La investigación la realizaron en setiembre pasado los científicos Jason O’Bryhim, de  la Universidad George Mason de Virginia y Stacey Lance del Laboratorio de Ecología de de la Universidad de Georgia, con muestras de 15 pescaderías de San José y Heredia.

"Es muy preocupante encontrar que las muestras para tres especies analizadas excedieron los lineamientos de salubridad de los EEUU. Los tiburones sedosos son motivo de preocupación especial ya que constituyen el 70% de todos los tiburones vendidos al público, y algunas de los muestras analizadas sobrepasaron con creces al umbral de salubridad de los EEUU", señaló O’Bryhim.

Las muestras de martillo liso contenían un promedio de concentración 3,5 mayor al límite recomendado por las autoridades sanitarias de Estados Unidos, mientras que las de punta negra alcanzaron un promedio de 2,5 por encima del umbral.

"Esta es tan solo una razón más por la que los costarricenses deberían reducir su consumo anual de 2.000 toneladas de carne de tiburón, la mayoría del cual se vende como "chuleta de bolillo," dijo Randall Arauz, director de Política Internacional de Turtle Island Restoration Network.

El ambientalista destacó además la importancia de reducir la presión pesquera sobre las diferentes especies de tiburón, algunas de las cuales se encuentran en peligro de extinción.

Arauz dijo que otro motivo de preocupación es que los comercios costarricenses no etiquetan los productos de tiburón por especie, por lo que es imposible para los consumidores escoger aquellas que tienen menores concentraciones de mercurio.

“La gente compra el tiburón a ciegas”, señaló.

Otro estudio reciente de la Universidad de Costa Rica encontró bajos niveles de mercurio en especies de raya y tiburón costero, pero la investigación reconoce que no hay certidumbre del grado de consumo de estas especies en el país.

No podemos esperar a que el gobierno de Costa Rica tome acciones para salvar tiburones, simplemente no hay tiempo ni voluntad política," lamentó Arauz. "Al no comer tiburón, podemos proteger tanto a la salud pública como a los tiburones, es lo correcto."

 

El mercurio se acumula orgánicamente como metilmercurio en el hígado, los riñones, el cerebro, y la sangre humana, y puede dañar el desarrollo del sistema nervioso en niños, aún en concentraciones bajas. Los efectos sobre la salud están bien documentados e incluyen defectos de nacimiento, capacidad motora reducida y otros atrasos en el desarrollo.