El presbítero Miguel Picado Gatjens, expone una perspectiva que incluye conceptos de la iglesia Católica sobre la justicia social.
El presbítero Miguel Picado Gatjens, expone una perspectiva que incluye conceptos de la iglesia Católica sobre la justicia social.

También he referido que el derecho a la sindicalización fue aprobado por el papa León XIII en su encíclica Rerum Novarum de 1891 y que el obispo de San José, Bernardo A. Thiel, dos años después, en su carta pastoral sobre el Justo salario, dice que “los obreros y artesanos tienen el derecho de formar entre ellos sus propias asociaciones y juntar sus fuerzas de modo que puedan animosamente libertarse de la injusta e intolerable opresión”; y he recordado que la Iglesia fundó sindicatos.

He expresado asimismo que en los países europeos donde campean los mejores regímenes democráticos, los sindicatos forman parte del entramado socio-político como algo del todo normal.

Todo dicho viendo caras de molestia entre algunos participantes de las eucaristías, con la aprobación manifiesta de otros y la perplejidad de la mayoría, reacia a entender que nada hay más espiritual que la justicia social y que por eso es legítimo hablar en la misa de las condiciones laborales.

Tales antecedentes, que no son gran cosa, pueden dejar en claro mi simpatía, hija de mi manera de comprender la fe cristiana, por los movimientos populares, entre ellos los sindicatos. Sin embargo, ante la presente huelga tengo reservas sobre el sentido de realidad, es decir, de sensatez, de los dirigentes sindicales.

1. El desprecio por la imagen que ofrecen a la opinión pública. Lo sensato hubiera sido hacer excepción de las salas de cirugía, en vez de causar un daño a la salud de centenares de personas que debían ser intervenidas en los quirófanos. Tenían que haber hecho excepción, también, de los comedores escolares, porque los niños no tienen que pagar con hambre las luchas sociales. Esas simples precauciones, dictadas por un sencillo sentido de humanidad, habrían ganado complacencia en las gentes que dicen representar. Pero actuaron con la misma insensibilidad de los huelguistas del Poder Judicial quienes amos de las morgues, impidieron la entrega de los difuntos a sus parientes; así concitaron el aborrecimiento general. En la actual huelga se sigue abusando de los bloqueos en las carreteras, sin darse cuenta de que eso los hace odiosos. Es un recurso que se debe usar con mucho tino. La dirigencia debe ser consciente de lo peligroso que resulta empoderar a individuos, sobre los que tienen poco o ningún control, autorizándolos para cerrar vías públicas. Según percibo en los ambientes donde me muevo, que incluyen celebraciones en barrios marginales, de clase media baja y mis amigos en Internet, la gran mayoría de los costarricenses repudia los intentos de entorpecer la distribución de combustibles y el gas de cocinar, y también dañar las instalaciones de RECOPE, propiedad del país, no a los huelguistas. Se perjudicó a los comercios que viven del turismo de los cruceros. Vi por televisión, en un restaurante, las tomas del inexcusable irrespeto contra el presidente Alvarado. Las muestras de repudio hacia los agresores fueron airadas y unánimes. Todo lo anterior, y dejo sin mencionar varios otros dolorosos eventos, ha causado en la ciudadanía un creciente desprecio contra el sindicalismo, cuyos efectos se verán de manera lenta pero sostenida durante los próximos años, ojalá no muchos, pues este desastre puede ser irreversible.

2. La arrogancia de algunos líderes. Es cierto que los casos de corrupción de los empresarios-políticos y de los políticos-empresarios son nauseabundos, pero es un grosero error de la dirigencia sindical creerse los depositarios, como por derecho divino, de ese descontento y que lo pueden canalizar para sus intereses. También se creyeron lo masivo de las manifestaciones y marchas, como si no supieran lo que les costó, en organización y dinero, aglomerar simpatizantes de muchos lugares del país en el centro de la capital. Olvidaron que sus organizaciones cobijan prácticamente solo empleados de las empresas estatales y que no las respaldan quienes laboran en las empresas privadas, el 84 % de los trabajadores, sin contar los informales. Es cierto que el pueblo se levantó contra el llamado Combo ICE en el 2000, pero no haber percibido las diferencias entre aquella y esta situación indica la debilidad de análisis de la dirigencia sindical.

3. La gente común y corriente va perdiendo la paciencia. Los dirigentes se valen de que tienen organizada a su gente, (que va disminuyendo) mientras el resto de la población permanece como fuerza difusa, lo que no necesariamente durará por siempre. En cualquier momento puede surgir un líder que movilice contra los bloqueos. Muchas personas piden que el Gobierno actué con fuerza; dicho en plata blanca: que reparta garrote. Hay que reconocerle a Carlos Alvarado su ecuanimidad.

Conclusiones

En río revuelto ganancia de pescadores y de pecadores. Me temo que la insensatez de los jefes sindicales propicie la privatización del ICE, RECOPE, INS, CCSS, AyA y la BANCA NACIONAL. Se aprovecharía la crisis fiscal como pretexto excelente. Los privatizadores ya se frotan las manos. Se venden (o malbaratan) esas instituciones disque para eliminar el déficit fiscal porque además, como los dirigentes sindicales se han encargado de evidenciar, no están seguras en manos del Estado, pues los sindicatos las socaban desde adentro.