidato sin poder. A Fabricio Alvarado, como él mismo afirma, prácticamente le cayó del cielo la candidatura presidencial. No fue resultado de una lucha interna de tendencias ni cosa por el estilo, sino que ante el retiro de quien ya había sido designado para jugar ese papel, surgió el nombre del cantante y ahora ex diputado como sacado del sombrero.

En el contexto de la pre campaña, la candidatura presidencial no parecía algo relevante pues el PRN era una agrupación pequeña, con un solo diputado en la Asamblea Legislativa, y nadie podía -ni con el concurso de todos los profetas- vaticinar el crecimiento que experimentó en cuestión de semanas, producto de una coyuntura muy peculiar.

Después de la primera ronda electoral, cuando el PRN eligió 14 diputados y Fabricio obtuvo poco más del 24% de los votos, perfilándose como un muy posible ganador, las cosas cambiaron radicalmente.

3. Tres mil millones de razones. “Cuando yo me acerqué a trabajar en la campaña, después del 4 de febrero, muy rápidamente supe que ese proyecto iba al fracaso”, afirma una de las fuentes consultadas. “La división era clarísima y el motivo de la misma también: los 3.000 millones de colones de financiamiento estatal a los que el PRN ya se había hecho acreedor con solo el resultado de la primera ronda”.

Según esta fuente, desde el inicio de la campaña para la segunda vuelta, Carlos Avendaño dejó explícitamente clara su determinación: ni un centavo para Fabricio Alvarado, es decir, para la campaña por la presidencia. Ese es el motivo por el cual Avendaño no suscribió ni permitió que suscribieran contratos escritos. “Es un gesto de cinismo venir a denunciar ahora que existía una estructura paralela para financiar la campaña, cuando el partido le cerró todos los caminos al candidato, lo dejó solo política y financieramente”, estimó.

“A mi juicio, Avendaño, no tenía el más mínimo interés en que Fabricio Alvarado fuera presidente”, asegura otro de los informantes. “Las razones de fondo que tuviera este señor no las conocemos, pero yo manejo tres hipótesis.

Una, en el escenario más altruista, es que desconfiara de la capacidad de Fabricio Alvarado para dirigir el país y temiera que el PRN terminara arrastrando la responsabilidad de un desastre político.

La otra, que presupone una intención más egoísta, es que considerara injusto que otro (y no él, el fundador y dueño del partido) se llevara el premio gordo (la presidencia) sin haber hecho mayor cosa para lograrlo.

“La tercera hipótesis es que Avendaño haya hecho números y concluyera que los 3.000 millones de la llamada deuda política podían tener un destino mas promisorio que apostados a la ruleta rusa de la presidencia”.

A la postre, la explicación podría ser una mezcla de estas tres hipótesis”, concluyó el observador.

El caso es que la campaña de Fabricio Alvarado se financió en gran parte con aportes que hacían entusiastas electores, ya fuera en especie o con dinero en efectivo o con trabajo militante.

4. Boicot activo. El conflicto entre Avendaño y el comando de Alvarado fue subiendo de tono durante los dos meses de la campaña, hasta llegar a una total ruptura.

El mismo Avendaño ha reconocido esta situación al afirmar, en una conferencia de prensa este lunes, que  "no hay divorcio con la campaña de Fabricio, porque nunca hemos estado casados".

La situación llegó al punto en que la estructura formal del PRN se retiró de todas las actividades proselitistas: mítines en los pueblos, visitas del candidato, debates en los medios de comunicación.

“Algunas actividades las lográbamos llenar un poco con gente de otros partidos, de Liberación Nacional, de la Unidad Socialcristiana y del PIN que apoyaban a Fabricio y con simpatizantes del PRN que no tenían nada que ver con la estructura”, afirma una de nuestras fuentes.

El día de las elecciones, miles de delegados del PRN (aproximadamente el 50%) incumplieron el compromiso que habían adquirido de actuar como delegados en las mesas de votación, lo cual fue ampliamente divulgado por la prensa. Grandes cantidades de banderas y otros signos externos quedaron sin uso, encerrados en locales, mientras los activistas clamaban por ellos para satisfacer la demanda de los votantes.

El PRN de Avendaño fue, según los observadores cercanos, un adversario tan fuerte del candidato como el Partido Acción Ciudadana (PAC), con el cual competía por la presidencia.

5. Decisiones erráticas. Finalmente, las fuentes destacan la falta de experiencia del candidato del PRN, que lo llevó a tomar decisiones que, a la postre, dieron al traste con su intención de ganar la presidencia.

Una de ellas fue haber colocado como jefe de campaña a una persona que tenía aun menos experiencia que él mismo, un empresario organizador de conciertos que, según nuestros informantes, “no tenía la menor idea de lo que estaba haciendo” y no fue capaz de mover las voluntades de la dirigencia del partido, mucho menos la de Avendaño.

“Ahora, Campos reclama un pago de 174 millones por hacer lo que cualquier jefe de campaña haría, lo cual es poco común ya que las personas que asumen esa tarea en las campañas electorales lo hacen a cuenta y riesgo propios”.