Ante resultado electoral: urge una agenda de acuerdos mínimos

Por Ariana Macaya - "Todos somos responsables de este resultado electoral. No resolveremos en dos meses lo que lleva décadas gestándose. Lo que podemos hacer es buscar una agenda de mínimos que nos permita evitar una total polarización. Informemos, salgamos de nuestra zona de confort, y ojalá que los candidatos hagan este esfuerzo de tender puentes, de oir a todos los que no se sienten representados por la "política tradicional" y ofrecerles soluciones realistas, sin discursos mágicos, fanatismos ni dogmas".

No, no fue la opinión consultiva de la Corte IDH, tampoco es sólo culpa del gobierno actual (que quedó debiendo en muchos temas, pero que también tuvo sus logros). Lo que se manifestó en las urnas el domingo fue el estallido de una situación que lleva décadas gestándose y de la cual TODOS somos responsables.

Es fruto, en parte, de un modelo de desarrollo que deja a muchas personas excluidas, en particular en las zonas rurales y costeras. Y a ese modelo contribuyen muchísimos factores, desde factores macroeconómicos hasta nuestra falta de planificación urbana, que fomenta el desarrollo de condominios cerrados, en donde se intensifica el fenómeno burbuja, al no tener ninguna clase de mixidad social. Creamos burbujas y ghettos, en lugar de ciudades en donde conviven diferentes clases sociales, diferentes perfiles socioeconómicos, en donde estamos en contacto directo con todos los matices de nuestra sociedad. Contribuye también nuestra decisión de mandar nuestros hijos a colegios privados, ciertamente buscando la mejor educación para ellos, pero, al mismo tiempo, perpetuando estas divisiones. 
Contribuimos también desde la Academia, al no fomentar el trabajo de campo, al no llevar a nuestros estudiantes a enfrentarse a la realidad de nuestro país más allá de la caja de resonancia que es el campus universitario.

Contribuye el que sigamos tomando nuestras decisiones macroeconómicas tratando de imitar modelos impuestos que no han funcionado, preocupándonos únicamente por datos como el PIB y la deuda (que, ciertamente son importantes), sin darle una real importancia al índice de Gini.
Contribuimos al tomar una posición de superioridad y de condescendencia frente a personas que, olvidadas por el Estado, la academia, las municipalidades, buscan nuevos espacios de pertenencia y de ayuda, y en donde las agrupaciones religiosas han sido sumamente efectivas en llenar esos vacíos. Es el no entender que es muy difícil tener un voto informado si se tiene hambre, si se tiene miedo, o si su única esperanza viene de un pastor que le vende la idea de que la prosperidad está a una curación milagrosa de distancia, previo pago de un diezmo y de su sumisión total.
¿Qué hacer? La gran mayoría de estos fenómenos no pueden solucionarse en dos meses. Pero si algo rescato de estas elecciones es que puso a la luz lo que varias personas tienen años alertando y que por soberbia, por mezquindad o ingenuidad hemos ido ignorando: no somos el país del pura vida, el más feliz del mundo. Somos una sociedad terriblemente dividida, y sólo una educación más inclusiva y una política que busque por todos los medios (planificación urbana, apoyo al sector privado, política fiscal, descentralización, apoyo a programas sociales, gestión del gasto público...) disminuir estas brechas podrán llevarnos a un mejor rumbo. Es por ello que esos son los temas que busco que se pongan en la balanza en este segunda ronda.
Dejemos por un momento la discusión sobre el matrimonio igualitario (ya es un derecho consagrado, ahora tocará implementarlo utilizando los medios que este Estado de derecho nos brinda, a pesar de una Asamblea Legislativa de conformación conservadora). Dejemos las cortinas de humo que se han creado con la "ideología de género". Busquemos, como bien lo dijo Gabriela Arguedas, una agenda de mínimos que nos permita evitar una total polarización. Informemos, salgamos de nuestra zona de confort, y ojalá que los candidatos hagan este esfuerzo de tender puentes, de oir a todos los que no se sienten representados por la "política tradicional" y ofrecerles soluciones realistas, sin discursos mágicos, fanatismos ni dogmas.