De los cien días y enojos presidenciales

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  • El pasado 28 de agosto, el país escuchó el discurso presidencial al cumplirse los famosos y arbitrarios cien días de gobierno. Si bien es cierto nadie sabe por qué se da un plazo de tregua de cien días y que tampoco se puede esperar que en cien días un gobierno haga el trabajo que le toca en cuatro años, sí es cierto que el hecho político fue importante.

Lo fue, no solo porque nunca se había organizado un acto así sino también porque dio un punto de inicio desde donde empieza a trabajar este nuevo gobierno al tiempo que esbozó algunos lineamientos para los próximos años.

Creemos que también sería importante que desde este día, inicie una práctica de rendición de cuentas cercana a la población y que esta cercanía -en distancia- haga dar pasos a otra cercanía -no en distancia- con la gente y los movimientos sociales del país porque hasta ahora, no se ha dado. Felicitaciones Señor Presidente.

A pesar de las felicitaciones, también tenemos que manifestar nuestro asombro por el enojo que nos pareció tuvo el Señor Presidente cuando desde el sector ambiental, se le hizo una pregunta. En la misma se habló de contradicciones que hemos identificado en estos tres meses y de ahí, surgió el enojo diciendo que si no había contradicciones en el equipo de trabajo, sería porque él se llamaría Adolf -lo que fue de muy mal gusto no solo por la referencia sino por tratar de ridiculizar la observación-.

Sabemos que en este, así como en otros gobiernos, ha habido y habrá contradicciones. Pero sí estas contradicciones son graves y conllevan visiones de país distinto, sin tener que cambiarse el nombre y más bien, trabajando por la propuesta de país, el Señor Presidente debería actuar con firmeza para no dejar duda alguna del rumbo escogido. Por ejemplo, si en campaña se dijo que se fortalecería la moratoria contra los transgénicos y ahora no se quiere hacer -por contradicciones a lo interno de su equipo de trabajo-, el Presidente debería actuar para señalar muy bien que la moratoria tiene que ir. No solo porque fue una promesa de campaña sino también porque así, el país transitara por un camino que nos traerá mayor salud y bienestar.

Con seguridad Señor Presidente y con el respeto de siempre, seguiremos señalando esas contradicciones y aquí van algunas otras que desde nuestra organización hemos identificado:

Hablar de un desarrollo que beneficie a todo el país cuando se sigue sin cambio alguno, el paradigma del libre comercio; hablar de contar con un medio ambiente que nos beneficie a todo el país cuando se promueve falsas soluciones al cambio climático como REDD, carbono neutral, mercados de carbono y financiarización de la Naturaleza que además erosiona y debilita los derechos de Pueblos Indígenas y comunidades locales.

El asombro también llegó cuando el Señor Presidente dijo además que había comunidades que querían preservar sus recursos naturales sin compartirlos. A qué se refería el Señor Presidente? O más bien con esta afirmación se refería a la lucha que contra algunos proyectos llevan hoy varias comunidades en todo el país? Porque si es así, lo que debió haber dicho es que a algunas comunidades se les ha impuesto un estilo de desarrollo que nadie pidió: el monocultivo de la piña, la instalación de proyectos hidroeléctricos, la minería, son tan solo tres ejemplos de muchos y muchos, que muestran como se ha venido imponiendo un modelo de desarrollo a la fuerza.

Desde nuestra experiencia organizativa, todas las comunidades comparten y quieren continuar así a pesar de que proyectos denominados como de “desarrollo” vienen a imponer valores y una ética, distinta.

Ojalá Señor Presidente y el enojo que le vimos, ayude a que Usted y su equipo, sin cambiarse el nombre, eliminen esas contradicciones y promuevan en el país, un modelo de desarrollo distinto al imperante.