Río 2016: el problema de llevar las Olimpiadas a un país en trance y con dos presidentes

En su era moderna, las Olimpiadas ya llegaron a ciudades sacudidas por crisis económicas, confusión política o problemas irresueltos. Pero ahora Río de Janeiro inaugura las suyas con todo eso junto, en un país en trance y con dos presidentes a la vez.
El contraste entre las imágenes elaboradas y agradables con que se promocionan los Juegos y lo que ocurre en las calles de Río creció en las horas previas a la ceremonia de apertura este viernes en el estadio de Maracaná.

Los imponentes espectáculos de inauguración y cierre de las Olimpiadas costarán US$85 millones a las arcas públicas, informó el gobierno interino de Brasil el jueves, mientras la estatua del Cristo de Corcovado en Río era iluminada en verde y amarillo para la fiesta.
Pero el mismo jueves fue interrumpido el recorrido de la antorcha olímpica por la región metropolitana de Río, cuando manifestantes tiraron piedras y la policía reaccionó lanzando balas de goma que hirieron a una niña de 10 años.
Para este viernes nuevas protestas callejeras fueron convocadas, que aunque no sean masivas son la expresión más nítida de lo que muchos en Brasil sienten al recibir los Juegos en tiempos de recesión, cortocircuitos políticos y escándalos de corrupción.
Para 63% de los brasileños estas Olimpiadas traerán más perjuicios que beneficios, indicó una encuesta de Datafolha hace menos de un mes. 
“La simbología de los Juegos está bien, pero la situación política de Brasil… Es medio complicado hacer esta Olimpiada ahora", reflexiona Yasmin Machado, una profesora de historia de 22 años que camina por la zona sur de Río este viernes de feriado olímpico.
“Es un momento muy inestable, no solo económica sino políticamente, con el país en crisis”, agrega. “No imaginaba que iba a haber un impeachment (presidencial) y que iban a colocar a un gobierno a la derecha. No imaginaba que fuéramos a estar en esta inestabilidad".
Siete años
De hecho, resulta extraño pensar que este es el mismo país que hace siete años se entusiasmó con la decisión de permitir a Río albergar los Juegos de 2016.
“Hoy es un día para celebrar, porque Brasil dejó de ser un país de segunda clase y entró en el nivel de primera clase”, dijo en aquel momento el entonces presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva.
Brasil era una verdadera potencia emergente, su pujante economía iba rumbo a ser la sexta mayor del mundo y más de 30 millones de personas salían de la pobreza.
Pero ahora el gigante sudamericano se hunde, crece el desempleo y Lula va a juicio, acusado de obstruir la investigación del inmenso esquema de corrupción en la petrolera estatal Petrobras.
Además, Dilma Rousseff, sucesora y correligionaria de Lula, fue suspendida en mayo en un proceso de impeachment por presunto maquillaje presupuestal.
Está previsto que el Senado resuelva la próxima semana, en pleno desarrollo de las Olimpiadas, si Rousseff irá a un juicio político que podría acabar antes de fin de mes con su destitución.
Así, al frente de la ceremonia inaugural de los Juegos este viernes en el Maracaná estará el presidente interino, Michel Temer, a quien Rousseff acusa de dar un “golpe” e impulsar una agenda conservadora sin aval de las urnas.
Y todo esto plantea una cuestión inusual a la organización de las Olimpiadas: ¿cómo contemplar a dos presidentes simultáneos del país anfitrión, ambos impopulares y enfrentados entre sí?
La tribuna
Para disimular probables abucheos en su contra, Temer hablará apenas unos segundos en el Maracaná declarando abiertos los Juegos y se ha previsto manipular el sonido ambiente, informó el diario Folha de S.Paulo.
En el recorrido de la antorcha por Río esta semana algunos manifestantes exhibieron la frase “Fuera Temer”, pintada incluso en las nalgas de uno que se bajó los pantalones.
Rousseff, que fue abucheada durante la apertura del Mundial de fútbol 2014, negó que sea de su “mayor preocupación” la posibilidad de que ahora le pase lo mismo a su exvicepresidente.
Pero durante una entrevista con BBC Mundo la semana pasada, indicó que ella estará ausente en el estadio de Río, para evitar quedar en una posición secundaria respecto a Temer, disconforme con el lugar que le asignaron los organizadores.
“Estar disputando quién es la autoridad dentro del Maracaná es lo que daría una mala señal, para mí también”, dijo. “Mi lugar era en la tribuna de honor, no sólo por ser presidenta: porque en esto (de las Olimpiadas) quien trabajó fui yo”.

“No es fácil”
Nada de esto estaba previsto que ocurriera cuando Brasil ganó en 2009 la carrera para realizar los primeros Juegos Olímpicos de la historia en Sudamérica.
En lugar de la imagen de pujanza que el país quería exhibir en aquel momento, Río es hoy una cara visible del desplome brasileño.
La crisis en Petrobras, que tiene su sede en esta ciudad, y la caída de los precios del petróleo menguaron las arcas del gobierno de Río, que en junio declaró la “calamidad pública” por falta de dinero para pagar la seguridad, salud, educación y transporte.
El gobierno de Temer destinó de apuro unos US$890 millones al estado de Río para pagar salarios atrasados de policías.
Pero ni ese dinero ni los más de 80.000 militares y policías enviados a Río para las Olimpiadas pueden garantizar por completo la seguridad en una ciudad donde han aumentado los crímenes violentos.
En vísperas de la inauguración de los Juegos, la delegación de baloncesto masculino de China fue sorprendida por un tiroteo al salir del aeropuerto de Río el miércoles, al pasar al lado del complejo de favelas de Maré. No se registraron víctimas, pero sí hubo susto y sorpresa.
Un total de 45 jefes de estado llegan a Río para asistir al inicio de estas Olimpiadas. Serán 25 menos que en Londres 2012 y 35 menos que en Pekín 2008, y la situación interna de Brasil parece haber influido en esa baja.
La venta de entradas también ha sido menor a lo esperado: el miércoles todavía había 1,2 millones sin vender. Y pese a que se esperaba la llegada de medio millón de turistas, aun hay hoteles con cuartos disponibles en Río.
Para aliviar el siempre congestionado tránsito de Río, fueron decretados feriados el jueves y viernes.
El alcalde de Río, Eduardo Paes, llegó a pedir a los ciudadanos que este viernes permanezcan en sus casas o cerca, para evitar trastornos antes de la ceremonia del Maracaná a las 20:00 horas locales, a la que irán 12.000 atletas, 45.000 espectadores y 5.000 voluntarios.
Para algunos cariocas el fin de semana largo puede ser una invitación a disfrutar de los Juegos comiendo un asado y bebiendo una cerveza “gelada”. Pero es probable que para otros el pedido de Paes afirme la sensación de que estas Olimpiadas no están destinadas exactamente a ellos.
De todos modos, en las calles de Río se ven este viernes personas con la camiseta de Brasil y bares con la bandera nacional, a la espera de los Juegos.
Quizá el entusiasmo crezca cuando arranquen las competiciones en esta ciudad apasionada por el deporte, sobre todo si Brasil se aproxima al objetivo de entrar entre los 10 mayores medallistas.
Pero el empate a cero con sabor a derrota de la selección anfitriona de fútbol olímpico en su debut del jueves, ante Sudáfrica, decepcionó a muchos brasileños que aguardan el inédito oro para su país en el deporte nacional por excelencia.
El revés revivió los fantasmas del último Mundial, cuando Brasil fue eliminado en semifinales con la humillante goleada 7-1 de Alemania.
"Esto no es fácil", advirtió Neymar, el astro de la selección verdeamarela, tras el debut del jueves. Una noción que seguramente comparte la mayoría en su país, y no solo en relación al fútbol.