Andrés Manuel López Obrador, candidato de la coalición Juntos Haremos Historias.(Créditos: Foto AFP)
Andrés Manuel López Obrador, candidato de la coalición Juntos Haremos Historias.(Créditos: Foto AFP)

Andrés Manuel López Obrador, candidato de la coalición Juntos Haremos Historias, integrada por tres partidos, arrasó en los comicios presidenciales celebrados este domingo en México.

La tercera fue la vencida. Andrés Manuel López Obrador, candidato de la coalición Juntos Haremos Historias, integrada por tres partidos, arrasó en los comicios presidenciales celebrados este domingo en México. Un resultado que despierta renovadas expectativas en un país donde dos partidos cada vez más conservadores, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido de Acción Nacional (PAN), se habían repartido el poder en los últimos 90 años.

La perspectiva de un triunfo de López Obrador, que las encuestas indicaban con claridad y que se confirmó en las urnas, se definió temprano en la noche. Sus dos rivales más cercanos, el oficialista José Antonio Meade y el candidato del PAN, Ricardo Anaya, reconocieron muy pronto el abrumador triunfo de López Obrador, con más de 50% de los votos.

No se tenían todavía resultados oficiales significativos, pero se esfumaban así las especulaciones sobre eventuales fraudes que marcaron sus dos candidaturas anteriores.

“La ciudadanía quería un cambio”, dijo Anaya en su discurso reconociendo el triunfo de López Obrador. El desafío ahora es saber hasta dónde podrá el candidato ganador promover esos cambios.

Una posibilidad que depende en parte de los resultados del Congreso, tanto de la cámara, integrada por 500 diputados, como del senado, con 128 miembros. Un congreso que tendrá, en todo caso, una mayoría de Morena, el principal partido de la coalición ganadora, y que reflejará también la debacle del PRI, partido que controló la política mexicana en los últimos años.

No se conocían aun las cifras finales, pero se estimaba que podría alcanzar más de 32 millones de votos, convirtiéndose así en el presidente más votado en la historia del país, con más del doble de los votos obtenidos en las elecciones pasadas. En todo caso, alcanzó cerca de 53% de los votos, según las primeras estimaciones oficiales. Muy por encima de todas las encuestas y de la votación de sus rivales.

Del mismo modo, su partido, el Morena, podría alcanzar casi la mayoría absoluta. Las primeras estimaciones eran de más de 235 diputados. También arrasaba en las gobernaturas, un verdadero tsunami político en México que cambiará el escenario del país a partir del 1° de diciembre próximo, cuando asumirá la presidencia.

México eligió también gobernadores de nueve de sus 32 estados, entre ellos los de Jalisco y Veracruz, y el jefe de gobierno de la ciudad de México, tres de las entidades más pobladas del país. En 23 estados se elige también los congresos locales.

Desafíos

El triunfo de López Obrador es consecuencia de la situación política y social del país. Gilberto López y Rivas, columnista habitual del periódico La Jornada, fue quien calificó de “guerra social de exterminio” el contexto en que se llevaron a cabo los comicios.

Las cifras son asombrosas. Desde que el presidente Felipe Calderón (2006-2012) declaró la guerra contra el narcotráfico, las ejecuciones extrajudiciales rebasaron las 200 mil en México.

En el pasado mes de junio, afirma López y Rivas, se registró la cifra más alta de homicidios de los últimos 20 años: 2.234 personas fueron “ejecutadas extrajudicialmente” y 114 candidatos a cargos de elección popular fueron asesinados, lo mismo que 110 periodistas, asesinados en el país en este siglo. A eso hay que sumar una cifra aproximada de 40 mil desaparecidos, entre ellos los 43 estudiantes de Ayotzinapa, una masacre ocurrida en setiembre del 2014 y nunca debidamente aclarada.

Una violencia vinculada a las actividades del narcotráfico que, junto con el problema de seguridad y la presencia beligerante de Donald Trump en la Casa Blanca –con sus políticas contra la inmigración, sobre todo mexicana, y la agresiva propuesta de construcción de un muro fronterizo–, ha contribuido al triunfo de López Obrador, como escribió Ariel Goldstein en el periódico argentino Página 12.

La importancia de las políticas de Trump en el resultado electoral es destacada por diversos analistas. Tom Philips apunta en esa dirección en un artículo publicado en el británico The Guardian.

Algunos analistas estiman, afirma Philips, que el triunfo de López Obrador se habría visto favorecido por los intentos de Trump de intimidar a los dirigentes mexicanos tanto en materia de inmigración como de comercio.

Las iniciativas en materia de inmigración son bien conocidas, con iniciativas extremas como las que separan a niños pequeños de sus padres, sumados a una continuada política de expulsión de inmigrantes, muchos con una larga estadía en los Estados Unidos, que ya se aplicaba durante la administración de Barack Obama.

En materia de comercio, Trump ha reiterado su intención de revisar las disposiciones del Tratado de Libre Comercio que Estados Unidos firmó con México y Canadá, generando tensiones con los dos países.

Corrimiento a la derecha

López Obrador fue jefe de gobierno de la Ciudad de México entre 2000 y 2006. Entre las medidas durante su mandato que la ciudadanía recuerda con simpatía están el establecimiento de una pensión universal para los ancianos y un sistema para entregar material escolar gratuito a los estudiantes de educación básica.

Pero durante la campaña se hicieron diversos señalamientos sobre lo que Luis Hernández Navarro, analista de La Jornada, llamó, en diciembre pasado, “corrimiento a la derecha” de López Obrador.

Hernández escribía al conocerse que Víctor Villalobos, “operador político de las grandes consorcios agroindustriales y promotor de los transgénicos”, sería el futuro titular de la Secretaría de Agricultura en un eventual gobierno del ahora presidente electo:

“Víctor Villalobos es ajonjolí de todos los moles políticos. Lo mismo del PRI que del PAN, y ahora de Morena. Fue consultor externo y empleado de Monsanto, y consejero del Grupo Pulsar, del que formaba parte Seminis, gigante de los transgénicos y controladora del mercado mundial de semillas, hasta su venta propiedad de Alfonso Romo, el coordinador del Proyecto de Nación 2018-2024 de López Obrador”.

Ocupó cargos públicos en todos los gobiernos del PAN, incluida la subsecretaría de Agricultura con Vicente Fox.

El Proyecto de Nación de López Obrador, escribió Hernández, coordinado “por Alfonso Romo, en su momento defensor de Augusto Pinochet, tiene muchas propuestas que poco tienen que ver con la izquierda, y, que, incluso, parecen sacadas de la política de seguridad democrática de Álvaro Uribe”.

Su coordinadora de campaña, Tatiana Clouthier, es hija de Manuel Clouthier, candidato presidencial del Partido Acción Nacional (PAN) en 1988, partido en el que su hija militó hasta 2005.

Su otro gran aliado es el expresidente Ernesto Zedillo (1994-2000), del PRI. Como eventual secretaria de Gobernación aparece el nombre de Olga Sánchez Cordero, durante 20 años ministra de la Suprema Corte de Justicia, cargo al que accedió durante la administración de Zedillo.

El año pasado López Obrador incorporó a su equipo a Esteban Moctezuma Barragán, otro personaje clave durante la presidencia de Zedillo, en cuyo gobierno se desempeñó como secretario de Gobernación y de Desarrollo Social.

“Los acuerdos a los que habría tenido que llegar con el capital financiero internacional, a través de Ernesto Zedillo, limitarán su margen de acción en materia económica”, señaló el analista Alberto Carral.

También causó polémica la coalición formada con el Partido Encuentro Social (PES), de raíces evangélicas, afirmó José Luis Berlanga, experto en teoría política de la Universidad de Monterrey (UDEM), en declaraciones a la BBC.

Al explicar las razones del triunfo de López Obrador, Berlanga lo resumió así: “Esta vez planteó un movimiento ‘atrapa-todo”.

(Créditos: Foto AFP)