Hacer memoria no está de más: el pasado de izquierda radical de Johnny Araya

  • Sergio Erick Ardón, autor de estas líneas, fue el máximo dirigente del Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP), una organización de inspiración marxista y de línea radical, que alcanzó su máximo desarrollo en la década de 1970. Ardón recuerda aspectos de la militancia de Johnny Araya (hoy candidato presidencial del PLN) por esa agrupación política. Y lo hace, afirma, porque es importante conocer todas las facetas de una persona que pretende ocupar el máximo puesto de dirección política del país.
Johnny Araya (centro) hace algunas décadas.

Por las calurosas calles de La Habana, en medio de cantos y gritería juvenil, marchaba sudoroso, con el rostro rojo de sol y de emoción, vociferante, de pantalón oscuro, guayabera blanca y un, fuera de lugar, maletín "Sansonite" a la mano. Al verlo pasar al lado de Mario Sancho, este en cambio, vestido de forma pintoresca, con sombrero blanco, ancho, de lona, con rabo de ardilla, no pude dejar de sentirme bien. Ellos dos, palmareños ambos, eran los compañeros que encabezaban, por méritos, a nuestra delegación al Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes que se celebraba por primera vez en tierras americanas. Esa imagen la tengo guardada aquí en la retina, y la sensación de satisfacción que sentí, todavía me hace sonreír. Estoy hablando de Johnny Araya, "Rubén", para nosotros, que era para entonces, uno de nuestros más destacados dirigentes universitarios. Johnny había ingresado al Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP), junto con un nutrido grupo de jóvenes de Palmares. Sin duda la militancia de José Fabio, su hermano, fue un aliciente para dar el paso. Paso que no era fácil, puesto que su familia toda, tenía una larga e importante trayectoria en el PLN. Tanto su hermano mayor, Rolando, como su padre Fabio, que era vice ministro y después fue diputado, y su tío, Luis Alberto Monge, que estuvo en la Constituyente, que fue diputado y que llegaría a ser presidente, y su otro hermano Luis Carlos, que sería a su vez diputado y viceministro, mientras Rolando, que ya había sido diputado, luego fue ministro, Secretario General, y candidato a la presidencia, todos lo querían con ellos, en las filas del partido que tantas oportunidades y ventajas les había dado. Lo veían ahí, haciendo carrera política con la divisa verdiblanca.

Johnny en cambio se rebeló y alentado por José Fabio, optó por un camino diferente. El camino del rechazo a lo que él conocía, y el de involucrarse en la lucha social, desde posiciones radicales, revolucionarias.

Antes de continuar cabe una explicación. Estoy contando esto, que no es cuento, con mi mayor objetividad, y lo hago porque creo que es mi deber. Por encima de cualquier consideración de afecto, hacía la familia Araya Monge, que no lo niego, he tenido, pienso que el hecho de que Johnny aspire a la presidencia, a convertirse en la cabeza de este país, me obliga a contar cosas de su conducta política, de su personalidad, que no tienen por qué ser secretas. Rechazo los compadrazgos y las alcahueterías, la salud política del país exige transparencia, y cualquiera que aspire al cargo principal, pues, doblemente debe ser conocido. 

Como militante Johnny se destacó, cumplió múltiples tareas, y lo hizo bien, con dedicación, todo esto le valió para que fuera nombrado como uno de los compañeros que formábamos el Comité Central del partido, el órgano permanente máximo de decisión. Algunos de los más veteranos lo veíamos, como uno de nuestros mejores cuadros en formación. Tenía limitaciones de conducta personal, muy apegado a ciertas comodidades mundanas, bastante parlanchín, pero eso entendíamos que era corregible. Todos estábamos en ese proceso. 

En la medida en que vamos ganando experiencia y presencia en las luchas populares, en que las cosas en la región se van decantando, y se firman acuerdos de paz, en esa misma medida, se plantea la necesidad de corregir lo que veníamos siendo, una organización semi clandestina de carácter politico militar. Vienen entonces nuevas propuestas, algunos de nosotros pensamos que era necesario ampliar el trabajo político organizativo y dinamizar las luchas reivindicativas, salir de las casas de seguridad, a la calle, a confundirnos con la gente, priorizar ese trabajo sobre el militar, en el entendido que las condiciones habían cambiado. Esto nos divide, otros pensaban que esta nueva corriente era una claudicación. Tuvimos al interior, por tanto, un amplio y enconado debate, entre las dos posiciones encontradas. Johnny estaba ahí, junto a los que defendíamos los cambios. El vivió todo este proceso, incluso fue miembro del equipo que entró a negociar nuestra participación, que no era bien vista por algunos, en la coalición Pueblo Unido, de la que terminó siendo candidato a regidor, resultando electo. También se la asigna la tarea de ser parte, como tesorero, de la cabeza formal del Partido de los Trabajadores, nombre con el que inscribimos para la lucha electoral nuestros colores. Por tanto bien sabía lo que estaba en juego. Las discrepancias internas se agudizan. Nos vemos enfrentados a un congreso para resolver cual curso seguir, los márgenes eran estrechos. Un número mayoritario de militantes apoyaban la nueva línea, pero no eran pocos los que entendían que debíamos mantener la vocación anterior. Incluso en los niveles de dirección había hondas diferencias. Es en esas circunstancias, dramáticas, para nosotros, que recibimos la carta de renuncia de Johnny. No explicaba mayor cosa, solo que reconocía no estar a la altura de las exigencias de su papel como dirigente, y pedía comprensión. Yo fui el designado para hacerlo desistir de su renuncia. Me reuní con él. Le pedí que no nos abandonara en las circunstancias difíciles que vivíamos, que su alejamiento debilitaba a los que empujábamos con la intención de convertir al MRP en una fuerza política más beligerante en la arena nacional. Me escuchó en silencio, respetuosamente, y me pidió tiempo para pensarlo, y dar respuesta, nunca lo hizo.

Nos enteramos que a través de la familia se le había ofrecido un puesto bien remunerado, como gerente de un negocio de un amigo. Después Rolando lo insertó en el PLN, nombrándolo su asesor, finalmente la familia lo había recuperado, y los compadrazgos le abrían el camino de una carrera política "decente", no la locura en que estaba metido. Nosotros aquello lo entendimos como propio de una personalidad débil, falta de consistencia. Fuimos indulgentes.

Pero las cosas no terminaron ahí, su deserción se convertiría en algo parecido a la traición. Publicado de manera destacada apareció en La Nación un escrito firmado por Johnny en el que pedía perdón -¿ a quienes-? por su "inmadurez" al militar "un corto tiempo" (casi 10 años agrego yo) "en las filas del totalitarismo". Decía también que asumía con convicción su nueva militancia en el PLN, "en las filas de la democracia y la libertad". Nosotros, bregando a brazo partido por más democracia y más libertad, por insertarnos en el juego político nacional, con nuestras convicciones intactas, las mismas que él bien conocía y había compartido en tantos memorables momentos, y se nos venía con esto. Una denuncia abierta, coincidente, con lo que se decía que éramos, por los que nos habían perseguido, para bloquearnos el camino. Una puñalada por la espalda, un acto de cobardía. Porque una persona puede pensar diferente, de hoy a mañana, hay gente que lo hace, eso es cuestionable, pero, no es condenable, está en su derecho. Pero atacar a sus compañeros de ayer, de forma trapera, es una conducta inmoral, no está bien, y desnudaba la falta de escrúpulos en que se había caído. Ahí murió Rubén, y nació el Johnny que hemos conocido. El politiquero complaciente, enriquecido, acomodaticio, trepador, sumando su voz al coro de los que se desviven, levantando falsos temores, para que aquí nada significativo cambie.

Comentando con algunos compañeros mi intención de escribir esto, en plena campaña electoral, me decían, que podía entenderse como un intento de golpear su imagen dentro de ese juego politiquero acostumbrado aquí. Pero no, nada de eso, porque estas verdades bien podrían, en cambio, servir para reforzar la confianza que puedan sentir por él quienes lo han instrumentalizado para resguardar sus intereses. A ellos, Johnny no les fallará. Podría más bien atraer hacia él voluntades que de otra manera estarían con Guevara o con Piza.

No ha sido para mí fácil, el decidir escribir este sucinto relato. Lo hago por responsabilidad cívica, pero rencores no hay. Contra Johnny Araya Monge no tengo nada personal, tengo sí otros sentimientos. Pero al Johnny que quiere ser presidente sí lo adverso, no le tengo ni pizca de confianza, en lo que dice, o en lo que promete que hará. Y lo que está en juego no es cualquier cosa, es la suerte de este país, de su gente y eso pesa mucho más que cualquier otra consideración.

En la conducta de las personas, en sus valores íntimos, hay una constante que aflora sin avisar, eso me lo ha enseñado la vida.