Jan Martínez Ahrens

Trump logra negociación del TLC con México y Canadá con la amenaza de romperlo.

Donald Trump ha vuelto a rectificarse a sí mismo. Tras dos años fustigando el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el presidente de EEUU ha dado marcha atrás y ha decidido renegociarlo con Canadá y México. La decisión de mantener con vida un acuerdo que llegó a calificar como “el peor de la historia” supone una derrota del Trump más nacionalista y xenófobo. Como ya ocurriera con China, la OTAN o Siria, el viraje exhibe la endeblez de su discurso electoral.

La Casa Blanca se puso este miércoles a batir tambores. Con el tono de las grandes ocasiones, la administración de Donald Trump presentó lo que denominó “la mayor reforma fiscal de la historia”. Una promesa electoral destinada a desatar la euforia de sus votantes y restañar las heridas sufridas por el presidente en sus casi 100 días de mandato.

La trama rusa tiene un eslabón débil. El teniente general Michael Flynn está otra vez en la diana tras descubrirse que en febrero pasado, cuando aún era consejero de Seguridad Nacional, silenció en su declaración de bienes los pagos que había recibido por parte de empresas rusas.

Donald Trump ha fracasado. El gran negociador, el dealmaker, el hombre que todo lo puede, ha sufrido de la mano de su propio partido la mayor humillación de su corta presidencia. Su reforma sanitaria ha sido retirada después de que su votación en la Cámara de Representantes fuera suspendida in extremis ante la constatación de que no iba a lograr la mayoría suficiente.

La reforma sanitaria de Donald Trump se ha quitado la careta. Su aplicación supondría que 14 millones de personas quedarían sin seguro médico el año próximo y hasta 24 millones en una década. Este machetazo a la población más vulnerable permitiría una reducción del déficit de 337.000 millones de dólares en 10 años.

Trump no se da por vencido e insiste en veto migratorio.

Nada detiene a Donald Trump. Ni los tribunales ni las protestas ni el clamor internacional. El presidente de EEUU volvió a la carga y ha ordenado impedir durante 90 días la concesión de visados a ciudadanos de seis países de mayoría musulmana (Irán, Libia, Somalia, Siria, Sudán y Yemen). 

El fiscal Jeff Sessions mintió al jurar no haber tenido contacto con los rusos.

El escándalo ruso tiene cercado a Donald Trump. El descubrimiento de que el fiscal general, Jeff Sessions, ocultó al Senado que en pleno ciberataque del Kremlin había hablado con el embajador ruso ha abierto una espiral incontrolable para la Casa Blanca. La cúpula del Partido Demócrata ha pedido su inmediata renuncia “por mentir bajo juramento”, numerosos republicanos exigen que se recuse e incluso el líder del Congreso, el conservador Paul Ryan, ha reconocido que debe apartarse de las investigaciones si estas recaen sobre él. A esta oleada, el comité de inteligencia de la Cámara de Representantes añadió la apertura de sus propias pesquisas sobre la conexión rusa. Haciendo caso omiso a este clamor, el presidente expresó "su total confianza" en Sessions.

"Tenemos que estar al frente de la manada", afirma Trump.

Llegan tiempos marciales. El presidente de Estados Unidos ha decidido poner en marcha el mayor rearme en una década y ha ordenado elaborar un presupuesto con un incremento de 54.000 millones de dólares (9,3%) en los gastos de defensa.

Scott Pruitt, nuevo jefe de la EPA.

Scott Pruitt es lo más parecido a un caballo de Troya. Nunca ha creído que el hombre sea el causante del cambio climático, siempre ha defendido las industrias más contaminantes y, como fiscal general en Oklahoma, demandó 14 veces a la Agencia de Protección Ambiental (EPA). Todo ello le hizo, a los ojos de Donald Trump, el candidato perfecto para dirigir la misma EPA. Un cargo que ocupó hace solo una semana y donde ya le ha estallado un escándalo: miles de emails que revelan su connivencia e incluso subordinación con la industria petrolera y eléctrica.

Steve Bannon, el poder en la sombra en Washington.

El nuevo orden necesita patriotas. Donald Trump ha vencido pero no se puede bajar la guardia. Es la hora del combate. En su primera aparición pública desde la investidura, Steve Bannon, el estratega jefe de la Casa Blanca, el poder oscuro, el extremista al que se atribuye una influencia absoluta sobre el presidente de Estados Unidos apeló al discurso del miedo para “desmontar el sistema” y defender su vertiginosa agenda nacionalista. “Si pensáis que os van a dar vuestro país de vuelta sin luchar, estáis tristemente equivocados. ¡Todos los días habrá que luchar!”, arengó.

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