El Supremo Tribunal Federial ha suspendido el jueve pasado el mandato de Cunha como diputado y como presidente del Parlamento, por usar su cargo para protegerse de acusaciones de corrupción, pero la lista de escándalos a los que se enfrenta el diputado es mucho más extensa de lo que se ha juzgado hoy.

La última de las cuatro denuncias contra Cunha divulgada en marzo por la Fiscalía, es una radiografía de los carísimos gustos en los viajes internacionales del principal impulsor del proceso de destitución de la presidenta Dilma Rousseff. En el documento, donde se acusa a Cunha de recibir más de cinco millones de reales (1,4 millones de dólares) en sobornos, se afirma que los extractos de las cuentas secretas en Suiza del diputado demuestran “gastos completamente incompatibles como los rendimientos lícitos declarados del denunciado y sus familiares”. Gastos que, según el fiscal Rodrigo Janot, se pagaron con el dinero desviado de la petrolera estatal.

Entre las facturas de Cunha, el primer y único político imputado en el caso Petrobras por corrupción y blanqueo de dinero, llamó la atención del fiscal Janot un viaje a Miami de nueve días con la familia en la Nochevieja de 2013. Entre el 28 de diciembre y el 5 de enero, Cunha gastó 42.258 dólares, cuando el salario del diputado en aquella época era, según su declaración, de unos 8.500 dólares al mes (al cambio de 2013).

En aquellas vacaciones, la familia Cunha gastó más de 23.000 dólares solo en hospedaje, pero hubo también comidas y cenas en restaurantes de lujo cuyas cuentas superaron los 5.000 dólares. Una de las cenas en Miami Beach el día 28 de diciembre, en un restaurante de comida asiática, superó los 1.000 dólares. Al día siguiente, el diputado se fue de compras y desembolsó 2.327 dólares en la tienda Saks Fifth Avenue, que vende artículos de marcas como Fendi, Valentino o Yves Saint Lauren, y gastó otros 3.803 dólares en la tienda de lujo Salvatore Ferragamo. Salir de compras fue un plan recurrente durante ese viaje para la familia Cunha, que acumuló otras facturas de Giorgio Armani (1.595 dólares) o de Ermenegildo Zegna (3.531 dólares).

Un mes después, Eduardo Cunha viajó a Nueva York y volvió a gastar en Salvatore Ferragamo 1.175 dólares, 909 dólares en la tienda de Apple y 1.668 dólares en el restaurante francés Daniel, gerenciado por el famoso chef Daniel Boulud. La cuenta de hotel en el Hilton, el día 12 de febrero de 2013, sumó 2.761 dólares por una estancia de tres días.

Ese mismo día, Cunha viajó a Zúrich, en Suiza, donde los investigadores ya han encontrado por lo menos cinco cuentas secretas a su nombre, al de su mujer Cláudia Cruz, y al de su hija Danielle Cunha. En ese viaje, del día 12 al día 16 de febrero, Cunha gastó más de 10.000 dólares en estancias en tres hoteles diferentes.

El lujoso rastro del diputado, que se rebeló contra el Gobierno Dilma Rousseff el año pasado, cuando rompió públicamente con la presidenta, se extendió hasta París, donde gastó 2.500 dólares en un restaurante; a Barcelona, donde pagó 3.572 dólares en un hotel, y hasta a San Petesburgo, en Rusia, donde liquidó una cuenta de un restaurante de 3.000 dólares.

La lista de cinco páginas de gastos detallados en la denuncia parece no terminar nunca: 5.400 dólares en la tienda de Chanel en Nueva York en septiembre de 2013; 730 dólares en un bar de Venecia en marzo de 2014; o casi 6.000 dólares por hospedarse en un hotel en Dubai en abril de 2014.

Janot resalta que los gastos, “pagados con dinero procedente de desvíos de Petrobras”, continuaron incluso después de la elección de Cunha como presidente de la Cámara de los Diputados en febrero de 2015. Solo ese mes, las facturas suman 31.800 dólares.

 

Pérdida de mandato 

Los extractos bancarios de la hija Daniellle y la mujer de Cunha, la periodista Cláudia Cruz, que se declara “ama de casa”, son igual de estrambóticos. Cruz gastó, en enero de 2014, 7.700 dólares en la tienda de Chanel en París; más de 4.000 dólares en la tienda Charvet Place Vendôme; 2.646 dólares en Christian Dior y casi 3.000 dólares en la tienda de Balenciaga. En Roma, en marzo de 2014, compró 4.500 dólares en artículos de Prada, 3.536 dólares en la tienda de Louis Vuitton de Lisboa y otros 3.799 el mismo mes en la de Chanel, en Dubai. Solo en 2015, las facturas en tiendas de marca de la tarjeta de crédito de la mujer de Cunha suman 14.700 dólares. La hija del diputado también gastó más de 42.000 dólares en tiendas de lujo entre diciembre de 2012 y abril de 2014. Cruz y su hija, sin embargo, no son objeto de la denuncia, ya que no cuentan con el foro privilegiado del que se beneficia el diputado y deben responder, en cualquier caso, en primera instancia.

Cunha, que recurrirá la decisión contra la suspensión de su mandato, siempre ha negado todas las denuncias contra él y rechaza la acusación de que su dinero venga de la trama corrupta de Petrobras, y sí de sus actividades en el sector privado. La explicación del diputado para mantener que esas cuentas no son suyas y que no miente al declarar que no tiene dinero en el exterior aún retumba en los oídos de los perplejos brasileños. Cunha afirmó que el dinero es propiedad de un trust, una entidad jurídica que gestiona su patrimonio, y que él apenas era un beneficiario de esos millones, pero nunca su dueño.