• Análisis de coyuntura político - electoral

Fabricio Alvarado y el nuevo “dream team” económico

Por Esteban Arias (*). Por el perfil político-ideológico de su equipo económico, Restauración Nacional contradice las esperanzas y necesidades de la mayor parte de sus simpatizantes y, en caso de ganar en abril, es probable que traicione de inmediato a su base electoral, con un equipo económico que profundice la estrategia neoliberal y las políticas de desposesión. 

El candidato presidencial del partido Restauración Nacional, Fabricio Alvarado, no ha llegado a la presidencia y ya traicionó a sus votantes en dos sentidos. El primero de ellos se refiere al giro radical en torno a su –inviable y torpe- propuesta de salirse de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Esto no es menor, ya que dicha postura fue la bandera electoral que catapultó su primer lugar en la primera ronda y lo hizo pasar de invisible a presidenciable.

El segundo, y quizás menos evidente o “camuflable” bajo el velo discursivo ante el electorado, es su equipo económico. Este grupo de empresarios y tecnócratas monetaristas ‘dogmáticos’, muchos de ellos formuladores directos de un modelo de acumulación que ha propiciado la injusticia social (ergo la violencia, corrupción, etc), siempre han representado los sectores más radicales de las élites “poderosas” del país. Son de esos a los que les es “más fácil pasar por el ojo de una aguja”, antes que desprenderse de su posición de clase y los costos que implican los privilegios del capital para la sociedad en su conjunto.

En otras palabras, por el perfil político-ideológico de su equipo económico, Restauración Nacional contradice las esperanzas y necesidades de la mayor parte de sus simpatizantes. De ganar en abril, es probable que traicione de inmediato a su base electoral, con un “dream team” económico que profundice la estrategia neoliberal, con las políticas de desposesión que han hecho del país uno de los pocos donde la pobreza no decrece y la desigualdad social aumenta en lugar de reducirse.

Gran parte de los personajes que lo acompañarán han sido los gestores de una economía que ha contribuido a que los pobres y las zonas rurales costeras se mantengan en la exclusión y la marginalidad. Los “olvidados de la tierra” son los menos representados en las pretensiones político-económicas de Fabricio Alvarado. Además de eso, muchos de esos personajes tienen más peso político que el mismo candidato; sólo entre Luis Mesalles y Alfredo Volio son capaces de dirigir a gusto un gabinete ministerial y dejar al presidente en segundo plano, tanto por capacidad como por el respaldo de los (mal-llamados) grupos fácticos del empresariado.

El primero de ellos, Luis Mesalles, de formación económica, fue uno de los principales lobbystas de la Unión Costarricense de Cámaras y Asociaciones del Sector Empresarial Privado (UCCAEP) durante años. Ha sido tesorero y vicepresidente de ésta; es uno de los hayekianos (defensores del liberalismo de Friedrich Hayek), criollos que más insistentemente ha reclamado a favor de la profundización de las reformas de mercado y la disminución del rol del Estado costarricense. Mesalles formó parte de la junta directiva del Banco Central en los años de Abel Pacheco, cuando el presidente de dicha institución era Francisco “Chico” de Paula Gutiérrez, otro economista de los grupos de poder del país. Además, fue presidente de Academia de Centroamérica, uno de esos “think tanks” que han colonizado en las últimas cuatro décadas la gestión de la política económica del Estado, y corresponsable de sus éxitos (para una minoría) y fracasos (para la mayoría). Es también miembro de la consultora Ecoanálisis, donde se reúnen otros tecnócratas como Edna Camacho y Thelmo Vargas. Similar currículum presenta Norberto Zúñiga en cuanto a su vínculo compartido con Academia de Centroamérica, Ecoanálisis y el Banco Central.

El peso de la UCCAEP y de las cámaras empresariales en el equipo de Alvarado no se reduce a los señalados anteriormente. Ronald Jiménez, presidente de la empresa CODISA, fue presidente de la UCCAEP entre el 2014-2016, por lo que compartió con Luis Mesalles y Rubén Pacheco. Además, fue presidente de Acograce, desde donde criticó fuertemente al ICE -algo que mantuvo dentro de su agenda gremial en la UCCAEP- y fue fundador de la Cámara de Tecnologías de Información y Comunicación (CAMTIC), donde compartió con el actual Ministro de Comercio Alexander Mora. Tanto Jiménez como Mesalles se opusieron abiertamente a la creación de una base de datos de accionistas que posibilitaba conocer los beneficiarios finales de empresas y sociedades anónimas, en aras de combatir la mayor causa del déficit fiscal, como lo es la evasión. Otro exmiembro de la UCCAEP es Gerardo Corrales, quien además de haber sido gerente general del BAC San José, estuvo 10 años como director de la cúpula empresarial. Hace unos años figuraba como una posible ficha del arismo liberacionista frente a José María Figueres; pero terminó apoyando y siendo parte del comité de finanzas de Antonio Álvarez Desanti, junto a otros líderes empresariales verdiblancos, como Luis Liberman (ex vicepresidente de Laura Chinchilla) y Marco Vinicio Ruiz (ex ministro COMEX con Arias).

Por otro lado, está una figura tradicional de la “oligarquía” costarricense como Alfredo Volio. Muchos lo recordarán como el ministro de la producción del gabinete de Óscar Arias y el rostro principal de la Coalición del Sí al TLC en el 2007. También fue presidente de la junta directiva general del Banco Nacionalentre el 2010 y el 2014. Sus vínculos empresariales son diversos; pero es más llamativo su rol como empresario y ferviente defensor de uno de los monocultivos más dañinos ambientalmente, como lo es la piña. Este “agronegocio” ha sido uno de los ejes de acumulación privilegiado por las distintas administraciones gubernamentales que se han hecho de la vista gorda ante los abusos laborales y ambientales de este sector, del cual Volio es uno de sus principales representantes, a través de CANAPEP. Sin duda, tanto Mesalles como Volio son las fichas más fuertes de este nuevo “dream team” económico que representa a los habituales grupos poderosos.

Rubén Pacheco también es un viejo conocido para quienes estudiamos los vínculos político-empresariales. Ha sido presidente de la Cámara de Turismo y de la Cámara de Hoteles. Dentro de la UCCAEP fue directivo y recientemente fue tesorero en el mismo periodo que Luis Mesalles y Ronald Jiménez y figuró como ministro de turismo de la administración de Abel Pacheco.

Luego de su salida como ministro, Rubén Pacheco fundó el grupo Enjoy Group, que “se dedica al desarrollo y/o administración de hoteles, restaurantes, casinos y proyectos turísticos en Costa Rica y América Central”, según su página web. Por cierto, ¿No es cierto que los juegos de azar y los casinos son antros de perdición para los conservadores religiosos? Tal parece que la moral de Fabricio y su partido es flexible ante el dios dinero, a pesar de ser inflexible contra la comunidad LGTBI. Su hijo y socio en Enjoy Group, Javier Pacheco, también forma parte del aclamado equipo.

Otros representantes del mismo sector son Gustavo Araya y Rodrigo Valverde. Araya fue ex presidente de la Cámara de Hoteles, luego de la gestión de Rubén Pacheco, y ha sido vicepresidente de la Cámara de Turismo, desde donde constantemente ha criticado al gobierno del PAC. En suma, ha sido uno de los lobbystas del sector empresarial turístico en los últimos años, que ha buscado más beneficios particulares. Asimismo, Araya es el representante de la empresa administradora del Balneario de Puntarenas, que ha tenido conflictos, tanto con la Municipalidad, como con las autoridades de salud, por la gestión financiera y sanitaria. Por su parte, Rodrigo Valverde es fundador de la empresa “familiar” Sky Adventures, que opera en Monteverde. Vale señalar que el Instituto Costarricense de Turismo (ICT) siempre se reparte a representantes de los empresarios hoteleros y turísticos como un pacto de confianza entre el gobierno y el poder empresarial; quizás por eso el ministro de turismo juega un rol, menos de gobernanza del sector, y más de marketing. Además, es otro grupo “protegido” por los gobiernos, que no dudan en ‘inyectarles’ dinero cuando atraviesan dificultades económicas, sin importar el gasto en que incurren. Pero en este caso, es clara la sobre-representación de empresarios del turismo dentro del equipo de RN.

Otro nombre que sobresale es el del Ex Ministro de Hacienda de la administración de Laura Chinchilla, harto conocido, Edgar Ayales. No se debe olvidar que la administración Chinchilla es corresponsable de la situación fiscal actual. Durante dicho gobierno y bajo la conducción del ex ministro Fernando Herrero, el balance fiscal se mantuvo sin cambios radicales (“nadado de perro”). Fue en los dos últimos años que se evidenció un desequilibrio en las finanzas públicas, bajo la gestión del entonces ministro Ayales, y éste cerró con casi un 6% de déficit fiscal. Como mínimo, esto es una contradicción, tanto de Fabricio como del discurso que Edgar Ayales mantiene actualmente, y no dice muchas cosas a su favor sobre su experiencia en el manejo hacendario del Estado (¿Por sus frutos los conoceréis?). Mesalles, Corrales y Ayales fueron parte del equipo de trabajo del excandidato presidencial Antonio Álvarez Desanti. Entre otros exliberacionistas también se menciona a Marvin Rodríguez, ex ministro del Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC), quien se opuso a la regulación de los precios de medicinas. La nómina es completada por una serie de consultores independientes e internacionales, que dan sus primeros pasos en la política.

El grupo económico que presentó Fabricio Alvarado tienen una unidad ideológica en torno a la misma estrategia de acumulación neoliberal con resultados mediocres en lo económico y aflictivos en lo social. Pero también comparten su visión en torno a la reforma del Estado, lo que asegura un gobierno típico de austeridad, a pesar de la sobrada evidencia de sus consecuencias negativas. Los principales personajes son fiel expresión de los grupos dominantes que se reproducen en y por el Estado, con exclusión de los intereses de los sectores populares, y que han gestionado la política económica por décadas. Se puede decir que en esto no hay inconsistencia, ya que el pequeño programa de gobierno que presentó Fabricio Alvarado delineaba su conformidad con el estatus quo de la política económica del país, y la crítica al gobierno del PAC es por no continuarla con la misma intensidad que sus predecesores. Fabricio no tiene nada que perder y sí mucho qué ganar. Los resultados en febrero pasado fueron un triunfo y aseguran un capital político envidiable para cualquier otro partido minoritario en los próximos cuatro años, independientemente de lo que suceda en segunda ronda. Por eso no le cuesta torcer el brazo frente a los sectores poderosos.

Al respecto se pueden arrojar varias hipótesis; yo extraigo tres. La primera es que su cambio en la postura sobre la CIDH se hizo para recibir el apoyo de este nuevo “dream team” de tecnócratas, con el beneplácito y la intercesión de expresidentes. La segunda, y académicamente relevante, es la confirmación de que las redes (neo) corporativas que han gestionado la política económica (monetaria, fiscal, comercial, etc.) en las últimas décadas son suprapartidarias y se entremezclan con los distintos gobiernos, independientemente de la bandera política. Para el conjunto de la ciudadanía esto pasa desapercibido e incluso se naturaliza; pero como estrategia política asegura la continuidad de quienes son directamente responsables de la gobernanza económica del Estado. La tercera es que, de ganar Fabricio, el verdadero control del gabinete estaría en los pesos pesados mencionados anteriormente, tal como sucedió con el “dream team” de Abel Pacheco. El giro radical en posturas que aparentaban ser inflexibles evidencia que el candidato conservador haría cualquier cosa por no asustar a los peces gordos que manejan la política. Cuarto, será interesante ver cuál será la reacción de las empresas de comunicación (La Nación, CRhoy, etc.) que hasta ahora han sido críticas del candidato “conservador”; pero es probable que ahora atenúen su discurso.

De esta forma, Fabricio y RN se inclinan por una vía económica que es la responsable del empobrecimiento y la falta de oportunidades de aquellos sectores que lo han votado mayoritariamente y del déficit fiscal que hoy enfrenta al país. Esto sin olvidar la creciente desigualdad social, que es una olla de presión para futuros problemas sociales que apenas estamos por ver. En su defensa, se podría decir que al menos en esto no difiere de Carlos Alvarado y el Partido Acción Ciudadana (PAC), que tampoco se ha distanciado lo suficiente de la trayectoria económica del país y también ha continuado -aunque más tenuemente- con las políticas que están en el fondo de la ruptura del tejido social y económico costarricense y, como consecuencia, la tendencia al deterioro de las condiciones de convivencia. El PAC siempre se ha alimentado electoralmente de las luchas populares y democráticas; pero su propuesta es timorata para trastornar los hilos del poder en Costa Rica o las inercias institucionales que les favorecen. De hecho, están lejos de los gobiernos “progresistas” más conservadores de la región, si es que se pretenden “progres”. Con este escenario, las élites económicas y políticas se seguirán reproduciendo entre sí, aunque con un claro favorito.

(* Msc. Esteban Arias Sociólogo y politólogo)