La investigación es realizada por un equipo de la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad Nacional (EMV-UNA), dirigido por Gaby Dolz e integrado por Andrea Urbina y Marco Herrera, con la ayuda de tres estudiantes, Vanessa Madrigal, Milena Argüello y Nineth Mendoza, quienes elaboran una tesis de maestría en enfermedades tropicales.

La enfermedad de Chagas es una infección mortal causada por el parásito Trypanosoma cruzi, el cual se encuentra en 21 países de América Latina. El agente transmisor (o vector) del parásito es un insecto conocido en nuestro país como “chinche bebe sangre”, cuyo nombre científico es Triatoma dimidiata.

Según la Organización Mundial de la Salud, los síntomas de la enfermedad pueden ser fiebre, dolor de cabeza, agrandamiento de ganglios linfáticos, palidez, dolores musculares, dificultad para respirar, hinchazón y dolor abdominal o torácico en la fase aguda y trastornos cardiacos, así como alteraciones digestivas (típicamente, agrandamiento del esófago o del colon), neurológicas o mixtas en la fase crónica.

“El objetivo (del estudio) es tomar las medidas oportunas de control y prevención mediante la capacitación a los pobladores de los sitios donde se albergan y reproducen los chinches, sobre temas como el adecuado manejo ambiental y el riesgo de exposición de las personas y animales a la transmisión del parásito, mediante el chinche”, indica un comunicado de la UNA.

El estudio inició desde enero de 2015 debido al interés del área de salud de San Rafael de Heredia de investigar la enfermedad de Chagas en Getsemaní.

Los investigadores de la UNA enviaron sus resultados a Equipos Básicos de Atención Integral de la Salud (Ebais) respectivo y al Instituto Costarricense de Investigación y Enseñanza en Nutrición y Salud (Inciensa) para que en aquellas casas donde se encontrara la presencia del parásito, las personas fueran debidamente examinadas.

Riesgo en humanos

Milena Argüello, integrantes del equipo, comentó que el vector (el chinche) se encuentra a menos de 1.600 metros sobre el nivel del mar y las especies adultas, a menudo, vuelan de zonas boscosas a las viviendas.

Si las condiciones son favorables, los insectos se adaptan y reproducen en sitios donde haya acumulaciones de leña, depósitos de materiales abandonados y otros sitios creados por el ser humano, cercanos a la vivienda.

Andrea Urbina acotó que en humanos la enfermedad puede ocurrir de dos formas: aguda y crónica. La aguda se caracteriza por síntomas leves similares a un resfriado o pueden estar ausentes.

En la mitad de los casos, suele inflamarse el sitio de entrada del parásito, a la vez en personas expuestas puede presentarse una inflamación en los ojos conocida como signo de Romaña. Esta fase dura alrededor de dos meses, cuando el agente está en la sangre.

Sin tratamiento, los casos agudos pasan a la fase crónica para la cual no hay tratamiento eficaz. Los casos crónicos pueden desarrollarse en 20 ó 30 años y es cuando el parásito se aloja en el corazón y provocar problemas cardiacos.

Manejo ambiental

Con el fin de concientizar a la población de Getsemaní sobre la enfermedad de Chagas, los investigadores a cargo del proyecto visitarán de nuevo las casas seleccionadas para informar a las familias sobre la importancia del manejo ambiental de las viviendas, así como sobre la tenencia responsable de mascotas.

Tales previsiones incluyen la forma de alimentar a las mascotas, la higiene de los espacios domésticos incluida la estancia del animal, el control de parásitos externos como pulgas y garrapatas, la desparasitación, la vacunación periódica, el tratamiento de infecciones y heridas, y manejo del animal en áreas públicas.

En la vivienda, los especialistas recomiendan un manejo integral del ambiente, limpieza donde se almacenan objetos, así como cambios y reparaciones en las viviendas, lo cual resulta más efectivo que la fumigación o matar al insecto. De igual forma, evitar que los niños y mascotas estén en contacto con los chinches.